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Honduras

Vilhelm Hammershøi (1864–1916) Las cuatro cámaras (1914)

¿Llegaremos a lo más profundo de un interior si no es mediante posesión legítima y morosa?


Colpoprácticas radicales

En qué medida podremos adentrarnos en un lugar y qué esfuerzo nos insumirá la faena es cuestión que merece cierta atención.
No se trata del mero acceder a un interior: la prospección recién comienza con la simple trasposición del umbral. Por otra parte, la marcha seguramente se detendrá mucho antes que lleguemos a entrever el recóndito hueso de lo íntimo. Cuando esto suceda, será cuestión de miradas y manos que apartan, que excavan, que descorren velos, que hurgan hacia el fondo de los cajones.

Pero puede sospecharse que los interiores tienen aún una región aún más entrañable y que se sustrae a las más sofisticadas colpoprácticas: la hondura del alma de quien habita a justo título ese interior.

Historia de dos ciudades

Vista de Río de Janeiro con la favela Dona Marta en primer plano


¿Hasta dónde podemos llamar a esta coexistencia no pacífica bajo el nombre común de ciudad y no un agregado de mosaicos sociourbanos?

Mosaicos sociourbanos

Nuestro desenvolvimiento socioeconómico tiene una expresión territorial urbana denotada en la segregación socioeconómica que resulta en mosaicos sociourbanos yuxtapuestos.
Mientras que las ciudades tradicionales se desarrollaban morosamente y en forma continua en torno a un centro, los agregados urbanos contemporáneos se expanden con rapidez y en forma desarticulada, explayándose por el territorio de modo discontinuo. Al tradicional ensamblado de lugares de producción, de servicios y de residencia lo sucede una dispersión de manchas territoriales segregadas: se desarrollan grandes establecimientos productivos por una parte, independientes de las concentradas áreas de servicio y estas desentendidas de amplios enclaves de naturaleza puramente residencial.

Así la dinámica urbana interactúa a su modo con el desenvolvimiento de la economía capitalista donde cada uno va a parar a sitio que pueda pagar, avecinándose con sus iguales y separándose temeroso de los “otros”. Así nos va.

El lugar del poeta

Escritorio del poeta Pablo Neruda en su casa de Valparaíso, llamada La Sebastiana

ya no pensemos más: ésta es la casa:

ya todo lo que falta será azul,

lo que ya necesita es florecer.

Y eso es trabajo de la primavera.

Pablo Neruda, 1959

Casa del aire

Yo construí la casa.

La hice primero de aire.
Luego subí en el aire la bandera
y la dejé colgada
del firmamento, de la estrella, de
la claridad y de la oscuridad.
Pablo Neruda, La Sebastiana,

La hice primero de aire, dice el poeta y lo dice con razón clarividente: las casas son lugares respirables, tenues, henchidos de deseo.
Como lugares respirables no sólo alcanzan a volver la vida meramente posible, constituyen el medio que vuelve posible la cadencia de la voz del poeta. Las poesías concurren a la vibración virtuosa de la atmósfera.

Invocar el aire es convocar el hálito que inspira, es alcanzar la ingravidez de la ensoñación, es elevarse para reinventar voluptuosamente el mundo.

Eso que se deja ver

Frontispicio del Ensayo sobre la arquitectura (1753) de Marc-Antoine Laugier (1713- 1769)


Existen momentos históricos apropiados para condensar el conocimiento de una cuestión entre las tapas de un tratado. Quizá sea el momento de un tratado de la teoría del habitar, por más que, a primera vista parezca prematuro.

Sobre la pertinencia de un tratado

En nuestro siglo, el núcleo del saber humano ha explosionado, disgregándose en mil pedazos. También la arquitectura ha experimentado esa fragmentación y hoy vive con una mezcla de estupor y resignación la imposibilidad de un “tratado” que recomponga, de un modo armonioso, los fragmentos de ese saber disperso.
(Martí Arís, 1993)

Sobre la posibilidad de elaborar un tratado de teoría del habitar
Por cierto, el saber arquitectónico constituye un saber disperso.
Algo distinto sucede con la Teoría del Habitar: lo poco que se sabe aparece concentrado en optimistas expresiones de deseo. Desde este punto de vista, la pretensión de elaborar un tratado de la cuestión puede parecer algo prematura.
Sin embargo, también es cierto que  existe un preciso momento en que el saber se coagula —por decirlo así— en una forma tal que volvería pertinente la pretensión de redactar un tratado, para prevenirse de la inevitable dispersión que sucederá a la maduración de la cuestión.

El momento histórico puede ser el actual.

La vida, una arquitectura profunda

Josef Anton Trčka (1893- 1940) Hilde Holger (1926)

Las dimensiones y proporciones de los elementos arquitectónicos no sólo se deben a la aplicación de los cánones de la tratadística, sino que también deben responder al empuje de la vida que albergan.


No una sino dos arquitecturas

Uno podría considerar, con provecho, apreciar en todo lugar habitado la emergencia no de una arquitectura, sino de dos.
Una arquitectura es la que estamos acostumbrados a considerar, a percibir y a comprender: la arquitectura aparente, material y formalizada en forma dura. En otras palabras, la arquitectura propia del edificio.
La otra arquitectura es profunda, humana y fluida tal como lo impone la vida. Tiene una contraforma, esto es, la forma de la vida humana que en el seno de la forma construida encuentra amparo y referencia. En cierto sentido, es una coreografía en interacción significativa con el escenario construido.

Esta última arquitectura es la que demanda más atención: allí radican las fuerzas que pugnan por hacer de la arquitectura una realidad viva.

Un paso más

Thomas Cole (1801- 1848) El peregrino al fin de su día (1847)


Hemos emprendido una larga marcha y eso que sabemos cómo se termina. No obstante, no dejamos de marchar.

Habitar la marcha

Desde que conseguimos erguirnos sobre nuestros pies y avanzar, no dejamos de marchar. Vivimos en marcha.
Generalmente se asocia el habitar con las imágenes del sedentarismo, esto es, en los instantes de parada entre marcha y marcha. Pero, de un modo fundamental, también habitamos marchando. Supone ejercer la dimensión primera de nuestro habitar. A la pura condición animal de semoviente, los mortales le confieren significados de progreso, de desarrollo, de consecución de metas siempre intermedias, hasta la extenuación de la muerte.

Hay todas unas actividades ordenadas según la dimensión de la marcha       —marchar, detenerse, avanzar, retroceder, entrar, salir…— que deben ser estudiadas en sus connotaciones existenciales.

Los sueños. Modos de dirigirlos

Anónimo. Portada del libro Los sueños de Hervey de Saint-Denys (1867)


Por ahora, se trata de soñar e intentar cultivar el sueño lúcido, materia ilustrada por este libro, del que apenas hemos salvado la portada. Soñar, en todo caso, en que otro mundo es posible.

Atisbar algo de verdad

Lo real no es nunca “lo que podríamos pensar” sino lo que hubiéramos debido pensar. El pensamiento empírico es claro después, cuando el aparato de las razones ya está a punto. Volviendo sobre un pasado de errores, encontramos la verdad en un verdadero arrepentirse intelectual.
Gaston Bachelard, 1971

En el presente estadio de la cuestión que nos ocupa, es necesario forjar el necesario aparato de razones del que habla Bachelard.
En otras palabras, es oportunidad para el desarrollo teórico que dé forma al objeto a investigar, a los métodos de asedio, a los criterios y valores. Lo que podríamos pensar es aquello que nos oculta las causas de nuestros problemas e inconsecuencias actuales. Las prácticas profesionales de la arquitectura no responden debidamente a las acuciantes demandas sociales de un hábitat adecuado, justo y decoroso. Es porque lo que podríamos pensar es, en gran medida una ideología que enmascara las razones de nuestros problemas.
Por ahora, la cuota de pertinente arrepentimiento intelectual radica en no haber examinado con atención la constitución humana en los lugares que habita. Por algo se empieza.


Sujetos de derechos

Victor Kuzmich Teterin (1922- 1991) Trabajadores viales (1958)


Ya es tiempo que aquellos que se esfuerzan en la construcción del hábitat sepan de su derecho a habitarlo en forma adecuada, digna y decorosa.

Demanda social por el hábitat

El activismo social ha recorrido un largo camino desde que se ha lanzado a la calle a reclamar, a justo título, vivienda digna y popular.
Ciertamente, hay mucho todavía por hacer, aún si nos circunscribimos, de modo muy estricto a la reivindicación de la vivienda. Sin embargo, los sectores más lúcidos han descubierto, por una parte, que una residencia es algo más que un satisfactor específico de una demanda igualmente específica y por otra, que es la ciudad un territorio igualmente reivindicable a título más que legítimo.

Pero lo que no ha hecho carne claramente en la conciencia social, es que existe una reivindicación más amplia y profunda, que comprende al propio hábitat adecuado, digno y decoroso para todos.

Cuestiones de apertura (56)

¿Es pertinente una operación de extrañamiento (Entfremdung) que arroje nueva luz sobre el papel de los componentes arquitectónicos corrientes?

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