Lee Chapman
Tal
sujeto se ahonda en su condición más propia, íntima y genuina. Es bajo la forma
de habitante que el sujeto adquiere la totalidad de sus determinaciones que
irradian a toda la extensión de su mundo efectivamente vivido. Como tal, esta
dimensión no es ni escalar ni finita, sino vectorial e insondable. En cada
ocasión en que una persona haga presencia y población en un lugar, la
comprenderemos en proyección a su propio e irrenunciable derecho a habitar el
mundo. El constituirse un sujeto una circunstancia, por ello, no es un hecho,
sino un conato, un lanzarse el sujeto hacia ella, realizando su existencia.
Por
ello, no podemos renunciar nunca a nuestro derecho a habitar, porque no podemos
renunciar a ser lo que somos: condición humana encarnada en un aquí y ahora
propios.



















