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Experiencia habitable de los bordes


Caspar David Friedrich (1774 –1840) Acantilados blancos en Rügen (1818)

Los bordes fascinan.
Quizá esto se deba a que participan de la constitución de lugares umbrales, toda vez que puede uno emplazarse al abrigo del Lado de Acá y participar, expectante, de lo que ofrece la revelación de lo Otro. Si se considera con cierto detenimiento la cuestión, la habitación de un borde es casi la condición necesaria para la constitución de un paisaje. El borde, real, es el marco simbólico del cuadro en que se transforma el paisaje, mientras que lo que circula de Uno a Otro lado es un flujo imaginativo, reflexivo y persistente.
Puede que entre los múltiples aspectos del derecho a habitar se detalle contar con bordes habitables dispuestos para el bienestar humano universal.

Comentando a Jan Gehl (V)

Centro Cultural de España, Montevideo

El tratamiento de los bordes de una ciudad, más precisamente las plantas bajas de los edificios, ejerce una influencia decisiva en la vida urbana. Esta es la zona que uno recorre cuando llega a una ciudad, las fachadas que uno observa y con las que uno interactúa. Este borde es a su vez el umbral a través del cual entramos y salimos de nuestras viviendas y oficinas, la zona donde el interior y el exterior entran en contacto. Este es el lugar donde la ciudad se encuentra con los edificios.
Jan Gehl, 2010

Es clarividente la profunda reelaboración de la idea de borde de una ciudad.
No se trata ya de los consabidos bordes de la mancha urbana o los confines de una región o barrio. Se trata de la interfase que media entre el ámbito público urbano y los edificios privados. Este es un hallazgo teórico de la mayor importancia.

Es que todo lo que puede predicarse de un borde, con la atracción humana que promueve, se puede predicar con provecho del lugar donde la ciudad se encuentra con los edificios.

En el borde

Glifford Beal (1879- 1956) El pescador (1922)

El hábito costeño tiene un tono especial en su acechanza fundamental.
Atento a los signos y a las irrupciones, a la novedad y a la esperanza, el habitante del borde pone a prueba su paciencia. No por casualidad, un escritor argentino1 incurrió en su Hombre que está solo y espera, un ensayo de esta condición existencial. Hay una cierta taciturnidad que emparenta a todos aquellos que se acostumbraron para siempre a esa implacable línea horizontal tras la que todo está por asomar.


1 Raúl Scalabrini Ortiz, 1933

Emociones en patrones de habitar (III: Bordes)

Peder. Severin Krøyer (1851- 1909) Tarde de verano en Skagen (1899)

Los bordes suelen ejercer una decidida adhesión: las emociones suscitadas por los umbrales, las fronteras y las costas son testimonio elocuente de ello.
Es frecuente la sorpresa, pero también una cierta emoción difícil de definir caracterizada por un estremecimiento sutil que sucede cada vez que trasponemos un límite. Puede que se trate de un estado psicológico propio y diferencial del habitar intersticios, crepúsculos o lugares liminares.

Pero casi siempre resultan lugares intensamente vividos.

Patrones (III) Bordes

Jahn Ekenæs (1847–1920) Pescadores en la costa (1909)

¿No es humano el ir más allá de los límites, para crecer más allá de uno mismo, para luchar hacia la libertad?
Fernand Léger
Hay al menos dos operaciones arquitectónicas complementarias para conformar bordes: dar forma a los territorios de las regiones y desafiar dramáticamente a su traspaso.
En efecto, parece que las virtudes del territorio de las regiones parecen intensificarse diferencialmente: el borde sobresignifica los contornos de las figuras del territorio. A la vez y quizá por esta misma razón, parece peculiarmente interesante habitar de-uno-y-otro-lado.

Y así nos quedamos: asentados en una región y atisbando los signos lejano de otra. Encantados.

Donde se extenúa la ciudad

Ciudad Bolívar, Bogotá, Colombia1

A una hora del centro de Bogotá, se extiende el inmenso suburbio de Ciudad Bolívar, el más poblado de las 20 “localidades” de la capital, con un millón de habitantes. Casi todas las viviendas guardan vestigios de la autoconstrucción que caracteriza toda la zona. Llegando al barrio de Jerusalén, donde aparece un cinturón de cerros que marcan el límite de la ciudad, las viviendas son cada vez más pobres aunque casi todas están construidas con bloques. Los servicios parecen cada vez más precarios: sólo las calles principales, las avenidas, están asfaltadas; los comercios y el transporte público son más escasos ; la llanura va dando paso a cuestas empinadas. Estamos llegando a los suburbios de los suburbios.

Nuestras ciudades, tal como nuestras sociedades y nuestras economías, son entidades pujantes, dinámicas, vivientes. Por eso, todas ellas llegan a cansarse y extenuarse en algún confín.
Lo malo es que tras esos límites, sigue habiendo gente: al margen de la ciudad, de la sociedad, de la economía. O bien las ciudades, las sociedades y las economías se ensanchan, o bien salimos a buscar la gente de fuera y la reintroducimos. La vida humana es demasiado valiosa como para que nos sobre gente en nuestras ciudades, sociedades o economías.
¿Qué hacer?


La fascinación de los bordes

Assilah, Marruecos

¿qué es por ventura el mar?
¿por qué fascina el mar? ¿qué significa
ese enigma que queda
más acá y más allá del horizonte?
Mario Benedetti

La habitación de los bordes tiene, por lo general, un aspecto fascinante.
Puede deberse que, mientras se habita en una cierta forma o modalidad, se participa de la percepción recíproca de otra región que implica otros modos de existir. Esa otredad presente y patente hace estimulante la presencia allí. De este modo, las costas conforman sitios de expectación: la yuxtaposición de la tierra y el agua obra, por lo general de manera virtuosa sobre el encantamiento del habitante.

Y allí nos gusta quedar, cautivos de la impecable línea del horizonte y hechizados por esa entidad que no hace más que comenzar y recomenzar.

Aquí es un límite

Eduardo Chillida (1924- 2002) Elogio del horizonte (1990)

El límite es el verdadero protagonista del espacio, como el presente, otro límite, es el verdadero protagonista del tiempo.
Eduardo Chillida, 2004


No podemos hacerlo de otro modo. Entendemos el espacio y el tiempo en nuestra propia condición limítrofe.  Yo, aquí, ahora: tres voces para un mismo límite fundamental.

Puertos

Domingo Laporte (1855-1928) Antiguo puerto de Montevideo (s/f)

En todos los puertos del mundo
hay alguien que está esperando.
Hasta muy cerca de los navíos
salen los patios
y entran por los oídos de los marinos..
Raúl González Tuñón

Los puertos son bordes de peculiares características.
Hay quienes llegan desde muy lejos y hay quienes los están esperando. Los monstruos marinos recalan allí bienvenidos. Los esperan grúas y manos ávidas de novedades. Lo muy lejano confronta con el aquí de los hospitalarios patios. Dos mundos se abren un umbral, una frontera, una tierra de ambos.

Y siempre hay alguien que está esperando

Comportamiento de los bordes

Frederick Hendrik Kaemmerer (1839- 1904) En las costas (1895)


El comportamiento de los bordes es tanto una oportunidad para solazarse en la dicha como para alarmarse ante las irrupciones ominosas. Y para todo un amplio arco de experiencias intermedias entre estos extremos.

Límites

Eugène Louis Boudin (1824- 1898) En la playa al atardecer (1865)

Conocer, en cierto sentido es advertir una diferencia.
Debe ser por esto que nos fascina particularmente habitar los bordes, esos lugares en donde, situados de un Lado, podemos participar de las condiciones del Otro Lado. Así lo Otro irrumpe ante nuestra estancia, algo temeraria, quizá, en el borde mismo, en el límite de nuestra región.
Allá por fines del siglo XIX los ingleses enseñaron a los rioplatenses a caminar con placer al borde de la costa. Luego, astutamente, promovieron estaciones balnearias inglesas a las que se accedía módicamente mediante tranvías también ingleses. Ahora ya no vienen tanto por aquí, pero lo cierto es que ahora los nativos adoramos la playa.

La economía de mi país tiene ahora, en vez de una excentricidad europea, un renglón fundamental para equilibrar su balanza de pagos. Exportamos puestas de sol sobre el estuario.

Ese mar que siempre recomienza

Heinrich Hellhoff (1868- 1914) Niño en la playa (1914)

El placer de la habitación de las costas radica en establecerse en el borde que separa dos regiones del mundo: una propia y ocupada y otra ajena y expandida.

El título de esta entrada constituye un préstamo de un verdadero poeta como Paul Valéry:
La mer, la mer toujours recommencée
Ô récompense après une pensée
Qu’un long regard sur le calme des dieux !

Habitación de los bordes

Ya se ha comentado antes que los bordes ejercen una cierta fascinación: las costas son claro ejemplo de ello.
Es que habitando los bordes experimentamos la diferencia de las regiones. Nos emplazamos, a la vez, en Uno y Otro Lados: lo extraño irrumpe en la perspectiva posada en lo propio.

La habitación de los bordes intensifica la pertenencia al lugar propio, allí donde éste tiene un definido confín.

Sensaciones de confort en la piel

José Malhoa (1855- 1933) Praia das Maçãs (1918)


No es posible juzgar el confort si no es con las sensaciones palpitantes en la propia piel. Y juzgar lo confortable es un juicio de valor insustituible en arquitectura.

Límites

El límite es el verdadero protagonista del espacio, como el presente, otro límite, es el verdadero protagonista del tiempo.
Eduardo Chillida, 2004

Es que allí donde se señala una discontinuidad, una articulación es que distinguimos. Conocer es advertir una diferencia.
Así, reconocemos una región en el cierre de sus bordes. Así, registramos el itinerario en la ocurrencia de cruces e hitos. Así, vemos sucederse los lugares cuando irrumpen en nuestra marcha los umbrales.

Es por obra de los límites que conocemos el fluir de espacios y tiempos

Hábito de borde

Peder Severin Krøyer (1851- 1909). Tarde veraniega em Skagen (1893)


¿Qué será de la playa cuando no se la habita con tal calma intensidad? Apenas una región indistinguible de la continuidad de la Naturaleza.

Situación de borde

Anders Zorn (1860- 1920) Diversión veraniega (1886)


Posarse en los bordes tiene algo excitante que nos acompaña desde la infancia y tiene algo de elemental

Bordes

Se produce una tensión particular en los bordes: se habita una frontera participando a la vez de aquí y de allá.
El lugar de lo propio se muestra en su finitud, lo que implica que se le confiera una forma. El territorio adopta figuras de región. Si en el interior de ésta uno está inmerso, en los bordes se asoma con una cierta expectación.

A través de los bordes, tanto como desde el cielo, provienen las novedades, las irrupciones, las otredades.

Yendo a las cosas mismas

Léon Barillot (1844- 1929) Artistas pintando en la playa (s/f)


Hay algo de heroico en aquellos amantes del arte que salieron del confinamiento de sus talleres para ir por toda la luz, por todo el aire, por toda la tierra y por todo el mar.

Como han nacido tantos

François-Joseph Luigi Loir (1845- 1916) Balneario (s/f)


En principio, érase un lugar costero algo alejado de la ciudad. Al borde de la playa se establece un hotel. Con estos elementos y la afluencia del público, se establece el embrión de un balneario que crecerá hasta conformar una ciudad o integrarse a una.