Elio Ciol (1929)
Uno de
los ahuecamientos urbanos que experimenta el habitar contemporáneo consiste en
la constitución de escenografías urbanas en beneficio de la industria
turística.
Mientras
la ciudad vivida languidece en los centros históricos, persisten las
superficies portadoras de signos de tiempos pretéritos. Lo que quedan, no
obstante, son las piedras y los signos, no la arquitectura palpitante de
autenticidad, no el habitar coherente de los naturales en su lugar, sino los
portadores de signos vacíos de otro tiempo, de otras vidas, de otras relaciones
entre las personas y su entorno construido. Los centros históricos se ahuecan
para mejor ser contemplados con extrañeza. Los centros históricos dejan a las
piedras dormir al sol su condición de lápidas de lo que fue. Mientras tanto,
alguien desde las sombras te ofrece, solícito y voraz, una silla para que
contemples el espectáculo y de paso te tomes algo. Entonces, la escenografía
urbana no es más que un recurso minuciosa y rapazmente explotado para que
pagues el precio del café que allí consumes, extasiado. Es así como consumes la
escenografía urbana del enclave histórico. Es así como habitas, por un breve
instante, un ahuecamiento urbano.