Lewis Hine
(1874-1940)
En efecto, pasión es el apetito de algo o afición vehemente a ello,
profesada por comitentes, empresarios y arquitectos, que se corresponde con el padecimiento —corporal, emocional,
reflexivo— que experimentan los trabajadores que se encaraman sobre el vacío
para que se dé efectivo curso a la consecución de obras magníficas. Un aspecto
de la misma pasión es complementado por otro. Por ello, el furor arquitectónico
no se desencadena si no es con una perturbación
o afecto desordenado del ánimo. Erigir edificios es asunto apasionado, en
todas las acepciones del término.
Mas la consecución de lugares para
habitar es aún más apasionada, porque es una labor más rica y compleja que la
empresa de erigir edificios. Aun así, debemos comenzar por reparar en la honda
meditación que puede realizar el obrero, acaballado en las alturas, allí donde
las vigas consiguen unirse. Desde tal punto de vista, las cosas adquieren un
cariz especial y revelador.
Convendrá reparar en el concepto mismo
de pasión, para entender a fondo la arquitectura como actividad social de
producción.



















