Adecuación


Henri Cartier Bresson (1908-2004)

El primero de estos lugares adecuados lo constituye la vivienda, pero no es el único. El vecindario, la ciudad y el territorio, en cada una de sus diferentes escalas e instancias, debe ofrecer a todos una condigna adecuación. Por ello, la adecuación es exigible socialmente, de la misma forma que su consecución tiene también un carácter social y comunitario insoslayables. Como es fácil de comprender, sólo un orden jurídico, político, económico, cultural y social diferente al actual puede encarnar esta consigna.
Por tal orden social es preciso luchar.

La hospitalidad de hacer lugar


Henri Cartier Bresson (1908-2004)


Así, unas ciertas condiciones sociales y culturales se vuelven propicias para celebrar un pacto entre las personas y el lugar habitado. Un contrato social de habitación. Esta porción virtuosa de la humanidad puede celebrar el resplandor de su condición situada.
¿Cómo es que nuestra ciudad y nuestra sociedad no muestran nada de tal idílico aspecto? ¿Cómo hemos permitido que nuestra ciudad y su comunidad residente resulten tan inhóspitas para los niños, los pobres y los diferentes? ¿Cómo es que no nos permitimos la oportunidad de desarrollar un ánimo equitativo y de ejercer efectivamente un genérico principio de igualdad humana?
En verdad, no hemos sabido construir las condiciones políticas, sociales, económicas y culturales para que los lugares que poblamos en la actualidad lleguen a ser, por su propia virtud, hospitalarios. Así nos va.

La equidad en la teoría del habitar


Henri Cartier Bresson (1908-2004)

La equidad, entonces, es una actitud sociopolítica dirigida por el principio de igualdad que combate activamente toda forma de desigualdad social en pos de proveer a cada persona de aquello a lo que tiene efectivo y reconocido derecho. La equidad, en el frente ético de la Teoría del Habitar, es la actitud que lucha por la adecuación de las cosas de vivir, de la arquitectura de los lugares y del escenario ciudadano a las diversas solicitaciones subjetivas de los habitantes.
A cada cual, lo que merece, según su constitución humana, digna y decorosa. Tal la consigna de acción ética, económica y política.

El principio de la igualdad


Henri Cartier Bresson (1908-2004)

Somos iguales como seres humanos, somos iguales como seres situados, somos iguales en dignidad específica. Sin embargo, todo orden político, social y económico que la humanidad ha conocido a lo largo de su sufrida historia ha resultado el sostenedor de hirientes desigualdades jurídicas, políticas, sociales y, sobre todo, económicas y culturales.
Ha corrido sangre para que, al final, se considere razonable la casi igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, lo que no es poco, pero nada suficiente. La equiparación de todos los ciudadanos en derechos y obligaciones tiene aún un largo camino por recorrer, encontrándose por aquí y por allá con las más despiadadas desigualdades falazmente naturalizadas.
Es por ello por lo que la ética de la Teoría del Habitar debe comenzar por munirse de un principio de igualdad que obre como herramienta estratégica para erigirse digna de la condición humana que inviste.

El sentido del detalle en la arquitectura del lugar


Denis Roche (1937-2015)

Existe una dificultada añadida: "hacer una habitación" requiere de energías que no pueden ser aportadas, en exclusiva, por el arquitecto o por el habitante. La habitación es un lugar intermedio entre ambos. Se nutre de dos universos imaginativos y de los objetos que contiene. Así pues, es un lugar de encuentro y de cesión. Es un lugar intermedio, que no está formado por un listado de propiedades, paredes o cuerpos, sino que es precisamente lo que los mantiene unidos.
Santiago de Molina, 2020

De momento, de su efectiva constitución sólo podemos atisbar detalles, indicios, síntomas. Estos tienen lugar allí en donde el habitar roza las cosas de vivir y cuando tenemos la sabiduría, la prudencia y también la sensibilidad en concurrencia para percibir estos tenues fulgores reveladores. Ya llegará el día en que nuestra conciencia podrá dar cuenta cabal de la estructura de propiedades, situaciones y escenarios que conforman de modo efectivo la arquitectura vivida.
El sentido del detalle en la arquitectura del lugar es el umbral que deberemos trasponer para siempre para saber del esplendor de la buena vida en el escenario que la hace posible. Pero antes deberemos rumiar mucho las ideas, nociones y conceptos hospitalarios para recibir en su seno toda la profunda complejidad de la vida situada.

Síntomas de vida decorosa


Denis Roche (1937-2015)

Es forzoso partir del punto de que el mundo, en sí, no es ninguna maravilla y, sin embargo, hace lugar, aquí y allá, a ciertos prodigios que sería en verdad imperdonable pasar por alto. Nuestros sentidos no son pasivos receptores de lo que nos llega apenas a pasar, sino operan como espías aplicados que escudriñan el entorno. Es preciso, por tanto, prestar atención a las más variadas manifestaciones de las cosas y situaciones que nos rodean para procurarnos la consumación sensible de todo aquello que merezca percibirse.
Pero la percepción es apenas una cara de la moneda. Por otro lado, queda la producción positiva del decoro que debe ampararnos.
La arquitectura del lugar es, por ello, el resultado sintético superior del aunamiento de las sensaciones profundas con la producción y arreglo decoroso de las cosas de vivir. Tenemos derecho a tal decoro, así como se nos impone el deber de consumarlo.

Síntomas de la buena vida


Denis Roche (1937-2015)

Para revelar ciertos detalles sintomáticos de la arquitectura del lugar, por otra parte, es preciso cultivar y poblar una buena vida.
Aquí la perspectiva propiciadora es ética y complementaria a la cognoscitiva de la que antes se ha hecho mención. Una buena vida es –a estos efectos, al menos– aquella que abre paso a una apacible felicidad, a una sencilla plenitud, a un sereno goce de todo aquello que a la vida le es grato. No supone esto ningún privilegio exclusivo, ninguna prerrogativa conseguida con la deprivación ajena, ni menos una abusiva objetivación de cualquier otro sujeto. La buena vida no explota recursos; los cultiva. La buena vida no extrae bienes; antes los produce. La buena vida no aniquila contrariedades; forja herramientas de trabajo.
Una buena vida así concebida es una vida que podrá comprobar, de suyo, cómo su propia proyección ética sobre las cosas logra iluminarlas con una emanación perceptible que modela a estas precisamente como cosas buenas para vivir con ellas. Porque la virtud de la arquitectura del lugar es la honra de la vida que allí respira.

Síntomas del saber vivir


Denis Roche (1937-2015)

Saber vivir, en el sentido que aquí se quiere cultivar, consiste en proyectar todas y cada una de las instancias sensibles de la existencia sobre las cosas que nos rodean, de tal modo que cada una quede iluminada con el fulgor de la atención acechante. De tal modo, es la propia vida que roza las cosas y las pule de tal modo que sus superficies revelan, como espejos, aquella constitución efectiva en el lugar.
Así, el conocimiento cabal de los síntomas de la arquitectura del lugar es la emergencia de la plenitud habitual de la vida, fruto de una honda cotidianidad henchida de sentido.

Detalles sintomáticos


Denis Roche (1937-2015)

Puede creerse que, en el estadio embrionario de nuestra actual situación cognoscitiva al respecto, la realidad efectiva de la constitución de la arquitectura del lugar sólo nos permita vislumbrar, aquí y allá, destellos de su manifestación. Por eso, es preciso considerarlos, de momento, como detalles. Y son detalles sintomáticos, ya que sólo un cuidadoso, sistemático y esforzado aunamiento de percepciones podrá, algún día, revelar toda la magnificencia de la arquitectura del lugar. Cuando ésta se perciba, comprenda y deguste en tanto tal.