Apuntes de viaje (XV) Sospechas y constataciones


La industria de la góndola en Venecia, 2017

Hay un instante decisivo en que se adquieren certezas.
Cada pasajero de una góndola veneciana puede creer, sin faltar del todo a la verdad, que es sujeto y objeto de una experiencia única y particular. Hasta que completa esta verdad a medias con la interesante constatación que hay toda una encarnizada industria de la góndola para hacer posible estas experiencias únicas, particulares... y rentables.
Mientras tanto, las máscaras carnavalescas venecianas no dejan de reír con el sarcasmo que sólo pueden cultivar ellas, veteranas de siglos.

Una voz: Antonio Porchia


¿Es tanto lo que no sé? ¿Y cómo? ¿Es que alguna vez habré sabido tanto, que es tanto lo que no sé?
Antonio Porchia

Interesante artículo

Véase:
http://manueldelgadoruiz.blogspot.com/2020/01/por-que-se-quiere-evitar-la-formacion.html

La ciudad que nos merecemos

KNCR CREW. Grafiti en Montevideo

¿Seremos capaces de vernos en este espejo?
La ciudad en que vivimos es el resultado efectivo del estado relativo de la sensatez política de nuestra comunidad.

¿Montevideo, tal como está y como se está desarrollando, es la ciudad que se merecen sus montevideanos?

Tránsitos

Gustave Caillebotte (1848- 1894) Camino arriba (1881)

Pero es peligroso caminar por donde todos caminan, sobre todo llevando este peso que yo llevo.
Juan Rulfo

Si el atravesamiento de umbrales es la actividad habitable inaugural por excelencia, el transitar es, con mucho, la actividad verdaderamente dominante en la vivencia efectiva del espacio y el tiempo.
La propia vida es un tránsito: todo puede reducirse, en definitiva,  a marchar hacia donde nos muestra la punta de la nariz, con apenas pausas para recuperar fuerzas. Marchar es necesario, adelantar sobre la propia posición, hacer camino al andar.
Medimos los lugares según espacio y tiempo con el esfuerzo de la marcha. Todo proyecto es un itinerario. Todo lugar es, en principio, una senda.

El habitar, de un modo dominante y crónico, es dinámico, es esforzado y es laberíntico en su traza fundamental.

Padecimientos de la vida cotidiana

Honoré Daumier (1808-1879) Ómnibus (1864)

Tengo la horrible sensación de que pasa el tiempo y no hago nada y nada acontece, y nada me conmueve hasta la raíz.
Mario Benedetti, 1960

No se tratará aquí de las patologías del habitar, sino de ese discurrir distraído, olvidado de si y descolorido que por lo general puebla nuestras rutinas.
Apenas si pasa el tiempo. Sin acontecimientos, esto es, sin esas instancias cruciales que señalan cambios, transformaciones, mudanzas, el tiempo es mero transcurrir, deslizarse sobre la pura duración, levedad insípida.
Padecemos el prosaísmo de la vida cotidiana cuando nos volvemos sordos a las voces del poeta: hace falta conmovernos. Dejamos de ver a nuestro alrededor lo que sólo nuestros artistas plásticos nos pueden revelar. La ciudad nos escribe la vida y no somos capaces de descifrar sus sentidos ocultos.

Nuestro resignado letargo no es un destino obligado. La vida cotidiana merece algo más que su mero padecimiento.

Aisthesis arquitectónica con el concurso de Juhani Pallasmaa (XVI)


Forman Hanna (1881-1950)

El ojo es el órgano de la distancia y de la separación, mientras que el tacto lo es de la cercanía, la intimidad y el afecto. El ojo inspecciona, controla e investiga, mientras que el tacto se acerca y acaricia. Durante experiencias emocionales abrumadoras tendemos a cerrar el sentido distanciante de la vista; cerramos los ojos cuando soñamos, cuando escuchamos música o acariciamos a nuestros seres queridos. Las sombras profundas y la oscuridad son fundamentales, pues atenúan la nitidez de la visión, hacen que la profundidad y la distancia sean ambiguas e invitan a la visión periférica inconsciente y a la fantasía táctil.
Pallasmaa, 2005

Es especialmente interesante reparar en estas observaciones.
Estas preludian una reconsideración crítica de nuestras operaciones sensibles, labor fundamental para la construcción de una renovada aisthesis arquitectónica. Podemos comprender aquí la diferencia entre la compleja percepción global de las personas y el mero flujo físico de información a través de un órgano. Aun la ausencia de estímulos es significativa y sujeta a los caprichos y hábitos del cuerpo.

Trasposición de límites

James Lobley (1828–1888) La pequeña Nell abandona la iglesia (1867)

La habitación humana tiene principio en la trasposición de umbrales.
Cada vez que cruzamos una puerta puede experimentarse un sutil estremecimiento: adviene un mundo ya en el espacio, ya en el tiempo. Nunca estamos absolutamente seguros de lo que vendrá. Siempre cambiamos de estado, de etiqueta, de empaque. Somos muy ligeramente diferentes antes-y-después, o ante-y-tras el umbral. Cruzar el límite tiene algo de inaugural, de ocurrencia, de entrañable novedad. Por eso, las puertas, que se abren y cierran a nuestro paso, nos infligen un cierto espasmo que nos recuerda, por si acaso estamos muy distraídos, que estamos vivos.

Nunca es nimio el gesto al trasponer el origen de una circunstancia. Disponer puertas y umbrales en los lugares es tarea muy delicada.

Apuntes de viaje (XIV) Elogio de la gente que hace bien a su paisaje


Alrededores de San Gimignano, 2017

Ha sido en la campiña toscana en donde nos hemos maravillado con el concierto armonioso entre las personas y su paisaje.
Es de hacer notar que no se advierte una situación singular especialmente distinguida, sino un moroso consenso de todos y cada uno de los actores históricos que se suceden en el tiempo y que coexisten en el paisaje. A la solidaridad de los vecinos, prolongada por la confabulación de las generaciones, se le complementa con una alianza entrañable con el solar cultivado.
El resultado no sólo es hermoso; también es aleccionador. ¿Cuándo dejaremos nosotros de ser advenedizos en nuestro propio paisaje?

Una voz: Antonio Porchia


Como me hice, no volvería a hacerme. Tal vez volvería a hacerme como me deshago.

Antonio Porchia

Lenta y larga marcha

William McGregor Paxton (1869- 1941) Luz matutina (s/f)

… una teoría de los lugares, de las situaciones, de las inmersiones se pone en marcha lentamente…
(Sloterdijk, 2004: 24)
Esta breve línea de Sloterdijk resuena en un ámbito en donde se pretende desarrollar una teoría completa.
Es completa una teoría que incluya en su seno
  • una ciencia de la constitución de los lugares, eso que aquí se persigue como una antropología del habitar
  • una teoría ética y política de las situaciones, de la constitución existencial de estar-ahí.
  • finalmente, una estética de la inmersión, de la aprehensión inmediata del objeto estético por parte del sujeto implicado plenamente en la obra de arte como su medio.


Pero subsiste una intrigante pregunta: ¿por qué se pone en marcha aún tan lentamente? ¿Llegaremos a verla plenamente desarrollada algún día?

El cuerpo usuario

Joseph DeCamp (1858- 1923) La costurera (1916)

Quien mira desde afuera a través de una ventana abierta nunca ve tantas cosas como el que mira una ventana cerrada. No hay objeto más profundo, más misterioso, más fértil, más tenebroso, más deslumbrante que una ventana iluminada por una vela. Lo que se puede ver al sol es siempre menos interesante que lo que ocurre detrás de un vidrio. En ese agujero negro o luminoso vive la vida, sueña la vida, sufre la vida.
Charles Baudelaire, 1869

Con la operación de ciertos mecanismos apenas si comenzamos con la implementación de los útiles.
Véase: una ventana puede abrirse, entornarse o cerrarse, ajustar la iluminación mediante cortinas, postigos o contraventanas y otras operaciones similares.
Pero con esto no se circunscribe la totalidad de uso que le damos. Allí nos situamos para el disfrute de la brisa, del gradiente térmico, de su iluminación. Es un lugar adecuado para la meditación, el ensueño y la proyección subjetiva hacia lo más allá. A través de una ventana provienen las novedades del tiempo y del mundo exterior. Desde afuera y en la oscuridad, una ventana desvela una siempre misteriosa intimidad de la vida. Las proporciones y situación de una ventana afectan y condicionan el arreglo y disposiciones de la habitación. Los usos de una ventana —o cualquier otro elemento arquitectónico— son mucho más que puras operaciones mecánicas.

La razón de ello es que las personas somos mucho más que simples y eficaces operadores de mecanismos. Y por eso una casa es mucho más que una máquina para habitar.

Hacia una patología del habitar (II)

Río de Janeiro

Conseguir un hábitat que resulte adecuado a nuestra genérica igualdad se dice fácil. Lo difícil es conseguirlo.
No basta con la consideración de las infraviviendas y los asentamientos irregulares; cabe preguntarse por las yuxtaposiciones, las colisiones y las difíciles coexistencias en el seno de una ¿misma? ciudad de despilfarros insultantes e insostenibles enfrentados a amplias poblaciones aquejados de carencias básicas. La patología está en una y otra región urbana.

Porque la ciudad de las infraviviendas, los asentamientos irregulares y su sufrida población van en una cierta dirección, mientras que la ciudad opulenta e insostenible va en otra. Y ambas, cada una en su dirección, van a sendos callejones sin salida.

Aisthesis arquitectónica con el concurso de Juhani Pallasmaa (XV)


Forman Hanna (1881-1950)

La visión revela lo que el tacto ya conoce. Podríamos pensar en el sentido del tacto como en el inconsciente de la vista. Nuestros ojos acarician superficies, contornos y bordes lejanos y la sensación táctil inconsciente determina lo agradable o desagradable de la experiencia. Lo distante y lo cercano se experimentan con la misma intensidad y se funden en una experiencia coherente. En palabras de Merleau-Ponty: "Vemos la profundidad, lo aterciopelado, la suavidad, la dureza de los objetos; Cézanne decía incluso: su olor. Si el pintor quiere expresar el mundo, es necesario que la disposición de los colores lleve en sí misma este Todo indivisible; si no, su pintura será una ilusión de las cosas y no las reflejará esta unidad imperiosa, la presencia, la plenitud insuperable que constituye para nosotros la definición de lo real".
Pallasmaa, 2005

La proposición que presenta al tacto como inconsciente de la vista es ejemplarmente seductora.
Bien podría fundamentarse en la observación de la conducta humana, que principia por palpar ansiosamente las cosas para luego considerarlas con el sentido de la vista. Es momento de una crítica radical a la pura visibilidad, que entraña una mutilación tanto de la percepción como del entendimiento del mundo. ¿Estaremos ahora en condiciones de justipreciar las sensaciones de un modo más integrado?
Al menos estamos advertidos de ello.

Alegrías y tristezas en el habitar

Leon Wyczólkowki (1852- 1936) Primavera en Gosieradz (1933)

Las alegrías genuinas del habitar pueden ser tan simples y evanescentes como una mancha de sol en una penumbra o el discreto rumor de una cortina que se desplaza con una brisa fresca. Por su parte, las tristezas también tienen tenor similar, que suele evocar, por lo general una cierta mezquindad, una cierta deprivación. Para Le Corbusier eran alegrías esenciales la luz solar, el aire y el espectáculo de los verdes de la naturaleza. Y en verdad, es triste privarse de cosas así.

No obstante, tales aspectos no suelen desvelarnos tanto como el acomodado atrezo de nuestros escenarios.

Apuntes de viaje (XIII) La profundidad de los patios


Real Alcázar de Sevilla, 2016

Los patios tienen tres tipos de honduras.
La primera es la hondura que se abre a la marcha, que es la dimensión que el patio tiene en común con todos los recintos. Un gran patio es, naturalmente, un patio profundo en este sentido.
La segunda es la hondura que el habitante debe vencer con el adentramiento, la dimensión que el patio tiene como ámbito interior que es. Adentrarse en un patio es diferente a marchar por él. La hondura interior no mide la extensión del largo con los pasos, sino la separación sutil que se entabla entre el lugar en donde uno ingresa al lugar hasta el sitio en que se detiene para considerar, con plenitud, que ahora sí está en su interior.
Pero la tercera hondura es, acaso, la más interesante y es la dimensión que se escapa hacia todo lo alto. Un gran patio, tal como el del Real Alcázar de Sevilla es singularmente profundo en la dirección que se dirige al cielo. Esta hondura se mide, por lo general, con los gradientes de la luz en correspondencia con lo absorta que puede dirigirse allí la mirada. Hacia la región del cielo que consigue atrapar para sí el patio.

Una voz: Antonio Porchia


Cuando observo este mundo, no soy de este mundo; me asomo a este mundo.

Antonio Porchia

Operaciones del cuerpo

Alessandro Milesi (1856- 1945) El hilado (1945)

El primer movimiento de la pequeña mano hacia las cosas, el impulso de este movimiento, representa el esfuerzo del yo por penetrar en el mundo.
María Montessori

En principio, por función entendemos una operación.
Toda vez que una persona se implica con un mecanismo, tiene lugar una relación de operación. La optimización de esta operación es asunto de ergonomía. Tal como su nombre lo indica, a la ergonomía le compete la descripción, medida y optimización del esfuerzo físico y psicológico.
Este aspecto fue claramente detectado por el mecanicismo moderno: de allí que fuera esperable que Le Corbusier llegara a afirmar que la casa es una máquina para habitar. Esto es cierto justo hasta donde llegan los límites de nuestro operar las cosas.

Por la operación de las cosas empezamos a considerar la función de lo que nos rodea, pero esto sólo es el principio.

El revelado del material sensible

Escultura de Alberto Giacometti (1901- 1966)


Hay artistas que tienen la excepcional virtud de hacer visible aquello que se nos hurta a la percepción. Revelan aquello que nuestros ojos han olvidado captar.