Moisés Saman
(1974)
Es con este emergente que el ejercicio
de la arquitectura adopta un punto cardinal en el horizonte. Una arquitectura
dirigida de un modo ético por un derecho a habitar surgido de la reflexión
sistemática, pone en línea la labor profesional con un compromiso social claro
y específico. El compromiso profesional de una arquitectura que no sólo
reconoce en el conocimiento del habitar humano su centro epistémico, sino que
entiende el extremo ético de su práctica, constituye una opción por la
condición humana vívidamente implicada. Empieza realmente a valer entonces la
pena destinar toda la capacidad heurística tanto como moral para honrar tal
compromiso.



















