La
lucha por una intimidad protegida se complementa con una estratégica lucha por
un lugar en la ciudad.
Es
que la ciudad no está abierta, disponible y hospitalaria per se, sino
que los urbanitas deben aplicar no poco trabajo para su apertura, adentramiento
y población. La condición de urbanita es una conquista de los sujetos, no algo
con lo que se nazca. La conciencia al respecto es aún una novedad y por ello a
la reivindicación tradicional del derecho a la vivienda le sigue ahora la
entrevisión del derecho a la ciudad. Sólo ahora que la ciudad se nos revela
extraña, progresivamente privatizada y discriminadora es que nos damos cuenta
que nos pasamos la vida entera luchando por encontrar un lugar propio en la
ciudad que habitamos. Lo que ha sucedido es que la conquista de lugares de
estudio, trabajo y amenidad se nos ha superpuesto con la dura lucha por la
existencia, toda vez que hemos soslayado el carácter concreto y localizado de
este afán.

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