Ruth Bernhard
(1905-2006)
Es por ello que la poética
arquitectónica del cuerpo tiene su tercer aspecto singularmente interesante. Es
por ello que concita nuestra atención. Es por ello que la superficie interior
de la arquitectura merece una consideración meticulosa, pródiga en prudencias y
especialmente sensible.
El carácter universal e inexcusable de
esta poética nos aproxima a la médula misma de nuestra común condición humana,
a la vez que nos advierte sobre la necesaria singularidad de la experiencia de
las personas. He aquí, entonces, una manifestación generalísima de unidad y
variedad particular que es forzoso tener en cuenta.
La arquitectura recíproca, convencional
y exterior deberá toman debida nota de estas especiales condiciones
provenientes de su lado interior y vivo: una fragilidad trémula, universal y
particular.



















