La
lucha por una intimidad protegida se complementa con una estratégica lucha por
un lugar en la ciudad.
Es
que la ciudad no está abierta, disponible y hospitalaria per se, sino
que los urbanitas deben aplicar no poco trabajo para su apertura, adentramiento
y población. La condición de urbanita es una conquista de los sujetos, no algo
con lo que se nazca. La conciencia al respecto es aún una novedad y por ello a
la reivindicación tradicional del derecho a la vivienda le sigue ahora la
entrevisión del derecho a la ciudad. Sólo ahora que la ciudad se nos revela
extraña, progresivamente privatizada y discriminadora es que nos damos cuenta
que nos pasamos la vida entera luchando por encontrar un lugar propio en la
ciudad que habitamos. Lo que ha sucedido es que la conquista de lugares de
estudio, trabajo y amenidad se nos ha superpuesto con la dura lucha por la
existencia, toda vez que hemos soslayado el carácter concreto y localizado de
este afán.
Teoría del Habitar, Uruguay
"Sólo por la filosofía puede experimentar la inteligencia cómo sus pasiones llegan a conceptos". Peter Sloterdijk, 1998
Páginas
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- Pasos dirigidos hacia una estética propia de la ar...
- Estructura fundamental del lugar
- Introducción discutida a la estética
- 3. Los bares
- 2. Los restaurantes
- 1. Los cafés
- Lugares de trabajo
- Poética de los umbrales
- Laberintos del agua y de los cuerpos
- Las prácticas sociales del habitar
- La ética arquitectónica y el derecho a habitar
- Sobre el oxímoron en arquitectura y la morada popu...
- Por qué una teoría del habitar
- Precisiones sobre el pensar arquitectónico
- Teoría del Habitar Una agenda
- El derecho a habitar
- Una pintura del paisaje doméstico
- Poética de la habitación
- La segregación socioterritorial urbana
- Bibliografía actualizada
- Agenda urbana para la Teoría del Habitar
- Papeles sueltos sobre las azoteas
- Disposiciones de las cosas
- La Teoría del Habitar y la sombra del antropocentrismo
- Publicaciones del autor
La lucha por el techo
Mario De Biasi,
(1923-2013)
El imperio del realismo convierte esta
entrañable iniciativa en una obstinada lucha por un techo. Un techo, en este
caso, es la sinécdoque de un deseo de amparo fundamental. El más precario de
los alojamientos, la choza más humilde, la habitación más modesta son las
prefiguraciones idealizadas de un deseo de hacerse de un lugar íntimo y
resguardado. Luego será asunto de la peripecia social y económica el conjunto
de pormenores en donde el núcleo originario de la intimidad protegida devenga
eso que aún acostumbramos a llamar casa. En efecto, sólo con el tiempo vivido,
la casa irá construyendo memoria, presente y futuro alrededor de este sueño
fundamental. ¿Hasta qué punto las casas que hoy habitamos conservan en su seno
esa oscura almendra del deseo de aquel entonces?
Movilización
Llamamos iniciativa al impulso dirigido
a marchar en una dirección y sentido cuando a la tarea de anhelar le sigue la
movilización. El primer paso es, con mucho, el más arduo, pues implica
abandonar el reposo para ganar movimiento. Este primer paso, entonces, debe
dirigirse hacia una meta intermedia, a un objetivo relativamente más
alcanzable. ¿Cómo administrar la proporción entre las magnitudes entre la
posición inicial, las metas intermedias y los sueños? Esto es tarea de toda la
vida.
Marchar es necesario.
De qué hablamos cuando hablamos de actividad social de producción
Beaumont Newhall
Hablamos, en todo caso, de pasiones
socialmente concertadas, de vidas estremecidas por el padecimiento de habitar
como exiliados del Paraíso, de existencias que siempre buscan una ventana para
contemplar lo que se recorta en el horizonte y lo que de este parece emerger.
Hablamos de lenguajes sobreentendidos, de deseos sólo a medias formulados, de
conatos de acción. Hablamos de sueños, sí, pero de realidades otras que un día
serán a su turno negadas. Hablamos de proyectos, de diseño minucioso de utopías
y también de heridas en lo real por obra de golpes de signos de lo que vendrá.
Hablamos de construcciones demoledoras y constructos fértiles. Hablamos de la
vida reflejada en las sombras del lugar. Hablamos de este condenado mundo
nuestro, del que nos tenemos que hacer cargo.
El concepto de pasión
Lotte Jacobi
Aquello que sufrimos es una pasión.
Pero, por otro lado, lo que nos impulsa apetitivamente a algo, lo que mueve
nuestro ánimo para hacer las más diversas cosas, también es una pasión. Porque
el doble significado refiere al hilvanado interno de la propia vida, la que
puede ser tanto entendida como el resultado esforzado de un impulso vital, así
como puede verse, retrospectivamente, como la hechura fatal del destino. Así es
que se ve la pasión, así es que se ve la vida
Hablar de la pasión, en este contexto,
es mentar la combustión interna de la vida y, al hacerlo, tener la oportunidad
de observar cómo la vida humana del habitante se involucra en forma total con
la arquitectura. Mucho más allá de lo que lo hacen los propios arquitectos, que
apenas animan un conjunto limitado de aspectos.
Pasiones de la implementación
Lewis Hine
(1874-1940)
Desde ya, es forzoso considerar que la
implementación habitable implica una pasión de vida que es mucho más profunda,
amplia y entrañable que la pura operación de una máquina de habitar. También
forzoso es considerar que la implementación habitable es mucho más compleja y
rica que un mero servirse de un artefacto útil. Es forzoso considerar,
entonces, que la pasión habitable consuma el lugar, porque proyecta
sobre éste toda su carga de identidad y referencia con la que la vida cobra
sentido precisamente allí y en ese entonces. La pasión habitable hace del tener
ésta su lugar una implementación radical, constituyente y absoluta.
Pasiones de la construcción
Lewis Hine
(1874-1940)
¿Pueden acaso las cosas ser de otro
modo? Pudiera pensarse en un construir concebido como un cultivar respetuoso,
en donde se interrogaría con circunspección al genio del lugar para asegurarse
que nuestra novedad es bienvenida allí. Luego, todo sería asunto de abrir el
lugar hospitalario a una irrupción de aquello que le estaba haciendo falta.
Entonces, el lugar cerraría con salud la herida infligida apenas y una
construcción habría tenido origen, crecimiento y lugar oportunos y felices.
Pasiones de la producción social: los sueños, los proyectos, los diseños
Lewis Hine
(1874-1940)
Somos de la materia de los sueños porque
somos nuestro propio proyecto. Resultamos autodiseñados por un gesto antiguo de
lanzarnos hacia adelante, hacia el futuro. Vivimos así en carne propia cómo nos
sujeta el deseo, nos agita una vehemencia de vivir y nos lanza lejos, distantes
y distintos. Somos sueños febriles, proyectos insensatos, diseños improbables.
Y así, apasionados en la flecha del
tiempo, hacemos el mundo a nuestra imagen y semejanza. Todo proyecto, toda
elucubración de estados futuros es apenas un eco operativo de un furor por
habitar un mundo que negamos es su penosa actualidad, para arrojarnos hacia lo
que vendrá.
Pasiones de la producción social: las demandas
Lewis Hine
(1874-1940)
Es que hacerse un lugar en el mundo es
más aún que forjarse una posición social, más aún que conseguir una situación
relativamente satisfactoria en lo que toca a las condiciones materiales de la
existencia y la reproducción, es más aún que arreglárselas para suceder en un
acontecimiento favorable a las expectativas de realización. Hacerse un lugar en
el mundo es una construcción morosa, microsocial, esforzada a partir de la cual
uno puede lanzarse a desear un destino, un emplazamiento de partida, una morada
mundana. Es dentro de esta pasión que debemos comprender, en toda su dimensión
humana, la demanda por lugares que habitar con la familia, los compañeros de
trabajo y estudio, con los nuestros, los próximos y aún con los extraños.
Arquitectura como actividad social de producción: el concepto de pasión
Lewis Hine
(1874-1940)
En efecto, pasión es el apetito de algo o afición vehemente a ello,
profesada por comitentes, empresarios y arquitectos, que se corresponde con el padecimiento —corporal, emocional,
reflexivo— que experimentan los trabajadores que se encaraman sobre el vacío
para que se dé efectivo curso a la consecución de obras magníficas. Un aspecto
de la misma pasión es complementado por otro. Por ello, el furor arquitectónico
no se desencadena si no es con una perturbación
o afecto desordenado del ánimo. Erigir edificios es asunto apasionado, en
todas las acepciones del término.
Mas la consecución de lugares para
habitar es aún más apasionada, porque es una labor más rica y compleja que la
empresa de erigir edificios. Aun así, debemos comenzar por reparar en la honda
meditación que puede realizar el obrero, acaballado en las alturas, allí donde
las vigas consiguen unirse. Desde tal punto de vista, las cosas adquieren un
cariz especial y revelador.
Convendrá reparar en el concepto mismo
de pasión, para entender a fondo la arquitectura como actividad social de
producción.
Arquitecturas de acontecimientos y referencia
André de Dienes
(1913-1985)
Una
arquitectura de acontecimientos es una que ofrece hitos firmes al sucederse de
los actos de habitación en el tiempo.
Una
arquitectura de acontecimientos no se hunde en el marasmo de lo que ocurre
mudando de aires, sino que guarda registro claro y preciso de lo que permanece
en la medida en que sus relaciones con lo que cambia es precisamente lo que
permite percibir y conceder sentido a lo ocurrido. Porque todo cambia, sí, pero
también es cierto que todo cambio es relativo. Y esta relatividad generalizada
tiene, en la teoría del habitar, un nombre propio y un mandato: arquitectura
como escenario de la vida.
Arquitecturas de situación e identidad
Denis Roche
(1937-2015)
Mediante
la forja de la propia situación, los sujetos construyen su propia identidad
localizada.
Por
esto, una arquitectura de situaciones es una arquitectura que permite a quienes
la pueblan proyectar allí su propia identidad y, al hacerlo, conseguir imponer
su propio y legítimo dominio. Una arquitectura de situaciones es aquella que
prodiga espejos en donde las personas gustan percibirse. ¿Será posible acaso
una arquitectura que deje que sea la vida de quienes la pueblen las que se
apropien del lugar en forma honda, legítima y absoluta?
Arquitectura viva
Duane Michals
Bienvenida
la eclosión agitada de vida en los lugares.
En vez
de la maravilla del espacio despoblado, nos estremeceremos con la agitación de
las manifestaciones de cambio y crecimiento. En vez de las estáticas armonías
de tres dimensiones cuidadosamente seleccionadas, abogaremos por las complejas
mutaciones de lo que se desarrolla en el tiempo. En vez de la arquitectura
reposada en el vacío, una arquitectura por fin grávida de existencia.
Una
arquitectura como matriz.
Arquitectura de actos de habitar
Garry Winogradpie
A las
magníficas vacuidades de la arquitectura metafísica será posible, un cierto
día, oponerle unas arquitecturas turgentes de vida humana, unas arquitecturas
pletóricas de actos de habitar.
Mientras
tanto, podemos observar, aquí y allá, ciertos fugaces emergentes en aquellos
lugares en donde el habitar humano tiene éxito sobre los constreñimientos
acostumbrados. Podríamos entrever cierta esperanza, acaso, en los lugares en
donde la vida humana consigue prevalecer sobre el implacable disciplinamiento
del poder que se ensaña sobre los cuerpos. Hacia donde, de un modo preciso, los
cuerpos humanos encuentren su territorio de expansión libérrima, de cómodas
holguras, de celebrada felicidad, hacia allí deberemos dirigir nuestra
atención. Para aprender de los ejemplos.
Arquitecturas de acontecimientos: escenarios de la vida
Garry Winogradpie
De la
comprensión honda de la contextura de acontecimientos se deriva una
correspondiente arquitectura de acontecimientos, esto es, una arquitectura que
oficia con plenitud su carácter de escenario de la vida.
Esta
arquitectura de acontecimientos refiere mutua y significativamente a la vida
como estructura de sucesos y a los escenarios que le confieren pleno sentido
como contexto. Hay, entonces, una arquitectura frenética, apasionada y febril
de los acontecimientos de la vida que interactúan con un escenario que sirve de
referencia de sentido: un marco significativo para los sucesos. De esta manera,
los acontecimientos no se recortan del lugar como figuras sobre un fondo amorfo,
sino como historias que se desarrollan con diversos decursos temporales: uno,
apresurado con las urgencias de la vida y otro, más lerdo, con la duración
flemática de lo construido.
Contexturas de acontecimientos
Garry Winograd
La
atención a las situaciones debe complementarse con el examen profundo de las
contexturas de acontecimientos.
Estas
contexturas de acontecimientos no son otra cosa que las secuencias coherentes
de acciones que se suceden en un lugar habitado y que hacen de este último el
escenario continente de la vida humana. Mientras que las situaciones tratan de
los órdenes de coexistencias que fijan y establecen los elementos constitutivos
del habitar, los acontecimientos son las sucesiones, los progresos y
desarrollos de la acción en su dimensión temporal. En lo que toca a los
acontecimientos, es la consecución de la acción la que dicta una ley interior
que solicita al escenario constituir un continente adecuado para su logro
efectivo, acomodado y estéticamente logrado.
Arquitecturas de situación: cada cosa en su lugar
Garry Winograd
La
comprensión profunda de las contexturas de situación conduce a la consecución
de unas correspondientes arquitecturas de situación.
En
efecto, a la consideración de la constitución necesaria de una situación le
corresponde un orden arquitectónico consecuente en donde personas y cosas se
disponen mutuamente en sus lugares respectivos. Así, es la situación vital la
que empuja desde dentro a la forma arquitectónica, sin imponerle una forma
necesaria, sino introduciendo las ajustadas solicitaciones para que la vida se
desarrolle con plena expansión, de un modo digno y decoroso.
Reservar
para cada persona y para cada cosa del vivir su lugar adecuado según el orden
que dicta la propia situación de habitación es una tarea de amparo de la vida,
más que una imposición de una regla extraña a ella.
Contexturas de situación
Bruce Davidson
Puede
comenzarse un nuevo camino si desarrollamos una peculiar acuidad perceptiva y
una adecuada comprensión de las contexturas de situación.
Por
contexturas de situación se entiende aquí y en principio las formas emergentes
y perceptibles de la condición situada de cada habitante. Es preciso dirigir la
atención a los distanciamientos y proximidades relativas que guardan las
personas entre sí y con respecto a las cosas de vivir. Dar con las contexturas
de situación implica dar cuenta del orden de coexistencias que los componentes
y procesos de la habitación guardan entre sí, a efectos de descubrir la ley
interior que la vida humana dicta a los lugares habitados.
Percibir
y comprender las contexturas de situación es, entonces, dar con los elementos
que las estructuras fundamentales del lugar fijan, establecen y equilibran sus
elementos en el campo habitado.
Arquitectura de situaciones y acontecimientos
Diana Markosian
(1989)
¿Por
qué no una arquitectura de situaciones y acontecimientos?
Frente
a una arquitectura de muros y cubiertas, puertas y ventanas, suelos y terrazas,
una arquitectura que tenga origen en los amparos de las situaciones
existenciales, en las trasposiciones de umbrales, en los tránsitos. Una
arquitectura, entonces, de actos de habitación antes que facturas
constructivas, que devendrían después y en consecuencia de las primeras. Una
arquitectura dibujada por las danzas de la vida, antes que por las
elucubraciones autoritarias de los administradores del aire.
Una
arquitectura que nos debe ser posible.
La vida empuja a las arquitecturas desde dentro
Sam Abell (1945)
Mientras
que al arquitecto demiurgo le complace el empoderamiento del lápiz que empuña
implacable sobre un papel siempre en blanco, que origina en el tablero
abstraído de su conciencia de hacedor de arquitecturas corsé, debemos darnos al
menos la oportunidad de imaginar una arquitectura empujada desde dentro por los
gestos de la vida.
Una
arquitectura que crecería con los ademanes del cuerpo, con las figuras
magníficas de su coreografía, con las parsimonias del modo biológico de suceder.
Una arquitectura que resultara del contorneo cuidadoso de las envolventes de la
existencia. Ni más, ni menos. Una arquitectura originada en su única simiente
legítima y razonable: la vida vivida en situación y acontecimiento.
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