Julie Blackmon
(1966)
Llegados
a este punto podemos asomarnos apenas a una nueva forma de evidencia.
Podemos alentar la esperanza de apreciar
la arquitectura no ya desde la contemplación experta tradicional, sino de una
naciente vivencia exploradora que ose inmiscuirse por regiones no frecuentadas
aún. Habrá mucho que percibir y que valorar de esta región fronteriza entre la
vida y la arquitectura construida. Y habrá mucho que descubrir de una poética
recíproca del habitar, una poética arquitectónica tan comprometida con la vida
humana, que consiga estremecerse con sus más íntimas efusiones.



















