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No todo es ver

Santiago Rusiñol (1861- 1931) Jardín de las Elegías. Son Moragues (1903)


Habitar un lugar supone interactuar el sujeto con el lugar mediado por todos los sentidos. Uno de los sentidos más olvidados es el olfato. Pero ¿cómo puede apreciarse un jardín así sin el aprecio de las cualidades del aire?

En la profundidad de la alcoba

Poul Friis Nybo (1869- 1929) Dormitorio de dama (1929)


Podemos apreciar con relativa facilidad cómo se ve y cómo se oye la escena. Los datos de los sentidos se complementan sinestésicamente. ¿Pero, qué fragancias pueden apreciarse? ¿Será acaso el misterioso perfume poblado de feromonas maravillosas?

Habitar el aire. II. La dimensión osmotópica de las atmósferas

Con el dominio casi absoluto de la vista y del oído, los otros sentidos se resignan a un segundo plano de consideración.
Esto parece peculiarmente claro en el caso del olfato. Se lo trata como un sentido primitivo, animal, instintivo que sólo aparece emerger con el espanto radical por el mefitismo. De los lugares parece esperarse que no huelan particularmente a nada.
Sin embargo, lo hacen. Nuestra acuidad apenas reconoce un tono, un fondo perceptivo: las escuelas, los hospitales tienen un aroma particular y distintivo. Por su parte, los comerciantes de ropa femenina rocían discretamente sus ambientes como estímulo a la adhesión poco consciente y el incremento consecuente de las ventas. Proliferan las ofertas de la industria de los productos para la limpieza y aún los dispositivos para perfumar los ambientes. Las amas de casa, se piensa, quieren que su residencia huela a limpio, como prueba patente de la limpieza imperante.
Pero si cavamos en nuestra memoria, ha habido lugares que han portado su propia fragancia: las maderas, los cueros, las tapicerías, aún el polvo no removido.
Habría que prestar mayor atención a la dimensión osmotópica1 de las atmósferas habitadas.



1Del griego osmos, olor

El pequeño pero crítico detalle

Jean-Baptiste Charpentier le Vieux (1728- 1806) La familia del duque de Penthièvre (1768)


Por lo que se ve, constituye una escena bastante común y corriente. El detalle revelador es que están bebiendo chocolate: si fuésemos capaces de oler la escena la percepción global cambiaría radicalmente.

El sentido desdeñado

En nuestra civilización existe un profundo sesgo en la importancia relativa de lo que conocemos del mundo a través de nuestros sentidos.
Esto es especialmente claro en arquitectura, donde casi todo lo que merece percibirse de ella pasa, en principio, por el sentido de la vista. Saber ver la arquitectura era, a la vez, una consigna y una promesa de un libro de Bruno Zevi, bastante consultado en el tiempo en que los estudiantes de arquitectura leíamos libros.
Si uno intenta apreciar las virtudes de un aula, una sala de conferencias o aún de un teatro, puede constatar por sí mismo que lo que percibimos con el oído también tiene su importancia, al menos en algunas situaciones. Lo que deberíamos pensar, en todo caso, es que la percepción acústica de las características propias de cada ámbito es una parte importante de la experiencia sensible de éste.
Por otra parte, podemos apreciar ciertas virtudes arquitectónicas con el sentido del tacto. Descubrir la sutileza de los juegos de texturas y recorrer morosa y atentamente los lugares acondicionados para su habitación también tiene su importancia.

Pero es algo difícil de reconocer que también el olfato tiene un papel que desempeñar. Puede que tengamos ciertos prejuicios sobre la animalidad básica del uso que le damos a nuestras narices, aparte de mirarlas como candidatas a la cirugía estética. Pero deberíamos reconocer que parte no menor de la experiencia de volver a un cierto lugar radica, entrañablemente, en percibir su peculiar perfume.

Incursión leve y furtiva

Jehan Georges Vibert (1840-1902) Un vistazo furtivo (s/f)


Hay en los lugares una compleja red de discretos pasadizos por los que avanzan los enamorados, que siempre tienen algo de ladrón en sus incursiones.

Nada extraño y sin embargo

Vilhelm Hammershøi (1864- 1916) Interior (1890)


Es, por cierto, una escena depurada, con un mínimo de elementos. Pero lo cierto es que cada uno de ellos ha recorrido un largo e intrincado camino para llegar precisamente allí. Por no hablar del largo proceso en la historia del arte para llegar a mover la mano del pintor de esa manera y sobre este material sensible.

Ejercicio de perplejidad

Un ejercicio: levantar la vista. Seguramente nada es inhabitual.
Santiago de Molina, 2014
Y sin embargo...
Todas y cada una de las cosas que ha llegado a nuestra proximidad ha recorrido unos largos caminos, unos complejos procesos productivos, un intrincado proceso de distribución y adquisición, hasta posarse allí, al alcance de la mano.
Por otra parte, hay mucho más dilatados procesos históricos detrás de cada uno de nuestros gestos, de nuestro comercio con las cosas de vivir. Modos de sentarse o yacer, maneras de comer y beber, modalidades del cuidado del cuerpo… Atrás de cada uno de estos aspectos de nuestra vida han llegado desde un lejano pasado a constituirse en su conformación actual.

Al levantar la vista, por lo general, nada resulta inhabitual, pero no obstante se puede ver extraño.

También el sentido del olfato

Rudolf Ernst (1854- 1932) El perfumista (1932)


Habitamos con todos los sentidos, aunque en nuestra civilización privilegiamos la visión. El olfato tiene algo elemental, animal, primario, instintivo: el perfume de los lugares nos es, a veces, entrañable.

Una estética compleja

Si consideramos la complejidad del fenómeno de percepción sensible de la arquitectura, entonces podemos constatar ciertas características específicas.
·         La primera, que la arquitectura en su relación específica con el sujeto que la habita, implica la concurrencia de prácticamente todos sus sentidos (la visión, la audición, el tacto, el olfato, la termocepción, la cinestesia).
·         La segunda, la frecuencia con que estas percepciones diversas se combinan entre sí, configurando percepciones complejas.
·         La tercera, el carácter sintético que tienen estas percepciones complejas en la experiencia total del habitar.