Pierre Jamet
(1910-2000)
Con el concepto de confort sucede algo extraño.
Por una parte, la práctica confortable se suele asumir en forma falazmente
naturalizada, cuando no se la entiende simplemente como la manera debida de
vivir. Se olvida, por ejemplo, que disponer de agua limpia, abundante y
templada para una ducha resultó toda una gozosa novedad para nuestros no muy
lejanos antepasados. Mientras tanto, la idea de confort planea, descarnada, por
las alturas a las que no llega más que el deseo y alguna envidia menor respecto
a mejores condiciones de vida, siempre por encima de nuestro relativo nivel de
ingresos.
Pero, en el contexto del desarrollo
pleno de una Teoría del Habitar con sus consecuencias más evidentes, el
concepto de confort debe ser profundamente reelaborado



















