Karel Teige
(1900-1951)
Aristóteles
El imperativo ético de habitar bien es
apenas un aspecto particular del imperativo humano de la buena vida.
Sobre qué sea la buena vida pueden
tejerse hipótesis de pormenor descriptivo. Pero lo cierto es que sólo una vida
plena de humanidad consumada puede considerarse, en todo caso, una buena vida.
Puede sospecharse, de modo verosímil, que no será una buena vida un conjunto de
condiciones sólo accesibles a algunos señalados sujetos, según su
disponibilidad tanto de capital material como capital cultural. En cambio,
puede pensarse en una condición socialmente alcanzable por el conjunto global
de una comunidad, a condición de desarrollar, en sus integrantes, un marco
común de consenso. Tal consenso tiene, por fuerza, que construirse a la vez y
concurrentemente con unos saberes, unas prácticas y unas producciones sociales
orientadas al efecto. Tal consenso debe ser, de suyo, sabio, moral y fértil, ya
que no puede pensarse en una prescripción discreta de condiciones fijas de una
vez para siempre, sino en una vasta perspectiva de desarrollo sostenible.
El imperativo de la buena vida tiene
mucho de construcción social de un horizonte.



















