Consumaciones (XVI)


Anka Zhuravleva (1980)

En lo más resguardado del ámbito doméstico se reserva el lugar de los sueños.
En verdad, eso de lugar de los sueños es mucho más expresivo que denominarlo, con gastadas connotaciones funcionalistas, dormitorio. Porque los vivientes de la especie humana cultivamos morosamente lugares para soñar, que no son meramente recintos para dormir. Si bien es de reconocer que el dormir adecuadamente es requisito mínimo para soñar, también es cierto que es necesario mucho más que esto para consumar el lugar de los sueños. A estos efectos, es preciso contar con una existencia rica en vivencias durante la vigilia, una memoria honda y un olvido metódico.
Y además hay que contar con una verdadera reserva recóndita en lo más profundo del hogar. Tan hondas deben ser unas casas a estos efectos.

Consumaciones (XV)


Kristina Varaksina (1981)

La consumación del ámbito doméstico parte de constituir un umbral, para luego distribuir metódicamente las cosas de vivir de un lado y de otro.
No es el repliegue de los muros que esconden lo propio lo constitutivo sino la custodia del umbral que articula el ámbito público y el particular. Es una cuidadosa administración de informaciones que principian en una estratégica situación del cuerpo. De un lado ciertos enseres, ciertas composiciones, ciertas actitudes, ciertas compañías y afinidades especialmente cultivadas. Del otro lado, un prolijo proceso de distanciamiento de intromisiones, entrometimientos y amenazas. De un lado, una aplicada arquitectura de cercanías, de disponibilidades, de cosas a la mano. Del otro, una recíproca arquitectura de alejamientos, de reservas, de emplazamientos estratégicos.
Y en el medio, el umbral custodiado.

Consumaciones (XIV)


Ruth Bernhard (1905-2006)

Es ahora factible apostar a las virtudes arquitectónicas del propio cuerpo.
Es posible vislumbrar un método de diseño que deje hacer al cuerpo su labor estructurante sobre las cosas, los lugares, las disposiciones y las composiciones de lugares y acontecimientos. Es preciso dejar danzar al cuerpo, y, al hacerlo, advertir cómo es que éste conquista con propiedad los puntos críticos del lugar, sus zonas fundamentales, sus rincones decisivos.
Es necesario atender a sus precisas respuestas, a los estremecimientos de agrado e inquietud, a las situaciones muelles, a las alternancias de tibieza y frescura.
Si confiáramos al cuerpo realizar su labor propia, podríamos acaso contar con el concurso del mejor arquitecto.

Consumaciones (XIII)


Ruth Bernhard (1905-2006)

Viens dans l’ombre, viens l’ombre
De ma tente aux rideaux lourds
Marche, glisse, marche, glisse
Sur mes tapis de velours !
Veux tu venir sous ma tente,
Beau vielliard?

Ven a la sombra, a la sombra
De mi tienda de pesadas cortinas.
Camina, deslízate, camina, deslízate
¡En mis alfombras de terciopelo!
¿Quieres venir a mi tienda,
Buen viejo?

En El gallo de oro, ópera de Nikolái Rimski-Kórsakov, así la Mujer seduce al incauto Zar Dodon. Pocas veces el arte ha dado, como aquí, con la clave erótica de la habitación de las cavidades. Es la ley del Deseo la que nos impulsa hacia las delicias del interior de la casa, hacia la confortación plena del cuerpo y el espíritu, pocas veces lo complejo ha sido expresado con tanta bella y contundente felicidad.
Porque la poética del habitar reluce en la oscura y cálida simplicidad esencial de la propia vida.