Una nueva acuidad para reconocer el confort


Martine Franck (1938-2012)

 

Ahora es imperioso forjar una nueva acuidad para reconocer el verdadero confort allí donde se encuentre, así como una capacidad productiva renovada para suministrar las condiciones físico-ambientales de bienestar.

El desafío hoy es reparar en el confort socialmente alcanzable por las más amplias mayorías sociales, sus formas mejor integradas en los lugares habitados, y sus manifestaciones más evidentes, a efectos de conseguir que la vida humana se exprese a sí misma en el bienestar. La plena efusión de la vida sana, digna y decorosa debe dejar de ser un privilegio para constituir una condición corriente y difundida en la vida social. Al respecto, es mucho lo que hay que descubrir, mucho lo que practicar y mucho lo que producir.

Hasta que la consecución superior del bienestar social advenga como misión imperativa para una madura Teoría del Habitar.

Ser y parecer


Martine Franck (1938-2012)

 

¿Desde dónde resulta forzoso pensar que la mortificación del cuerpo libera al espíritu? ¿Desde dónde resulta razonable pensar que sea una misión honorable conseguir una buena vida en sus aspectos físico-materiales?

El verdadero quid de la cuestión de la ética del bienestar es el punto de partida de un discurrir que opone una perspectiva ideal, ultraterrena y espiritualista a otra, material, terrena y realista. Pero esto, con ser mucho es sólo un punto de partida. La cuestión también se desarrolla en el plano donde los derroteros antagonizan. Esto es, donde el espíritu se separa y opone al cuerpo, donde la felicidad terrena lucha necesariamente contra la salvación trascendente, y donde los regímenes de vida de unos pocos se reservan como cotos a ellos reservados, en detrimento de las condiciones de vida de los más.

Es de sospechar que esta última antinomia decida, en última instancia, la opción ética adoptada.

Ascesis de la habitación (III)


Martine Franck (1938-2012)

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La ascesis propuesta no se detiene necesariamente en las primeras impresiones sensoriales, sino, más bien, en las primigenias vivencias cuyo goce consigue construir hábitos en el sujeto.

Así, es dable examinar cómo, de las diversas sendas que podamos atravesar, alguna nos es particularmente confortable y a partir de una cierta complacencia de todo el cuerpo, nos habituamos entonces para transitarla una y otra vez. Tanto así como cuando elegimos una cierta eminencia en el paisaje para conformar un hito en éste, con el fin de orientarnos y componer los elementos en un conjunto coherente e identificable. También cuando un otero nos brinda un satisfactorio panorama en donde aprendemos a apreciar el horizonte.

Es que hay ciertas vivencias, hondas y sentidas, que logran gozarse de modo sostenido en el tiempo, con lo que constituyen una experiencia estética del bienestar, al que luego el cuerpo gusta por habituarse.

Es preciso entonces recuperar para la conciencia aquellos genuinos rasgos de lo habitado que nos gratifican el hecho de hacer presencia allí y entonces.

Ascesis de la habitación (I)


Martine Franck (1938-2012)

 

Aquí se ha prestado particular atención al modo en que se constituye a sí mismo el sujeto habitante de la situación confortable, por lo que corresponde seguir la línea de reflexión y abordar los modos en que los habitantes construyen de modo deliberado su especial subjetividad.

Es de creer que tal particular subjetividad la alcancen a través de algún ejercicio al respecto. Y en este entonces es que recordamos la antigua voz griega para quienes buscaron en su tiempo el ejercicio corporal con el fin de la depuración virtuosa del espíritu, esto es, los practicantes de la ascesis (ἄσκησις). Sólo que no se trataría aquí, de mortificar el cuerpo para dejar elevar el espíritu, sino, por el contrario de un ejercicio (askesis) subjetivo que nos dispondría para mejor apreciar aspectos no del todo evidentes de la situación en que nos hallamos cuando habitamos confortablemente. Lo que viene a constituir una ascesis propia no ya de antiguos ascetas, sino de contemporáneos estetas de la vida cotidiana.

El habitar confortable como transacción


Martine Franck (1938-2012)

 

El habitar confortable es resultado de una transacción entre una situación físico-ambiental y la subjetividad propensa del habitante.

Es interesante ahora examinar cómo tal transacción se resuelve en el terreno estético, esto es, en la región de las percepciones y las poéticas del confort. Al efecto, habrá que considerar cómo el sujeto se construye a sí mismo como estimador estético del bienestar experimentado y, recíprocamente, cómo es que ha conseguido elaborar de un modo concreto esta situación. Será necesario, entonces, hablar de ejercicios de subjetividad, de percepciones específicas, de manifestaciones sensibles del confort, de eventuales acuidades particulares y de efusiones vitales.

Pero lo que siempre subsistirá en nuestras consideraciones es este peculiar interés puesto en esta transacción virtuosa entre los sujetos y los lugares que pueblan.

El encaminamiento ético hacia el confort


Marc Lagrange (1957-2015)

 

¿Hacia dónde nos llevará un encaminamiento ético hacia el confort?

Es de esperar que, en principio, nos conduzca a aproximarnos a una finalidad superior de la Teoría del Habitar, toda vez que ésta se valida en la consecución de condiciones teóricas y prácticas aptas para el ejercicio de una buena vida. Supone esto también que se contribuirá así a la edificación de una ciencia específica para una arquitectura comprometida con la vida humana. En esta misma dirección, se verificaría el cumplimiento efectivo de una misión, se legitimaría probadamente la génesis y desarrollo del intento teórico y se divisarían los confines del territorio práctico específico.

Pero no es de descartar que los encaminamientos futuros no sigan, necesariamente, unas líneas rectas y simplemente acumulativas, sino que resulten, sinuosas, múltiples y pródigas en adquisiciones que aún es pronto para vislumbrar.

 

Un punto en el horizonte


Marc Lagrange (1957-2015)

 

Ahora que se ha disipado cierto oscurecimiento filosófico, el punto en el horizonte que constituye el concepto de confort empieza a brillar de un modo particular.

Bien puede que constituya una suerte de punto cardinal que oriente a la Teoría del Habitar hacia nuevos derroteros, siempre y cuando se advierta que el habitar confortable es, a la vez, materia de investigación, así como objeto de reflexión ética y estética. Porque el habitar confortable es mucho más que una condición física material, mucho más que un goce trivial y mucho más que una pasajera percepción. El habitar confortable es, acaso, una aspiración superior que tiene la propia vida en su consumarse, una vida que merezca la calificación de buena vida y una vida que resulte una hermosura superior en su manifestación sensible.

Una filosofía de la felicidad posible


Marc Lagrange (1957-2015)

 

Con una teoría fundada del confort podemos aspirar a construir en el futuro una filosofía de la felicidad posible.

Tal filosofía se aplicaría con denuedo a la tarea de examinar no ya los ideales inalcanzables de los consumidores insatisfechos, sino de las actitudes prudentes y realistas de los mortales que consiguen tener lugar, mediante esfuerzo tanto social como autoformativo, en situaciones de efectivo bienestar. Actitudes esperables en sujetos de carne y hueso, que consiguen de modo arduo el relativo equilibrio emocional que el mundo por ellos construido les haga efectivamente posible. Una filosofía, en definitiva, de titulares protagonistas de la eventualidad de poblar la tierra.

Una ética del acomodamiento


Marc Lagrange (1957-2015)

 

El hedonismo epicúreo, aún hoy, está aquejado por un equívoco desprestigio.

Es por ello que se alimenta el prejuicio falazmente moralista que sobrevalora la experiencia dolorosa de la vida entendiendo que el ansia de felicidad terrena y verificable es una ética propia de aquellos que apenas buscan reposar plácidos en las comodidades puramente materiales de la existencia desahogada. En realidad, el hedonismo proclive al confort puede constituir una ética del acomodamiento progresivo de la subjetividad de las personas a una situación de vida sana, digna y decorosa. Porque lo que cuenta, en todo caso, es la sistemática elevación de las condiciones materiales de vida en concierto con la forja razonable y realista del propio sujeto en su condición de fruidor de su propia existencia.

En este punto, debe prestarse atención y reflexión a las consecuencias políticas que se derivan de esta ética del acomodamiento progresivo.

Una ética para sujetos encarnados


Marc Lagrange (1957-2015)

 

Con la integración del concepto de ataraxia al concepto de confort, aparte de completar el sentido de la figura de este último, se abre un interesante debate ético.

Porque el desarrollo de una teoría consistente del confort no puede soslayar que se funda, necesariamente, en una ética para sujetos encarnados, conciencias unidas inextricablemente a los cuerpos, esto es, mortales que habitan la tierra como tales. No se trata aquí ni de idealidades ilusorias ni de crasos materialismos burgueses, sino de una ética propia de los habitantes de esta tierra, dispuestos a concertar su subjetividad moral con la situación que pueblan.

Es por ello por lo que una teoría del confort no puede ignorar que tiene tanto que decir acerca de las situaciones físico-ambientales de vida, tanto como de la propia constitución ética de las personas que optan, racionales y libres, por disfrutarlo.

La ataraxia


Marc Lagrange (1957-2015)

 

Con el término ataraxia, Epicuro da cuenta del estado propio del sujeto cuando tiene lugar en una circunstancia confortable.

Se suele traducir el vocablo como imperturbabilidad del ánimo, esto es, un talante reposado del cuerpo en la situación en que vive, un estado emocional al que le es ajena la inquietud. Según Demócrito, es un componente de la felicidad.

En todo caso, es una actitud propuesta por el sujeto en una situación propicia para ello. Porque no se trata de una afección del ánimo producto de la acción del contexto sobre el sujeto, sino, por el contrario, una astucia subjetiva, una disposición activa y proclive tanto a la ausencia de pena, como el advenimiento del goce.

La ataraxia, así considerada, es la configuración subjetiva que es parte necesaria y correspondiente de la situación confortable. Sencillamente porque no existe situación de confort más que con sujetos efectivamente dispuestos para disfrutarlo.

La condición confortable


Marc Lagrange (1957-2015)

 

De la condición confortable apenas tenemos noticia de su componente físico ambiental.

En efecto, parece dominar el pensamiento una idea que reduce el confort a un suministro físico ambiental de condiciones que operan sobre un sujeto tan pasivo, que sólo es interrogable acerca de su eventual conformidad. Para el sentido común, la condición confortable es un dato de la realidad que opera en forma unilateral sobre su sujeto. El confort, entonces, es un valor de contexto. Así, son las arquitecturas construidas o los elementos del equipamiento los que brindan la condición confortable a un simple sujeto puramente demandante de solícitos servicios y cuidados.

 

Una idea rescatada del fondo de la historia


Marc Lagrange (1957-2015)

 

A efectos de tratar el concepto de confort como se merece, quizá sea oportuno rescatar una muy vieja y ya olvidada idea rescatada del fondo de la historia del pensamiento.

Es preciso entender, recién hoy, el modo en que el confort implica no sólo una situación física ambiental específicamente localizada, sino también y recíprocamente, un estado subjetivo correspondiente, con lo que el sujeto tiene efectivo lugar en una situación comprobadamente confortable. Para ello debemos rescatar la voz y las enseñanzas de Epicuro (341 a. C- 271/270 a. C.). De éstas extraeremos con cuidado el concepto, poco cultivado por la reflexión filosófica académica, de ataraxia.

La razón para ello consiste en completar la figura del confort allí donde éste se encuentra, aún hoy, carente de un adecuado componente subjetivo. Tal componente subjetivo es esencial para completar la figura conceptual adecuada del confort.

Entonces, ¿qué es el confort?


Pierre Jamet (1910-2000)

 

El confort puede definirse como el valor construido por el concierto de las condiciones objetivas y subjetivas que determinan una situación habitable de bienestar.

Es la expresión que da cuenta de la instancia vincular entre los sujetos habitantes y las condiciones físicas del lugar. Es la condición imprescindible para las situaciones apacibles de la existencia. Es el valor exigible para que el goce de la vida tenga, por fin, efectivo lugar.

Por estas consideraciones, el concepto de confort es merecedor de un detenido examen cognoscitivo, un condigno estudio ético y aún un análisis y síntesis de naturaleza estética.

Producciones del confort


Pierre Jamet (1910-2000)

 

En lo que respecta a las producciones sociales del confort, aquí no nos detendremos en el aspecto obvio de su proliferación en cada aspecto de la vida mediante experiencias y mecanismos ingeniosos que nos la hacen más llevadera.

En cambio, es imperioso señalar un importante afán, que no dudaremos en denominar, con toda justicia, arquitectónico, el que apuesta a integrar estos diferentes servicios a la existencia en un todo coherente, en un régimen de vida confortable. Los eventos productivos de confort encuentran en los lugares habitados su pleno sentido superior al integrarse con todos los otros y con la vida de los habitantes, contribuyendo al esplendor usual de la vida.

Es bajo la forma de arquitecturas vivas que las producciones del confort alcanzan su cometido superior, toda vez que concurren al lugar que les pertenece.

Prácticas del confort


Pierre Jamet (1910-2000)

 

Es preciso estudiar con rigor y esmero las prácticas sociales del confort. Que no son otras que las prácticas materiales y concretas del goce de la vida.

Aquí es necesario volver a la mención, que debemos a Peter Sloterdijk, de la dimensión erototópica, esto es, la dimensión amorosa en la conformación de lugares. Es que las prácticas sociales del confort no son otras que toda aquella que resulte, en la experiencia vivida por el cuerpo habitante, un específico y señalado goce de la vida. Porque somos conciencias encarnadas movidas y aquietadas por emociones, las experiencias del confort nos son necesarias y acuciantes toda vez que buscamos consumar con intensidad esta vida que nos inquieta con su propio deseo.

En la dimensión apasionada del vivir, se alternan estremecimiento y aplacamiento por obra de cada una de sus prácticas: deleitarse en las alternativas de la existencia es posible e imperativo.

¿Una anatomía y fisiología del confort?


Pierre Jamet (1910-2000)

 Las investigaciones sobre el confort cuentan con la asistencia de tres ciencias especialmente dedicadas. Por una parte, existe la somatometría, que es la ciencia que mide con rigor y método los cuerpos humanos y que asiste a lo que se denominan los factores humanos en el diseño. Por otra parte, estos estudios se ven complementados por la ergonomía, que, como su nombre lo indica, mide y valora los esfuerzos humanos, particularmente a través del estudio de la relación específica entre las personas y las máquinas. Por último, también concurre la climatología aplicada a la vida humana. ¿Es acaso suficiente con estas suertes de anatomía y fisiología del confort? Puede sospecharse que no alcanza, ya que la interacción entre las personas y las cosas con las que habita es, de suyo, más compleja. Dicha relación comprende tanto adecuaciones físicas como psicológicas, prácticas sociales compleja e históricamente configuradas y producciones de estados y situaciones de bienestar específicas y sofisticadas.