Martine Franck
(1938-2012)
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"Sólo por la filosofía puede experimentar la inteligencia cómo sus pasiones llegan a conceptos". Peter Sloterdijk, 1998
Martine Franck (1938-2012)
Es de creer que tal particular
subjetividad la alcancen a través de algún ejercicio al respecto. Y en este
entonces es que recordamos la antigua voz griega para quienes buscaron en su
tiempo el ejercicio corporal con el fin de la depuración virtuosa del espíritu,
esto es, los practicantes de la ascesis (ἄσκησις). Sólo que no se trataría aquí,
de mortificar el cuerpo para dejar elevar el espíritu, sino, por el contrario
de un ejercicio (askesis) subjetivo que nos dispondría para mejor apreciar
aspectos no del todo evidentes de la situación en que nos hallamos cuando
habitamos confortablemente. Lo que viene a constituir una ascesis propia no ya
de antiguos ascetas, sino de contemporáneos estetas de la vida cotidiana.
Martine Franck
(1938-2012)
Es interesante ahora examinar cómo tal
transacción se resuelve en el terreno estético, esto es, en la región de las
percepciones y las poéticas del confort. Al efecto, habrá que considerar cómo
el sujeto se construye a sí mismo como estimador estético del bienestar
experimentado y, recíprocamente, cómo es que ha conseguido elaborar de un modo
concreto esta situación. Será necesario, entonces, hablar de ejercicios de
subjetividad, de percepciones específicas, de manifestaciones sensibles del
confort, de eventuales acuidades particulares y de efusiones vitales.
Pero lo que siempre subsistirá en
nuestras consideraciones es este peculiar interés puesto en esta transacción
virtuosa entre los sujetos y los lugares que pueblan.
Marc Lagrange
(1957-2015)
¿Hacia
dónde nos llevará un encaminamiento ético hacia el confort?
Es de esperar que, en principio, nos
conduzca a aproximarnos a una finalidad superior de la Teoría del Habitar, toda
vez que ésta se valida en la consecución de condiciones teóricas y prácticas
aptas para el ejercicio de una buena vida. Supone esto también que se
contribuirá así a la edificación de una ciencia específica para una
arquitectura comprometida con la vida humana. En esta misma dirección, se
verificaría el cumplimiento efectivo de una misión, se legitimaría probadamente
la génesis y desarrollo del intento teórico y se divisarían los confines del
territorio práctico específico.
Pero no es de descartar que los
encaminamientos futuros no sigan, necesariamente, unas líneas rectas y
simplemente acumulativas, sino que resulten, sinuosas, múltiples y pródigas en
adquisiciones que aún es pronto para vislumbrar.
Marc Lagrange
(1957-2015)
Bien puede que constituya una suerte de
punto cardinal que oriente a la Teoría del Habitar hacia nuevos derroteros,
siempre y cuando se advierta que el habitar confortable es, a la vez, materia
de investigación, así como objeto de reflexión ética y estética. Porque el
habitar confortable es mucho más que una condición física material, mucho más
que un goce trivial y mucho más que una pasajera percepción. El habitar
confortable es, acaso, una aspiración superior que tiene la propia vida en su
consumarse, una vida que merezca la calificación de buena vida y una vida que
resulte una hermosura superior en su manifestación sensible.
Marc Lagrange
(1957-2015)
Tal filosofía se aplicaría con denuedo a
la tarea de examinar no ya los ideales inalcanzables de los consumidores insatisfechos,
sino de las actitudes prudentes y realistas de los mortales que consiguen tener
lugar, mediante esfuerzo tanto social como autoformativo, en situaciones de
efectivo bienestar. Actitudes esperables en sujetos de carne y hueso, que
consiguen de modo arduo el relativo equilibrio emocional que el mundo por ellos
construido les haga efectivamente posible. Una filosofía, en definitiva, de
titulares protagonistas de la eventualidad de poblar la tierra.
Marc Lagrange
(1957-2015)
El
hedonismo epicúreo, aún hoy, está aquejado por un equívoco desprestigio.
Es por ello que se alimenta el prejuicio
falazmente moralista que sobrevalora la experiencia dolorosa de la vida
entendiendo que el ansia de felicidad terrena y verificable es una ética propia
de aquellos que apenas buscan reposar plácidos en las comodidades puramente
materiales de la existencia desahogada. En realidad, el hedonismo proclive al
confort puede constituir una ética del acomodamiento progresivo de la
subjetividad de las personas a una situación de vida sana, digna y decorosa.
Porque lo que cuenta, en todo caso, es la sistemática elevación de las
condiciones materiales de vida en concierto con la forja razonable y realista
del propio sujeto en su condición de fruidor de su propia existencia.
En este punto, debe prestarse atención y
reflexión a las consecuencias políticas que se derivan de esta ética del
acomodamiento progresivo.
Marc Lagrange
(1957-2015)
Porque el desarrollo de una teoría
consistente del confort no puede soslayar que se funda, necesariamente, en una
ética para sujetos encarnados, conciencias unidas inextricablemente a los
cuerpos, esto es, mortales que habitan la tierra como tales. No se trata aquí
ni de idealidades ilusorias ni de crasos materialismos burgueses, sino de una
ética propia de los habitantes de esta tierra, dispuestos a concertar su subjetividad
moral con la situación que pueblan.
Es por ello por lo que una teoría del
confort no puede ignorar que tiene tanto que decir acerca de las situaciones
físico-ambientales de vida, tanto como de la propia constitución ética de las
personas que optan, racionales y libres, por disfrutarlo.
Marc Lagrange
(1957-2015)
Se suele traducir el vocablo como
imperturbabilidad del ánimo, esto es, un talante reposado del cuerpo en la
situación en que vive, un estado emocional al que le es ajena la inquietud.
Según Demócrito, es un componente de la felicidad.
En todo caso, es una actitud propuesta
por el sujeto en una situación propicia para ello. Porque no se trata de una
afección del ánimo producto de la acción del contexto sobre el sujeto, sino,
por el contrario, una astucia subjetiva, una disposición activa y proclive tanto
a la ausencia de pena, como el advenimiento del goce.
La ataraxia, así considerada, es la
configuración subjetiva que es parte necesaria y correspondiente de la
situación confortable. Sencillamente porque no existe situación de confort más
que con sujetos efectivamente dispuestos para disfrutarlo.
Marc Lagrange
(1957-2015)
De
la condición confortable apenas tenemos noticia de su componente físico
ambiental.
En efecto, parece dominar el pensamiento
una idea que reduce el confort a un suministro físico ambiental de condiciones
que operan sobre un sujeto tan pasivo, que sólo es interrogable acerca de su
eventual conformidad. Para el sentido común, la condición confortable es un
dato de la realidad que opera en forma unilateral sobre su sujeto. El confort,
entonces, es un valor de contexto. Así, son las arquitecturas construidas o los
elementos del equipamiento los que brindan la condición confortable a un simple
sujeto puramente demandante de solícitos servicios y cuidados.
Marc Lagrange
(1957-2015)
Es preciso entender, recién hoy, el modo
en que el confort implica no sólo una situación física ambiental
específicamente localizada, sino también y recíprocamente, un estado subjetivo
correspondiente, con lo que el sujeto tiene efectivo lugar en una situación
comprobadamente confortable. Para ello debemos rescatar la voz y las enseñanzas
de Epicuro (341 a. C- 271/270 a. C.). De éstas extraeremos con cuidado el
concepto, poco cultivado por la reflexión filosófica académica, de ataraxia.
La razón para ello consiste en completar
la figura del confort allí donde éste se encuentra, aún hoy, carente de un
adecuado componente subjetivo. Tal componente subjetivo es esencial para
completar la figura conceptual adecuada del confort.
Pierre Jamet
(1910-2000)
Es la expresión que da cuenta de la
instancia vincular entre los sujetos habitantes y las condiciones físicas del
lugar. Es la condición imprescindible para las situaciones apacibles de la
existencia. Es el valor exigible para que el goce de la vida tenga, por fin,
efectivo lugar.
Por estas consideraciones, el concepto
de confort es merecedor de un detenido examen cognoscitivo, un condigno estudio
ético y aún un análisis y síntesis de naturaleza estética.
En cambio, es imperioso señalar un importante
afán, que no dudaremos en denominar, con toda justicia, arquitectónico, el que
apuesta a integrar estos diferentes servicios a la existencia en un todo
coherente, en un régimen de vida confortable. Los eventos productivos de
confort encuentran en los lugares habitados su pleno sentido superior al
integrarse con todos los otros y con la vida de los habitantes, contribuyendo
al esplendor usual de la vida.
Es bajo la forma de arquitecturas vivas
que las producciones del confort alcanzan su cometido superior, toda vez que
concurren al lugar que les pertenece.
Pierre Jamet
(1910-2000)
Aquí es necesario volver a la mención,
que debemos a Peter Sloterdijk, de la dimensión erototópica, esto es, la
dimensión amorosa en la conformación de lugares. Es que las prácticas sociales
del confort no son otras que toda aquella que resulte, en la experiencia vivida
por el cuerpo habitante, un específico y señalado goce de la vida. Porque somos
conciencias encarnadas movidas y aquietadas por emociones, las experiencias del
confort nos son necesarias y acuciantes toda vez que buscamos consumar con
intensidad esta vida que nos inquieta con su propio deseo.
En la dimensión apasionada del vivir, se
alternan estremecimiento y aplacamiento por obra de cada una de sus prácticas:
deleitarse en las alternativas de la existencia es posible e imperativo.
Pierre Jamet (1910-2000)
Pierre Jamet
(1910-2000)
Tal falacia estriba en que es nada
“natural” la infrecuencia de tales condiciones desahogadas de existencia, sino que
es una precisa segmentación construida por el acceso social desigual a las
condiciones materiales medias que un estadio socioeconómico puede brindar a las
más amplias mayorías sociales. El sentido común yerra en reservar la idea de
confort a las condiciones que sólo alcanzan las minorías sociales privilegiadas.
Mientras tanto, el buen sentido aconseja a conocer y a reconocer cómo el avance
social puede ser apreciado y medido según qué situaciones de vida confortable
se aseguran a las cada vez más amplias de la población. Después de todo, el
disfrute sano, digno y decoroso de la vida nunca puede ser pensado como un
privilegio, sino como un estadio civilizatorio ampliamente difundido en el
cuerpo social, tanto como práctica y también como concepto y percepción.
Pierre Jamet
(1910-2000)
Todo
indica que existiría una suerte de mala conciencia o cierto silencio culpable
al respecto.
Tan acostumbrados estamos a desdeñar las
condiciones materiales de nuestra existencia para privilegiar el estatuto de
las ideas, que nos resulta difícil tratar cara a cara con nuestro nivel de
confort efectivamente ejercido, para tratar la idea que se asocia,
generalmente, a la aspiración culposa a un presunto nivel más sofisticado de
vida, en donde participaríamos del régimen cotidiano de los pocos felices que
detentan el capital material y cultural para un cierto general refinamiento en
su existencia.
Operando de este modo, la conciencia se
priva de conocer la necesidad humana y social generalizada de confort, para
suponerla una suerte de privilegio de las minorías sociales que consiguen
habitar en los estratos sociales más encumbrados.
Pierre Jamet
(1910-2000)
Con el concepto de confort sucede algo extraño.
Por una parte, la práctica confortable se suele asumir en forma falazmente
naturalizada, cuando no se la entiende simplemente como la manera debida de
vivir. Se olvida, por ejemplo, que disponer de agua limpia, abundante y
templada para una ducha resultó toda una gozosa novedad para nuestros no muy
lejanos antepasados. Mientras tanto, la idea de confort planea, descarnada, por
las alturas a las que no llega más que el deseo y alguna envidia menor respecto
a mejores condiciones de vida, siempre por encima de nuestro relativo nivel de
ingresos.
Pero, en el contexto del desarrollo
pleno de una Teoría del Habitar con sus consecuencias más evidentes, el
concepto de confort debe ser profundamente reelaborado

Ad Van Denderen
(1943)
Es una oportunidad para estudiar un
sujeto estético autoformado por su propia peripecia vital, sin otro
adiestramiento que su propia biografía y paisaje. Será tarea de afrontar con
entusiasmo la de salir al encuentro de los desconocidos y consumados artistas
del buen vivir. El desafío es encontrar a los sabios en la materia,
interrogarlos en profundidad y con método, así como aprender a ver uno el mundo
que le ha tocado con la sensibilidad aguda que merece.
El mundillo enrarecido de la teoría
estética al uso bien ganaría con una excursión por el aire despejado de la
vida.