Antanas Sutkus
(1939)
Se
hace necesario examinar, siquiera someramente, los ejercicios profesionales de
la arquitectura.
Para algunos colegas, su labor es un
emprendimiento artístico, en donde todo el compromiso se aplica a la
autosuperación personal a efectos de encontrar un camino propio y auténtico en
la determinación histórica de la forma arquitectónica. Suelen ser personas
dotadas de un especial talento tanto para el diseño como para una percepción
aguda de algo que puede denominarse el espíritu de los tiempos (Zeitgeist).
Esta disposición personal les permite y fomenta las búsquedas de la excelencia
en la labor superior de determinación formal de los artefactos construidos como
fin en sí mismo.
Por otro lado, otros arquitectos hay que
se aplican a un enfoque empresario de su actividad, toda vez que son
conscientes de su papel en el sistema productivo del entorno construido:
agregar valor tanto a la industria como a los productos que de ella resultan,
con el más exitoso resultado que pone a prueba el mercado inmobiliario. Así,
estos colegas se afanan en buscar los modos más funcionales, eficientes y
exitosos cuya adecuada circulación mueve los flujos de la economía.
Por fin, habría lugar incluso para un
tercer tipo de ejercicio profesional. Un ejercicio propio de servidores
sociales, proclives a la consideración sistemática de la condición situada de
las personas. Una profesión puesta al servicio de la habitación humana, que
aspira a una consumación existencial de la forma arquitectónica y a una trascendencia
ética de toda determinación del producto arquitectónico como mercancía.
Hay lugar para todas las formas del
ejercicio profesional arquitectónico, pero nos detendremos particularmente en
el último de los mencionados.



















