Errar por la ciudad


Rambla de Piriápolis

¿De qué manera podremos adueñarnos legítimamente de nuestras ciudades si no es con fructíferas errancias?
Las ciudades se reconquistan con los pasos, con las huellas, con las derivas.

El sentido de la arquitectura de la villa


Andrea Palladio () Villa Barbaro en Maser

Palladio plantea el problema en términos claros: se trata de insertar una forma sólida, una construcción geométrica y volumétrica, en un espacio natural que es distinto en cada ocasión, y de encontrar entre estas dos realidades... una relación de armonía e incluso de perfecta equivalencia.
Giulio Carlo Argan, 1976

Pocas cosas en el mundo resultan tan conmovedoramente concluyentes como la comprobación de que el sentido de la arquitectura de la villa tiene efectivo lugar en el solar en que se emplaza. Y no se trata de una simple suma de villa + paisaje, sino de una síntesis que aúna a las personas que habitan con el lugar.
Esto es lo que  —pudimos comprobarlo in situ—merece con plenitud el nombre de Arquitectura.

Oposiciones (V)


Giovanni Paolo Pannini (1691 –1765) Interior de San Pedro en Roma (1750)

La reconsideración del concepto de la arquitectura vuelve necesario meditar sobre causas antecedentes y consecuencias finales.
Lo que aporta la Teoría del Habitar a esta cuestión puede resumirse en la proposición de Martin Heidegger: No construimos para habitar, sin que porque habitamos es que construimos. El orden de los factores es crucial.
El habitar es un precedente ontogenético para la arquitectura. Sólo si habitamos es posible afrontar el cúmulo estructurado de transformaciones físicas, formales y simbólicas que demanda la empresa humana de tener lugar efectivo.
Esto tiene, por lo menos, una consecuencia que bien podría tenerse como didascálica: es el habitar el que forja y enseña, por obra de sus manifestaciones, el rumbo humanamente necesario a las técnicas arquitectónicas. El proyectar y el construir son medios para la consecución de la buena forma de vivir los lugares.

Oposiciones (IV)


Bramante (1444- 1514) San Pietro in Montorio (1510)

La consideración de la arquitectura como actividad social de producción conduce forzosamente a la reconsideración del estatuto del producto arquitectónico.
Para la concepción tradicional aún dominante, el producto arquitectónico es el edificio, la cosa construida. Pero para la Teoría del Habitar, si se es plenamente consecuente con sus postulados de partida, el producto arquitectónico, en sí, es la relación vincular que enlaza a las personas con los lugares, más allá de las cosas construidas.
El producto arquitectónico está conformado, más que con piedra ladrillos y maderas, con la vida humana que se desarrolla allí.

Oposiciones (III)


Ilustración de Vignola

Si la arquitectura es una actividad social de producción e implementación de trasformaciones físicas, formales y simbólicas de los lugares habitados, entonces, no puede considerarse el arte de proyectar y construir edificios, tal como afirma el Diccionario de la Real Academia Española.
La asunción general propia de la Teoría del Habitar es que ni el proyectar ni el construir constituyen fines en sí mismos, sino que el verdadero fin de la arquitectura es habitarla, en toda la extensión del sentido del término.
La Teoría del Habitar, a este respecto, reintroduce una concepción teleológica de la arquitectura.

Oposiciones (II)



La Teoría del Habitar parte de reformular el concepto de arquitectura.
Todo tiene inicio en poner atención a la idea comúnmente recibida que equipara, punto por punto la noción de arquitectura con aquello que hacen los arquitectos profesionales. Luego del aporte esclarecedor que realizara Bernard Rudofsky en su Arquitectura sin arquitectos (1964), este solapamiento revela una pura ideología corporativa sin asidero alguno con la realidad social.
La arquitectura es algo mucho más vasto que lo que hacen los arquitectos profesionales. La arquitectura es una actividad social de producción e implementación de trasformaciones físicas, formales y simbólicas de los lugares habitados.
El papel de los arquitectos profesionales en la arquitectura es mucho más modesto de lo que la ideología corporativista supone.

Oposiciones (I)


Charles Chaplin en Tiempos Modernos (1936)

La Teoría del habitar, a la vez que es una enunciación propositiva de nuevos conceptos, principios y reglas del arte, constituye una oposición a un conjunto de tópicos presentes en el pensamiento arquitectónico aún dominante.
Así es que, mientras que es una consecución de la milenaria preocupación por la utilidad y la finalidad —lo que supone una deuda con los funcionalismos clásico y moderno— también existe un decidido rechazo a las limitaciones propias del funcionalismo mecanicista. Esto significa que la Teoría del Habitar observa el estatuto del habitante como el de un actor protagónico, pleno de humanidad, dignidad y decoro, allí donde el funcionalismo mecanicista apenas si considera una relación usuario/máquina no solo aplicada a los ingenios cotidianos, sino que llega a considerar la casa como una máquina de habitar.
Por aquí se empieza.

El decoro y la libertad


Félix Vallotton (1865 – 1925) El rayo de luz (1909)

Para ser libres es que tenemos derecho a lugares para habitar decorosos.
Es que los lugares que poblamos deben desembarazarse de las innumerables afrentas a la dignidad humana que se cometen con el pretexto de la necesidad material. El mundo que pueblan los verdaderamente libres es el que despliega la mejor de las posibilidades que brinda el arte de conferir a cada cual su cuota justa de consideración.
No es sólo un problema estético; es un tema de justicia social.

Arquitectura y delito


De Chris 73 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=19656

Cuando hayamos superado la prehistoria social de la humanidad el código penal podrá incorporar tres delitos arquitectónicos en que algunos perpetradores profesionales suelen incurrir.
El primero de ellos es el de la mezquindad, que afecta dolosamente el derecho humano a la adecuación del lugar a las solicitaciones habitables.
El segundo delito podría caracterizarse como estigmatización, toda vez que se violente la dignidad humana del habitante.
Un tercero, del que todavía no es posible dar con una nominación adecuada, afectaría a todas las afrentas estéticas al decoro debido.
Materia especialmente espinosa es dar con las penas aplicables, toda vez que la lapidación ya no será propia de un esperado y avanzado estado civilizatorio.

La historia del habitar, en muy pocas líneas (III) ¿Alborada de un nuevo tiempo o crisis terminal?




En la escena contemporánea, fruto de esa redistribución del sentido en órdenes más complejos, se advierte la constitución de complejas estructuras con significados fuertemente jerarquizados, yuxtapuestas a la presencia de los denominados no-lugares, esto es, sitios en donde impera el anonimato y la rarificación de la significación.

Puede pensarse que estamos, en la actualidad, en una suerte de cruz de los caminos.
O bien reelaboramos una nueva síntesis del habitar y de los necesarios acondicionamientos de los lugares con un sentido verdaderamente humanista, o bien nos sumiremos en una anomia terminal. La arquitectura debe ser resignificada en alianza con un conocimiento profundo y cabal del habitar humano al que debe someterse.
No es sólo un asunto cognoscitivo; es también ético y estético. Es preciso conocer a fondo la condición humana y además es forzoso meditar en el mejor modo de servirla y promoverla.
Porque la vida humana ya no se sostiene, en un futuro cada vez más inminente, en su mero suceder. Ahora, pero sobre todo, en un futuro cada vez más amenazante, es preciso promover, alentar y desarrollar modos sensatos de honrar la vida.

La historia del habitar, en muy pocas líneas (II) Período Medio


Galería Vittorio Emanuele II, Milán

El proceso evolutivo, de acuerdo con nuestras hipótesis, conduciría a la complejidad y proliferación de formalizaciones, las que irían conquistando significaciones cada vez más específicas, a costa de la síntesis rica y ambigua del orden primitivo, haciendo de los rituales de la habitación una trama cada vez más articulada de actitudes.

En este estadio, en que nos encontramos aún, supone una disociación entre el habitar y el arte de la arquitectura. Éste último hace de la construcción material de los edificios y de su diseño fines en sí mismos, dotados de una específica significación. Por su parte, el habitar se relativiza bajo las especies de la clásica utilitas y de la moderna función. Este dilatado proceso histórico que proviene de la proliferación de formalizaciones significativas específicas que disocian el tiempo del espacio y a ambos del lugar, en su sentido humano primitivo.
El Período Medio de la historia del habitar abraza el mismo curso en que se desarrolla la Historia de la Arquitectura, aunque desarrolla sus propios contenidos y lógicas evolutivas.


La historia del habitar, en muy pocas líneas (I) Prehistoria


Swinside

Todo parece indicar que la historia de muy larga duración del habitar mostraría una evolución desde formalizaciones relativamente sencillas, profundamente significativas, en correspondencia con rituales también engañosamente simples, aunque sobrecargados de significación y hieratismo.

Antes de la disociación entre la escritura mitográfica, propia de los gestos arquitectónicos más elementales y prometeicos, y la escritura logográfica, que nos permite ahora comunicarnos y pensar, ocurre un habitar pleno de estupor y de magia profunda, radicalmente confundido con un conjunto de trabajosos gestos y gestas arquitectónicos. Hay entonces una prehistoria del habitar en donde ciertas configuraciones de la vida humana tienen una directa relación con trabajos de acondicionamiento fundamental de los lugares.

Arquitectura en estado más que sólido


Étienne-Louis Boullée (1728 – 1799) Proyecto para la Ópera de París (1781)

Toda la arquitectura es una ruina en ciernes, sometida, como nosotros, al tiempo.  
Pedro Azara, 2018

Nuestro apreciado Pedro Azara se refiere a la arquitectura efectivamente construida en edificios y tiene mucha razón.
Pero hay una arquitectura que conserva toda su lozanía y está construida con materiales en estado más que sólido: la arquitectura soñada, hija del delirio lúcido, el proyecto deslastrado de una materialización en un edificio. No debe verse aquí una impropia reivindicación de la despreciada arquitectura del papel.
Con todo, es forzoso señalar que toda obra, perdurable o no, es producto de una anticipación, de un ensueño que precede y que también puede que sobreviva a la ruina de la mera cosa material, consistencia siempre precaria y perecedera. Los sueños de la arquitectura, por ello, constituyen un estado físico mucho más que sólido.

Plumas ajenas: Manuel Delgado


Son conocidos los precedentes y paralelos del habitus bourdeiano, tanto como sistema de disposiciones, como en tanto que esquemas de percepción, pensamiento y acción, de los cuales la residencia y el instrumento no puede ser sino el cuerpo, cada cuerpo concreto. Esa idea relativa a la somatización del contexto social en que se existe deriva, en línea directa, de las habitualidades de Husserl, de las técnicas del cuerpo de Marcel Mauss y del modo existencial de lo social del que habla Merlau-Ponty, y se emparenta, por ejemplo, con el "cuerpo dócil" de Michel Foucault o con la autocoacción de Norbert Elias. En cambio, acaso no se ha profundizado en la deuda que ese concepto tan frecuentado por la filosofía y más todavía, y gracias a Bourdieu, por la sociología, tiene, como tantos otros debates presuntamente solo científicosociales, una fuerte raíz teológica, que va más allá de constituir su antepasado para advertirnos del sentido último de su vocación definitoria.
Manuel Delgado, 2018
Artículo completo en:

Dimensiones humanas en el umbral (VII) Las magnitudes alethotópica y tanatotópica


John William Waterhouse (1849 –1917) Psyché abre la puerta del jardín de Cupido (1903)

Umbral
Símbolo de transición, de trascendencia. En el simbolismo arquitectónico, el umbral recibe siempre tratamiento especial, por multiplicación y enriquecimiento de sus estructuras: portadas, escalinatas, pórticos, arcos de triunfo, protecciones almenadas, etc., o por la ornamentación simbólica, que alcanza en Occidente su máxima virtualidad en la catedral cristiana, mediante la decoración con escultura de parteluz, jambas, arquivoltas, dintel y tímpano. Adquiere aquí el umbral claramente su carácter simbólico de unión y separación de los dos mundos: profano y sagrado.
Juan Eduardo Cirlot, 1992

¿Qué ámbito abriremos al cruzar un umbral? ¿Cómo distinguir los caracteres profanos y sagrados de Uno y Otro lado?
Nunca el atravesamiento de un umbral debe resignarse a la inanidad.

Dimensiones humanas en el umbral (VI) Las magnitudes ergotópica, nomotópica y erotópica


Théophile van Rysselberghe (1862 –1926) Marguerite van Mons (1886)

El más importante signo arquitectónico de la presencia existencial del umbral lo constituyen la o las hojas (valvæ).
Si el umbral, en sí mismo, se deja vencer —no sin un muy tenue estremecimiento— con apenas el paso que lo franquea, la posibilidad de practicar tanto su clausura como apertura, le confiere a la arquitectura de la puerta un significado propio y profundo. Las hojas, sus mecanismos de operación y movimiento y su relación con los gestos del cuerpo conforman estructuras medidas en términos de trabajo, esto es, magnitud ergotópica. En efecto, es el trabajo de cerrar, de dejar entreabierta y de abrir de par en par una puerta la que significa existencialmente la arquitectura de la puerta.
De allí se desprenden reglas y leyes que solemos observar según los mecanismos de las más cotidianas formas de semiótica arquitectónica. Todos sabemos cómo comportarnos frente a puertas propias y extrañas. La convivencia pacífica y corriente se funda en la observancia de la interpretación de signos y la conducta esperable en consecuencia.
Y tanto del trabajo práctico de las puertas así como del sistema usual de reglas de empleo, se desprende el fervor inherente a las regiones eróticas de la arquitectura.

Dimensiones humanas en el umbral (V) Las magnitudes fonotópica, termotópica, fototópica y osmotópica


Michel Martin Drolling (1789 – 1851) Limosna a los pobres (s/f)

Un umbral es un lugar de acusados gradientes energéticos y, por ello, un lugar especial para la revelación, el desvelamiento, o el esclarecimiento.
Es la región de tránsito de las energías, la frontera en donde el calor avanza sobre la frescura, donde la luz vence a las sombras, donde los ruidos conmueven el silencio. Y por ello es el lugar de la emergencia, de la novedad, de las noticias del mundo más allá de los confines de la habitación.
Y también es la frontera por donde se infiltran y mezclan tenuemente las fragancias de Uno y Otro lado: allí, precisamente allí en donde ponemos la nariz.

Dimensiones humanas en el umbral (IV) La magnitud histerotópica


Enfilade en Palazzo Pitti

Todo umbral supone una instancia especialmente importante en la arquitectura del lugar.
Pero cuando se suceden dos ocurre un fenómeno mucho más fascinante. Ni que decir tiene cuando se tiene una serie de umbrales en enfilade. 
Todo umbral supone abrir hacia un ámbito otro una profundidad interior que se abisma ante quien se asoma. De este modo, la sucesión de umbrales implica un abismo que pasa por ser una promesa ilusoria de infinitos cósmicos.
En el Palazzo Pitti las estancias se alinean con ritmo regular e implacable y son los umbrales en enfilade los que demuestran arquitectónicamente cuán vasto es, en verdad, su interior.

Dimensiones humanas en el umbral (III) La amplitud


Ludwig Mies van der Rohe (1886- 1969) Crown Hall en el MIT (1956)

La amplitud de un umbral puede ser tan considerable como para comprender a toda la fachada. Esto es magnanimidad.
Luego puede entenderse como tal el intervalo central entre los pórticos transversales, asistido por las generosas escalinatas. Sólo cuando la distancia es muy apropiadamente próxima, uno advierte un par de umbrales más o menos proporcionados a la magnitud corriente de los viandantes. Pero, a lo largo del majestuoso camino, lo cierto es que todo se reduce a unas bien calculadas amplitudes.
Less is more.

Dimensiones humanas en el umbral (II) La altura


Iglesia de Orsanmichele, Florencia

La diversa altura de los umbrales en Orsanmichele se corresponde con una precisa jerarquía de los mundos que se oponen y conectan a la vez.
Un templo cristiano es, en principio, una porta cœli, esto es, una gran puerta del cielo. Dentro de este carácter matriz, separa el recinto sagrado del profano. Por otra parte, un umbral menos encumbrado señala la necesaria discriminación entre la ciudad de los legos y la comunidad religiosa que tiene como propio el ámbito interior. Dentro de éste, un majestuoso par de hojas de magnífica carpintería señala la apertura general del recinto en las grandes ocasiones. Por último, un conciso y algo brutal recorte franquea el paso cotidiano.
Pero el más humilde atravesamiento del umbral lo constituye el socorrido gesto de la limosna a la mujer gitana que aguarda al efecto.

Dimensiones humanas en el umbral (I) La profundidad perspectiva


La Puerta Torii en el Santuario Gokônomiya, Kyoto

Puede que toda la arquitectura concebible comience por una articulación: con un señalamiento de una diferencia entre Uno y Otro lado.
Una puerta torii diferencia una zona sagrada de la profana: el conjunto del umbral, las jambas y el dintel sobresignifican esta diferencia. Mucho antes, allá en la noche de los tiempos, dos simples piedras oficiaron de umbral. La arquitectura, vista de este modo, no es más que el ornamento o una superestructura de una delimitación ritual de los lugares. Y esta delimitación es, estrictamente, un amparo amodal, a diferencia del amparo modal en la figura de una cerca o muro.
El umbral aparece en toda su diáfana condición como brecha, como pasaje posible y significativo. Un atravesamiento de un umbral es diferente a la pura marcha: supone un cambio de estado. De modo que el paso que atraviesa un umbral siempre es más largo, porque se cruza una frontera.

Plumas ajenas: Juan Eduardo Cirlot


Umbral
Símbolo de transición, de trascendencia. En el simbolismo arquitectónico, el umbral recibe siempre tratamiento especial, por multiplicación y enriquecimiento de sus estructuras: portadas, escalinatas, pórticos, arcos de triunfo, protecciones almenadas, etc., o por la ornamentación simbólica, que alcanza en Occidente su máxima virtualidad en la catedral cristiana, mediante la decoración con escultura de parteluz, jambas, arquivoltas, dintel y tímpano. Adquiere aquí el umbral claramente su carácter simbólico de unión y separación de los dos mundos: profano y sagrado. En Oriente, son los «guardianes del umbral» los que representan esas funciones de protección y advertencia, significadas por dragones y efigies de deidades o genios. El dios Jano de los romanos expresaba asimismo ese dualismo que, analógicamente, puede ser relacionado con todas las formas de dualidad. Por ello puede hablarse de un umbral entre la vigilia y el ensueño. 
Juan Eduardo Cirlot, 1992