Plumas ajenas: Fernando Pessoa

Começo a conhecer-me. Não existo.
Sou o intervalo entre o que desejo ser e os outros me fizeram,
ou metade desse intervalo, porque também há vida ...
Sou isso, enfim ...
Apague a luz, feche a porta e deixe de ter barulhos de chinelos no corredor.
Fique eu no quarto só com o grande sossego de mim mesmo.
É um universo barato.

Empiezo a conocerme. No existo.
Soy el intervalo entre lo que deseo ser y los demás me hicieron,
o la mitad de ese intervalo, porque además hay vida...
Soy esto, en fin...
Apaga la luz, cierra la puerta y deja de hacer ruido de
zapatillas en el pasillo.
Quede solo yo en el cuarto con el gran sosiego de mí mismo.
Es un universo barato.
Álvaro de Campos (Fernando Pessoa)


Hoy, 15 de noviembre, Día Mundial de la Filosofía

Honor al asombro, a la curiosidad y a la reflexión en cualquiera de sus aspectos.

Pasado en el presente

Louis Daguerre (1787–1851) Efecto de la nieve y la niebla en una columnata gótica (1826)

Una historia que no se interesa por la memoria como recuerdo, sino como economía general del pasado en el presente
(Pierre Nora, 1998)

Hay quien ha dicho que todos demandamos al historiador, de una forma u otra, una misma consigna: Cuéntanos cómo fue.
Sin embargo, de las palabras de Pierre Nora se desprende que podríamos inquirirlo en otros términos. ¿Cómo es que llegamos a esta situación presente? Con mucho, esta cuestión es mucho más desafiante y quizá más pertinente. Es más desafiante porque supone desmontar el presente en los procesos tal como se desarrollan hoy e investigar cómo se han originado en un pasado que proyecta sus luces y sombras en el tiempo que aún transcurre. Es, por otra parte, más pertinente porque necesitamos entender la concreta contextura histórica del momento que nos toca vivir para poder proyectar hacia el futuro con conciencia fundada.

Necesitamos una nueva historia.

Oficina

Hans Temple (1857- 1931) En la oficina (1919)

Volvió el noble trabajo
aleluya
qué peste
faltan para el domingo
como siete semanas.
Mario Benedetti, Poemas de la oficina, 1956

Una vez que el manejo de la información se volvió crítico tanto desde el punto de vista político, administrativo o comercial, se dio lugar a la más omnipresente forma de trabajo: la oficina.
Se trata siempre de una ocupación sedentaria, que exige concentrarse sobre una superficie de trabajo y que se aplica a gestionar flujos ingentes de información en donde el formalismo ritualista desplaza en importancia a la propia realidad referente. Para un oficinista, un hecho existe si y sólo sí existe un registro formal de tal y éste se vuelve sustancialmente prioritario aún frente a la constitución efectiva del propio hecho.
Así, una oficina se vuelve un modo de sentir y haberse con el mundo, más que un simple marco de trabajo. Así, espacio y tiempo son rellenados con flujos de tareas repetitivas que fácilmente se ven desprovistas de sentido para los sujetos. Así, las oficinas se vuelven paisajes paradójicos en donde el suelo, el horizonte y el cielo dejan de tener entidad efectiva para diluirse en ámbitos de ambientes artificialmente acondicionados en donde el tiempo discurre ajeno.

El cielo de veras que no es éste de ahora
el cielo de cuando me jubile
durará todo el día
todo el día caerá
como lluvia de sol sobre mi calva.
Mario Benedetti, íbidem.


Todo bastante mezquino, pero todo parece indicar que cada vez más personas tendrán unas oficinas como modo de trabajar, de sentir y de vivir.

De vuelta

Eastman Johnson (1824- 1906) En casa (1873)

Una casa es el lugar donde uno es esperado.
Antonio Gala

Casi a diario volvemos a nuestra casa y, por lo general, se trata de un pequeño momento gratificante.
Tal gratificación está, por cierto, menoscabada por la cotidianidad. Se repite tantas veces que sólo cuando nos distanciamos recuperamos algo de sus emociones genuinas.
Empezamos a volver cuando abandonamos el compromiso público: abandonamos nuestro trabajo, terminamos de hacer nuestras gestiones o compras, nos volvemos hacia el ámbito privado antes con la atención que con nuestros pasos. Empezamos, entonces, con un cierto cambio de ritmo, con unas ciertas reorientaciones, con las derivas de las sendas de la vuelta.
En el camino, la sucesión de regiones se vuelve cada vez más propia y frecuentada: comenzamos  por acceder al barrio, a las cercanías, a los escenarios que no por nada denominamos familiares. Umbral tras umbral, cruce tras cruce, vamos progresando en apropiación y referencia. Nos empezamos a sentir en casa mucho antes de estar ante su puerta.
Hay muchas maneras de caracterizar una casa. Pero definirla como el lugar donde uno es esperado es dar con una expresión singularmente ajustada. Es que una casa no es un simple recinto, no es una cosa apenas contorneada por sus muros divisorios, no es una puerta que se nos abre de buena gana, es una estructura de lugares habitados en donde se nos aguarda.

Y entonces una casa es la emoción propia de aquellos que son esperados.

Arquitecturas de delante-y-atrás

Anónimo El ambiente en uno de los patios del Maribor, Eslovenia (s/f)

La gloria de una lograda villa exenta en su parque es ofrecer todos sus costados por igual, pero los edificios burgueses suelen tener frente y espalda, delante-y-atrás.
Con esto, las fachadas hacia la calle muestran sus más señaladas virtudes, mientras que en los corazones de manzana se padece la proliferación de desastrados patios traseros, los descuidados reversos de los edificios citadinos. Es una indignidad de la arquitectura aparente: un falaz dispendio de decoro representativo en detrimento de la calidad efectiva de los espacios vivideros.

Tiene que haber una arquitectura igualmente digna y decorosa por todos sus lados. Tiene que desarrollarse un decoro integral e intrínseco de la totalidad del lugar habitado. Tiene que sernos posible, por nosotros, los habitantes.

Plumas ajenas: Idea Vilariño

Cuando compre un espejo para el baño...

Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decíme
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez-mis once años-
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo ésa es idea
y le sonreiré dándome ánimos.


De la Selva o Bosque al Parque

Johann Sperl (1840–1914) Muchacha en el jardín (1885)

El que nos encontremos tan a gusto en plena naturaleza proviene de que ésta no tiene opinión sobre nosotros.
Nietzsche, 1878

Desde una perspectiva algo ingenua, un parque resulta de la reserva de Naturaleza que guarda, de modo conveniente, nuestro hábitat.
No obstante, es preciso observar que el proceso que va de la conformación plena de la selva o el bosque naturales a un parque habitado resulta de una articulación distintiva clara y nítida.
En efecto, una selva o bosque constituyen extensiones indeterminadas, por definición incultas, que a veces adquieren contenido sagrado y donde las emociones básicas son el miedo, la acechanza de amenazas reales y simbólicas y una suerte de ajenidad. Por su parte, un parque constituye una extensión definida signada por el cultivo más o menos regular y el arreglo estético más o menos claramente denotado. Un parque es territorio de los mortales que lo cuidan y disfrutan y en donde la emoción dominante es una calma especial, sosiego que proviene de la apropiación efectiva y simbólica de un vergel.

Es en los lindes del parque donde hemos señalado con precisión cómo confrontan naturaleza y cultura.

Unas reglas de juego bien iluminadas

Jean Béraud (1849–1935) La partida de billar (s/f)

No se necesitan muros o cubiertas para conferir forma a los lugares.
En esta escena, basta que en una región imperen unas ciertas reglas y que se configure un brillante cono de luz que sume a las zonas circundantes en las penumbras. Y ya está definido el lugar con sus habitantes, los jugadores. El juego propone afrontar un centro y a la espalda de los participantes queda el resto del mundo, que apenas murmura. El contorneado del lugar está definido con exactitud por las sagaces maniobras de los billaristas.


Un retiro fresco y a la sombra

Max Liebermann (1847- 1935) El banco de jardín (1916)

Un jardín significa siempre una añoranza a la que se ha dado forma, también un regreso sentimental a la edad dorada, a la vez que un escape hacia la utopía.  
Carl Friedrich Schrörer, 1992
Hay jardines que parecen sitios rescatados de un incomprensible olvido.
Un banco bien situado es un lugar en donde ya hemos reposado, si sólo pudiéramos recordar cuándo. Hay jardines a los cuales siempre regresamos.
Quizá porque un jardín conforme una vivencia profunda de tranquila felicidad que se oculta cuidadosamente hasta el momento en que, creyendo falazmente que visitamos por primera vez el lugar, en verdad sólo volvemos a aquel jardín de la memoria.

Se puede sospechar, por lo tanto, que todos los jardines son, en esencia, uno mismo y es aquel del que guardamos vacilante recuerdo.

Excelente artículo que recomiendo

Véase:
http://manueldelgadoruiz.blogspot.com/2015/03/una-sociedad-de-miradas.html

Yuxtaposiciones

Louis Stettner (1922- ) Hôtel de Ville (2001)

Hablaban de un caballo. Yo creo que era un ángel.
Oliverio Girondo, “Aparición urbana”

Por más que la planificación consciente de la ciudad intente destinar una-cosa-para-cada-función, lo cierto es que en el escenario urbano se suceden yuxtaposiciones.
Se trata de encuentros de disimilitudes. De contactos de entidades que no llegan a tocarse, porque habitan mundos diferentes. De poemas surrealistas de la vida cotidiana. De colisiones de significados.

De eso se trata el habitar de la ciudad. Sólo que no aparece en los planes de los urbanistas. Quizá esto último sea una suerte.

Plumas ajenas: Conde de Lautréamont

Sepulturero, es hermoso contemplar las ruinas de las ciudades, pero es más hermoso todavía contemplar las ruinas de los hombres.


Lautréamont

Una mirada otra

Caspar David Friedrich (1774–1840) Monasterio en ruinas (1825)

El romanticismo no se halla ni en la elección de los temas ni en su verdad exacta, sino en el modo de sentir. Para mí, el romanticismo es la expresión más reciente y actual de la belleza. Y quien dice romanticismo dice arte moderno, es decir, intimidad, espiritualidad, color y tendencia al infinito, expresados por todos los medios de los que disponen las artes.
Baudelaire, 1846

Ante el espectáculo de una ruina arquitectónica, George Simmel ha observado la resolución de un conflicto entre la humana voluntad de conformación y la oposición activa de la naturaleza, resuelto este dilema en favor de ésta última. También es dable ver que la ruina revela el tiempo como dimensión de lo arquitectónico, por sobre la configuración espacial. Lo que parece también claro es que la escena romántica de unas ruinas es un relato de una lucha que interpela al sujeto contemplador, invitándolo al compromiso emocional de la melancolía.

El ideal romántico reside en transmitir la recreación de cierta belleza que aporta la confluencia del tiempo de lo pasado con el tiempo de lo percibido. La decadencia de la ruina como paso del tiempo configura un gusto hacia la degradación, lo desconocido y el misterio de lo deshabitado o no habitable.  
Rafael Gómez Alonso, 2016


Una mirada otra nos descubre nuestra necesaria participación emocional con una descubierta naturaleza vital, conflictiva y temporal de los lugares habitados por el hombre.

Teoría de la finalidad habitable: aquello que hay que producir

Childe Hassam (1859–1935) Niños (1897)i

El arte no enseña nada más que el significado de la vida.
Henry Miller

La teoría de la finalidad habitable tiene consecuencias de orden productivo.
En primer lugar, si el habitar es la causa final de la arquitectura, es el habitante y su condición humana la causa material y formal de la conformación efectiva de lugares para vivir.
En segundo término, la arquitectura no se concibe en la mera concreción de cosas construidas, sino como la efectivización de relaciones de habitación entre las personas y los lugares. La producción arquitectónica, entonces, no es una producción de cosas sino una producción de relaciones humanas con los lugares.
Por último, la arquitectura no se contenta con el diseño pleno y acabado de la forma, sino que origina una proyección constructiva de los lugares que se completan sólo en el habitar efectivo de las personas. Las arquitecturas son, entonces, obras en construcción y reformulación según los pulsos de la vida que alberguen.

La arquitectura de la ilustración no se restringe a la habitación construida; son los niños que la pueblan los que les confieren sentido pleno y vital.

Teoría de la finalidad habitable: aquello que hay que practicar

Childe Hassam (1859–1935) Camino de regreso (1884)

Los hombres son criaturas muy raras: la mitad censura lo que practica; la otra mitad practica lo que censura; el resto siempre dice y hace lo que debe.  
Benjamin Franklin

La teoría de la finalidad habitable tiene consecuencias de orden práctico.
La primera consecuencia es que el depositario principal de las prácticas sociales de concepción y proyecto ya no es, por definición, una reserva de un conjunto de profesionales especializados, sino que es el fondo del psiquismo de cada habitante.
La segunda, derivada de la anterior, es que a las prácticas proyectuales y constructivas tradicionales de los arquitectos profesionales debe agregarse una atenta actividad hermenéutica de los deseos y demandas de los sujetos habitantes.
Una tercera consecuencia es la deriva crítica de la concepción restrictiva profesionalista tradicional a la consideración plena y profunda de la arquitectura como actividad social de producción.

La Teoría del Habitar constituye un nuevo derrotero para las prácticas arquitectónicas y quién sabe si no constituirá un camino de regreso a su verdadero origen.

Teoría de la finalidad habitable: aquello que hay que saber

Childe Hassam (1859–1935) Tarde de verano (1886)

Es mejor saber después de haber pensado y discutido que aceptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar
Fernando Savater

La teoría de la finalidad habitable tiene consecuencias de orden epistemológico.
En este marco, aquello que hay que saber es sobre la condición humana del habitar. Puede pensarse que este compromiso tiene, al menos, ciertas orientaciones generales:
La primera es desarrollar modos rigurosos de observación de la conducta habitable.
La segunda consiste en desarrollar asimismo formas eficaces de interpretar estas conductas, tanto en la perspectiva del estudioso, así como en los significados que el habitar adopta en la perspectiva propia de los habitantes
Por último, debe construirse una plataforma de investigación, una deriva heurística a efectos de orientar estratégicamente los estudios.

Todo esto para conseguir saber lo necesario y relevante del modo de habitar una ventana una tarde de verano, entre otras cosas.

Teoría de la finalidad habitable

Kawase Hasui (1883- 1957) Noche lluviosa en Nissaka, (1942)

Empieza por el principio - dijo el Rey con gravedad - y sigue hasta llegar al final; allí te paras. 
Lewis Carroll

La Teoría del Habitar tiene a la finalidad habitable como el único fin en sí mismo de la actividad arquitectónica.
Desde el punto de vista del constructor, el edificio puede ser un fin en sí mismo: el que llegue a existir un orden material y energético estable y durable es el fin de la ingeniería de la construcción. En efecto, desde un cierto punto de vista, un edificio es un ingenio que resulta de una destreza competente. Hay que reparar, sin embargo, que tal fin en sí mismo se cumple en el caso del sujeto constructor, pero no en todo otro sujeto que no detente esta condición. Luego, el edificio es un fin en sí mismo sólo para su constructor.
Desde el punto de vista del proyectista, el proyecto, esto es, la representación de la anticipación ideal del edificio puede ser un fin en sí mismo: el que llegue a ver la luz la muestra elocuente del talento artístico del diseñador. También desde un cierto punto de vista, un edificio es la materialización de una intención intelectual que le confiere forma positiva. Pero este aspecto constituye un fin en sí mismo sólo para quien sea el efectivo proyectista. De esto se desprende que un proyecto sólo puede ser un fin en sí mismo sólo para el proyectista.
Mientras tanto, toda la humanidad, incluyendo a los constructores y proyectistas, habitamos obras arquitectónicas o podemos hacerlo. La finalidad habitable es universal, a la vez de toda obra arquitectónica y de todos los seres humanos.  De donde, la habitación de la arquitectura es un fin en sí mismo en toda circunstancia.

Y cuando llegamos a esta finalidad, entonces y sólo entonces, nos detenemos allí.

Viajeros

Edward Frederick Brewtnall (1846–1902) ¿Cómo sigue? (s/f)

Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas
Henry Miller

Homenaje a quienes empiezan a viajar con un mapa y con muchos sueños.