Apuntes de viaje (XIX) El ombligo del mundo


Delfos, 2015

Hay lugares que tienen algo especial y Delfos justifica que los antiguos griegos lo consideraran el ombligo del mundo.
Ese algo especial se advierte no tanto en la contemplación de la belleza innegable del lugar sino con un sentido oculto. No es un asunto puramente estético. Es algo que se palpa en la atmósfera límpida cuando el cuerpo en su totalidad tiene lugar allí. Por ello, la constatación tiene un aspecto práctico: hay que ir allí y constatarlo en primera persona.
Puede ser que en Delfos podamos haber aprendido algo sobre la contextura de los lugares en el mundo que nos permita, algún día y en otro lugar, reconocer el nuevo ombligo del mundo. Porque lo que es seguro que existe y ya no es Delfos, aunque este lugar conserve la impronta de aquella virtud que sintieron los antiguos griegos. Y, quién sabe, descubramos alguna vez cuál es el sentido oculto que nos revela tal condición.

Una voz: Antonio Porchia


Cerca de mí no hay más que lejanías.


Antonio Porchia

¿Qué es una ciudad?

Lisboa

La palabra ciudad viene del latín cives (ciudadano). El griego polis, que se suele traducir por ciudad, significa en realidad comunidad o conjunto de ciudadanos. La ciudad propiamente dicha, las construcciones, se decía en griego astû, y esta palabra deriva de un radical indoeuropeo WEI, que significa morar, permanecer, y que se halla también en el tiempo pasado del verbo ser en inglés (was). Es decir, incluso las construcciones materiales, los edificios  se designaban por el tipo  de "acciones" que acogían: la protección del ser. Una ciudad no era una amalgama de obras sino un espacio donde estar, vivir.
Pedro Azara, 2016

El Diccionario de la Real Academia define la ciudad en los siguientes términos:

Conjunto de edificios y calles, regidos por un ayuntamiento, cuya población densa y numerosa se dedica por lo común a actividades no agrícolas.

Esto no es la ciudad propiamente dicha, por más que lo dictamine la Realísima Academia.
Si quisiéramos poner las cosas en orden y en su sitio deberíamos formular que una ciudad es:
Primero, una comunidad de asentamiento densa y numerosa nucleada en torno a una economía no-agrícola
Segundo, un ámbito espacial y temporal en donde esta comunidad habita y
Tercero, una estructura física construida que interrelaciona complejamente la habitación de los diversos lugares comprendidos por su ámbito.

¿Quedan ahora las cosas en su sitio?

Heurística de las demandas sociales: una liberación

Leopold Graf von Kalckreuth (1855- 1928) Desnudo femenino (s/f)

La proposición de una profunda y sistemática heurística de las demandas sociales de habitación tiene un componente ético especial: se busca conocer para mejor liberar las voces y las pulsiones del interior profundo de las personas.
La hipótesis inicial de trabajo es que, si indagamos a fondo en el deseo, los sueños y los recuerdos tempranos y entrañables, podemos rescatar el fondo del impulso fundamental, la fuerza primigenia que dará origen a un mundo habitado más genuino. Comprender en profundidad los mecanismos finales de nuestras emociones fundamentales sería descubrir el mundo en que anhelamos vivir, siempre que pudiéramos dar con la forma acertada de expresarlo.

Ante una ciencia que busca, por todos los medios, conocer para dominar, una heurística tal podría acometer la idea superior de liberar a su objeto de estudio.

Plumas ajenas: Nicanor Parra


A diferencia de nuestros mayores
-y esto lo digo con todo respeto-
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos,
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.
Nicanor Parra

Estética de la adecuación

Alvar Aalto (1898- 1976) Sillón Paimio (1932)


En la estética del Movimiento Moderno de principios del siglo XX, existe una retórica especial en torno a la estética de la adecuación.
Más allá del confort directamente comprobable, el diseño moderno buscó conscientemente, argumentar la eficacia y eficiencia a través de una forma despojada que pusiera de manifiesto una vocación superior de ajuste operativo. Fue particularmente buscado ese gesto en el diseño que consiguiera un esbozo rápido y contundente de la idea manifiesta de adecuación.

Se extraña esta actitud en la actualidad, cuando el confort efectivo se reviste de una artificiosa sofisticación.

Aisthesis arquitectónica con el concurso de Juhani Pallasmaa (XX)


Eva Rubinstein (1933)

La vista es el sentido del observador solitario, mientras que el oído crea una sensación de contacto y solidaridad; nuestra mirada vaga solitaria por las oscuras profundidades de una catedral, pero el sonido del órgano nos hace experimentar de inmediato nuestra afinidad con el espacio. En el circo, observamos atentamente en solitario en los momentos de más peligro, pero la salva de aplausos tras la relajación del suspense nos une con la muchedumbre. El sonido de las campanas de una iglesia que resuena por las calles de una ciudad nos hace conscientes de nuestra ciudadanía. El eco de los pasos sobre una calle pavimentada tiene una carga emocional porque el sonido que reverbera de las paredes circundantes nos sitúa en relación directa con el espacio; el sonido mide el espacio y hace que su escala sea comprensible. Con nuestros oídos acariciamos los límites del espacio. Los chillidos de las gaviotas en el puerto despiertan nuestra conciencia de la inmensidad del océano y lo infinito del horizonte.
Pallasmaa, 2005

Es poderosísimo el efecto de la comparación metódica de las sensaciones visuales y auditivas.
Mucho puede aprenderse sobre el método y mucho reflexionarse sobre las diversas experiencias. Todo esto debe sedimentar en una nueva acuidad y en un incremento radical de la potencia sensible: es preciso ver y oír mejor, así como analizar a fondo los distintos efectos de cada sensación particular. A la fase analítica le debe seguir, luego, una vocación de síntesis superior.
Una arquitectura más auténtica es posible.

La implementación decorosa de los elementos arquitectónicos

Guy Rose (1867- 1925) La réplica difícil (1910)

No es para quedarnos en casa que hacemos una casa
no es para quedarnos en el amor que amamos
y no morimos para morir
tenemos sed y
paciencias de animal
Juan Gelman

Hacemos una casa para mucho más que quedarnos alojados en ella.
El cobijo nos es necesario, sí, pero no menos que el abrir  ventanas y terrazas a lo más allá. El habitar decoroso es el habitar de la libertad como finalidad esencial. Por eso es que hacemos una casa desde donde lanzarnos a un mundo que no es menos nuestro.

Y para que el mundo nos sea nuestro es preciso habitar nuestros lugares con el decoro que expresa nuestra esencial y final libertad.

Apuntes de viaje (XVIII) La poética humilde de lo vernáculo


Anafiotika, Atenas, 2015

Los constructores vernáculos van con su cultura tectónica cargada sobre la espalda, tan cerca de la cabeza como del corazón.
Hacen lo que hay que hacer. Hacen lo que han aprendido a hacer. Hacen lo que se espera que hagan. Por eso cuando se construyen lo propio resulta apropiado. Por eso es que recrean, perfeccionan y adaptan. Por eso lo que resulta de su labor tiene ese aire de inevitabilidad que constituye su virtud cognoscitiva, ética y estética.
Por eso los constructores isleños construyeron sabiamente el enclave de Anafiotika en Atenas, al pie de la mismísima Acrópolis. Lo que es disponer de una sombra.

Una voz: Antonio Porchia


Hay sueños que necesitan reposo.


Antonio Porchia

Artículo especialmente recomendado

Véase:
http://manueldelgadoruiz.blogspot.com/2020/02/sobre-el-embalsamamiento-de-centros.html

Ejercicios de relajación propiciatoria para proyectistas atribulados (II)

Kurt Magnus Atterberg (1887 – 1974)

Se ha dicho que existen profundos vínculos entre la música y la arquitectura.

Es por eso que presto mucha atención a los músicos: quizá estén haciendo buena arquitectura y uno debería percibirlo. Ante esta sospecha, me permito recomendar la audición de los conciertos (para piano, para cello y para trompa, respectivamente) de Kurt Atterberg, músico sueco que también era ingeniero eléctrico. Algo me dice que estas obras podrán inspirar con provecho a algún proyectista atribulado.

La implementación digna de los elementos arquitectónicos

Frank Bramley (1857–1915) Helen Chalmers (1908)

La implementación digna de la arquitectura y sus elementos es aquella que vincula virtuosamente las calidades del lugar con la condición humana de quien lo habita.
Somos quienes somos ocupando con legítimo título nuestros propios lugares y haciendo uso de los lugares en comunión fraterna con los nuestros. No se trata de explotar un recurso durable, sino de cultivar la propia vida en los lugares, haciendo del uso un enriquecimiento mutuo de personas y lugares.

Porque la verdadera dignidad no se sustenta ni en la posición social ni en las calidades del lugar que se habita, sino en el preciso escenario en donde estos dos factores interactúan y potencian mutuamente.

Sobre la naturaleza y manifestación de los urbanógenos (II)

Rambla de Montevideo

¿Cómo reconocer un urbanógeno allí donde se encuentra?
Nada más fácil. Allí donde se autoconvocan las personas a reunirse, a intercambiar bienes, valores y pareceres. Allí donde los jóvenes acechan a las jóvenes en flor. Allí donde nos sentimos todos razonablemente seguros, sin descuidar del todo bolsillos y carteras. Allí donde proliferan las alegrías esenciales del sol, el aire y el verde. Allí donde se experimentan hibridaciones, yuxtaposiciones y solapamientos de usos y goces. Allí donde bulle la vida.

No es difícil reconocer un urbanógeno, lo difícil es evitar que algún actor social, con iniciativa y poder lo termine matando, a veces con la proyección de sombra y volumen.

Aisthesis arquitectónica con el concurso de Juhani Pallasmaa (XIX)


Eva Rubinstein (1933)

Cualquiera que se haya medio despertado en la noche por el sonido de un tren o una ambulancia en una ciudad, y en su sueño haya experimentado el espacio de la ciudad con sus incontables habitantes diseminados por los edificios, conoce el poder que el sonido ejerce en la imaginación; el sonido nocturno es un recordatorio de la soledad y la mortalidad humana, y le hace a uno ser consciente de toda la ciudad que duerme. Cualquiera que se haya sentido embelesado por el sonido del agua goteando en la oscuridad de una ruina puede dar fe de la extraordinaria capacidad que tiene el oído para esculpir un volumen en el vacío de la oscuridad. El espacio que traza el oído en la oscuridad se convierte en una cavidad esculpida directamente en el interior de la mente.
Pallasmaa, 2005

La última oración es un prodigio poético tanto como un hallazgo cognoscitivo.
Cuando, en ausencia de otro estímulo, el mundo se deja oír, el lugar adquiere una dimensión reverberada que es única y entrañable. Es preciso intensificar en la conciencia el papel que tienen todas las sensaciones en su función de conferir forma al mundo que habitamos. Porque transitamos por la vida demasiado distraídos por solicitaciones enérgicas que nos ocluyen las dimensiones hondas de la existencia.
Naturalmente, esto no es un problema puramente arquitectónico, pero ¿es que existen problemas puramente arquitectónicos?

Sobre la naturaleza y manifestación de los urbanógenos (I)

Joaquín Turina y Areal (1847–1903) Postigo del Aceite en Sevilla (1907)

¿Qué es esto de los urbanógenos?
Así como se suceden fenómenos de emprendurismo inmobiliario, instancias especulativas y actos arquitectónicos que están mutilando, diluyendo o matando la ciudad viva y sana, puede pensarse que, en un terreno sociopolítico fértil podrá oponerse, como muestra de sensata resistencia y oposición ético-política una suerte de semillas de futura ciudad. Estas simientes son, entonces, hechos sociales, económicos y políticos que originan hechos urbanos sanos, vigorosos y sustentables.

Nuestra languideciente ciudad contemporánea precisa la siembra metódica y el cultivo esmerado de tales elementos, antes que sea demasiado tarde y nos encontremos habitando el puro infierno del cadáver maloliente de la no-ciudad.

Apuntes de viaje (XVII) La casa del poeta de la casa


La Sebastiana, Valparaíso, 2013

La Sebastiana, casa del poeta chileno Pablo Neruda en Valparaíso es un caso especial de logro arquitectónico.
Aclaremos. Esta casa no resultaría aprobada por ninguna escuela de arquitectura. Tiene errores de diseño y constructivos que alcanzan la calificación de faltas casi criminales. Y, sin embargo, es un monumento al arte del buen vivir.
El hecho es que el autor intelectual de la casa es un poeta de la casa, que supo enunciar sus demandas de modo claro y sabio. Es una casa que responde punto por punto a una efusión auténtica de deseo de dotar de forma a la vida. Es una casa con defectos constructivos, sí, pero con ambientes plenamente vivideros como pocas realizaciones profesionales lo consiguen.
La casa del poeta de la casa (búsquese el poema dedicado) es un desafío para una arquitectura humanista que cada vez nos hace más falta.

Una voz: Antonio Porchia


Algunas cosas se hacen tan nuestras que las olvidamos.


Antonio Porchia

Apuntes de viaje (XXI) Habitar tierra y cielo


Meteora, Grecia, 2015

Los monjes de Meteora vivían en un mundo hostil por lo que era razonable para ellos aproximarse a las promesas de lo divino en el cielo antes que arriesgarse en las tierras bajas.
Así que prefirieron las peculiares eminencias orográficas para sentar sus reales allí. Bien alto, de modo que se oyesen mejor las plegarias dirigidas a cielo y dejando bien abajo el peligroso acontecer mundano. De todos modos, los mortales siempre habitan un horizonte, esto es, participan poblando la zona de articulación entre la tierra y el cielo. Porque lo nutricio participa de la interacción entre lo que se cultiva en la tierra y se riega desde el cielo. Porque habitamos, a la vez, ese horizonte que une y separa, así como los umbrales que también unen y separan.
Lo que cuenta es el modo distintivo de situar y constituir horizontes y umbrales, en cada circunstancia, para conformar nuestros lugares en el mundo.

La implementación adecuada de los elementos arquitectónicos

Rediseño de picaporte de la firma Soss

La operación adecuada de los elementos arquitectónicos debe ponernos a todos en condiciones de igualdad.
Porque todos somos diferentes en capacidades, destrezas, tallas, pesos y demás características relevantes, las operaciones de los elementos arquitectónicos deben ser simples, intuitivas y amigables. A todos, esencialmente iguales en su condición humana y profundamente diferentes en sus constituciones físicas y psicológicas no debe resultar adecuada la implementación operativa.

No nos olvidemos de las diferencias, a efectos de conseguir igualdad en el acceso.