Con respecto a este punto, es dable
pensar en una hermenéutica arquitectónica que tanto opera, por una parte,
desentrañando el sentido de la propia poética de la habitación, a la vez que,
por otra, construye su discurso recíproco. Esto implica que el arquitecto
comprometido con el servicio al habitar de las personas, habrá de apreciar,
como agudo y sensible esteta la conducta y obrar de los habitantes, a la vez
que resultará poéticamente dotado para construir el discurso arquitectónico
recíproco, con materiales y energías bien empleados y dispuestos. Lo que cuenta
es el sabio, correcto y magnífico recorrido de la sustancia poética que fluye
desde la vida misma que tiene lugar.
Lo que se necesita aquí es, en
definitiva, contar con la asistencia de cabales arquitectos poetas de la vida,
en su doble condición.



















