Anka Zhuravleva
(1980)
En lo
más resguardado del ámbito doméstico se reserva el lugar de los sueños.
En
verdad, eso de lugar de los sueños es
mucho más expresivo que denominarlo, con gastadas connotaciones funcionalistas,
dormitorio. Porque los vivientes de
la especie humana cultivamos morosamente lugares para soñar, que no son
meramente recintos para dormir. Si bien es de reconocer que el dormir
adecuadamente es requisito mínimo para soñar, también es cierto que es
necesario mucho más que esto para consumar el lugar de los sueños. A estos
efectos, es preciso contar con una existencia rica en vivencias durante la
vigilia, una memoria honda y un olvido metódico.
Y
además hay que contar con una verdadera reserva recóndita en lo más profundo
del hogar. Tan hondas deben ser unas casas a estos efectos.