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Prácticas sociales y patologías del habitar


Karin Rosenthal (1945)

En efecto, es significativo que de los sueños de los sujetos apenas si se consigan unas consecuciones traidoras y desiguales, estafas sociales, defraudaciones que nos pueblan las vigilias. Así nos situamos, postrados, incapaces de erguirnos sobre nuestros pies y de hacernos cargo de la construcción histórica de nuestra condición de habitantes del mundo que poblamos.
¿O será que toda práctica social estribe en un soterramiento relativo del deseo en oposición pertinaz con una consecución material y efectiva?

Hacerse un lugar


Mario De Biasi, (1923-2013)

Esto de hacerse uno su lugar implica, de suyo, un hacer social, una realización de vida, una factura existencial y un gesto tan inaugural como apropiador. Con ello, se consigna una intrínseca complejidad y compromiso vital a la vez que se menciona una labor morosa desarrollada en el campo habitado, territorio en disputa y en concierto sociales. Este hacerse un lugar es el proceso que debe ser comprendido en toda su hondura y compromiso para comprender en dónde arraiga el fondo de toda demanda de acondicionamiento arquitectónico en primera persona.

Luchas por el territorio


Mario De Biasi, (1923-2013)

En los territorios habitados, más allá de un orden impuesto por el poder político, existe un escenario de luchas, no siempre sosegadas, por ganarse un lugar en un orden de disponibilidades que, si bien nunca es abierto de modo absoluto, tampoco es hermético. Habitar los territorios es, para muchos, un continuo proceso de entremeterse de los sujetos y sus actividades en los entresijos de los lugares habitados hasta dar con el enclave oportuno a sus intereses y expectativas.
A fuerza de codazos a diestra y siniestra, los sujetos se hacen propios y apropiados sus territorios.

La lucha por la ciudad


La lucha por una intimidad protegida se complementa con una estratégica lucha por un lugar en la ciudad.
Es que la ciudad no está abierta, disponible y hospitalaria per se, sino que los urbanitas deben aplicar no poco trabajo para su apertura, adentramiento y población. La condición de urbanita es una conquista de los sujetos, no algo con lo que se nazca. La conciencia al respecto es aún una novedad y por ello a la reivindicación tradicional del derecho a la vivienda le sigue ahora la entrevisión del derecho a la ciudad. Sólo ahora que la ciudad se nos revela extraña, progresivamente privatizada y discriminadora es que nos damos cuenta que nos pasamos la vida entera luchando por encontrar un lugar propio en la ciudad que habitamos. Lo que ha sucedido es que la conquista de lugares de estudio, trabajo y amenidad se nos ha superpuesto con la dura lucha por la existencia, toda vez que hemos soslayado el carácter concreto y localizado de este afán.

La lucha por el techo


Mario De Biasi, (1923-2013)

El imperio del realismo convierte esta entrañable iniciativa en una obstinada lucha por un techo. Un techo, en este caso, es la sinécdoque de un deseo de amparo fundamental. El más precario de los alojamientos, la choza más humilde, la habitación más modesta son las prefiguraciones idealizadas de un deseo de hacerse de un lugar íntimo y resguardado. Luego será asunto de la peripecia social y económica el conjunto de pormenores en donde el núcleo originario de la intimidad protegida devenga eso que aún acostumbramos a llamar casa. En efecto, sólo con el tiempo vivido, la casa irá construyendo memoria, presente y futuro alrededor de este sueño fundamental. ¿Hasta qué punto las casas que hoy habitamos conservan en su seno esa oscura almendra del deseo de aquel entonces?

Movilización



Llamamos iniciativa al impulso dirigido a marchar en una dirección y sentido cuando a la tarea de anhelar le sigue la movilización. El primer paso es, con mucho, el más arduo, pues implica abandonar el reposo para ganar movimiento. Este primer paso, entonces, debe dirigirse hacia una meta intermedia, a un objetivo relativamente más alcanzable. ¿Cómo administrar la proporción entre las magnitudes entre la posición inicial, las metas intermedias y los sueños? Esto es tarea de toda la vida.
Marchar es necesario.

De qué hablamos cuando hablamos de actividad social de producción


Beaumont Newhall

Hablamos, en todo caso, de pasiones socialmente concertadas, de vidas estremecidas por el padecimiento de habitar como exiliados del Paraíso, de existencias que siempre buscan una ventana para contemplar lo que se recorta en el horizonte y lo que de este parece emerger. Hablamos de lenguajes sobreentendidos, de deseos sólo a medias formulados, de conatos de acción. Hablamos de sueños, sí, pero de realidades otras que un día serán a su turno negadas. Hablamos de proyectos, de diseño minucioso de utopías y también de heridas en lo real por obra de golpes de signos de lo que vendrá. Hablamos de construcciones demoledoras y constructos fértiles. Hablamos de la vida reflejada en las sombras del lugar. Hablamos de este condenado mundo nuestro, del que nos tenemos que hacer cargo.

El concepto de pasión


Lotte Jacobi

Aquello que sufrimos es una pasión. Pero, por otro lado, lo que nos impulsa apetitivamente a algo, lo que mueve nuestro ánimo para hacer las más diversas cosas, también es una pasión. Porque el doble significado refiere al hilvanado interno de la propia vida, la que puede ser tanto entendida como el resultado esforzado de un impulso vital, así como puede verse, retrospectivamente, como la hechura fatal del destino. Así es que se ve la pasión, así es que se ve la vida
Hablar de la pasión, en este contexto, es mentar la combustión interna de la vida y, al hacerlo, tener la oportunidad de observar cómo la vida humana del habitante se involucra en forma total con la arquitectura. Mucho más allá de lo que lo hacen los propios arquitectos, que apenas animan un conjunto limitado de aspectos.

Pasiones de la implementación


Lewis Hine (1874-1940)

Desde ya, es forzoso considerar que la implementación habitable implica una pasión de vida que es mucho más profunda, amplia y entrañable que la pura operación de una máquina de habitar. También forzoso es considerar que la implementación habitable es mucho más compleja y rica que un mero servirse de un artefacto útil. Es forzoso considerar, entonces, que la pasión habitable consuma el lugar, porque proyecta sobre éste toda su carga de identidad y referencia con la que la vida cobra sentido precisamente allí y en ese entonces. La pasión habitable hace del tener ésta su lugar una implementación radical, constituyente y absoluta.