Abbey Drucker
(1987)
A los
seres humanos nos encanta jugar.
Tanto
nos gusta el juego que nadie es capaz de concebir el mínimo gesto, por nimio
que pueda parecer, que pueda realizarse sino con observancia relativa de una
regla, con una prescripción del modo aceptable de realizarlo. Todo cuanto
hacemos, queremos hacerlo como es debido.
Y las cosas hacederas del mundo tienen siempre una exhaustiva enumeración,
explícita y tácita de regulaciones que la vuelven ya aceptables, ya
inapropiadas, dentro o fuera de los vastos territorios del omnipresente juego
de ser humanos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario