Tony Vaccaro
(1922)
Es
preciso dejar ser al palpitar de la vida como poder que imprime una peculiar
formatividad al lugar.
Si se
cumpliera con este empoderamiento, la vida humana podría dejar de escabullirse
en los entresijos de la arquitectura materialmente conformada, para resultar
una emergencia triunfante, feliz y liberadora. Pero esta emergencia sólo se
conseguiría a costas de unas condiciones sociales, económicas y políticas
proclives a ello. Porque el empoderamiento del palpitar de la vida no es, de
modo alguno, un problema apenas técnico arquitectónico sino político.
Micropolítico.

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