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Reescrituras (XXI): Un garante de la noche subjetiva

Johann Baptist Reiter (1813- 1890) Mujer dormitando (1849)

El lugar tiene la hondura del sueño.


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Un lugar, afirma Sloterdijk, es un garante de la noche subjetiva.
Allí donde nos abandonamos confiados al sueño es en donde ocurre la madriguera, el escondrijo, el germen de toda alcoba o cámara. No se trata de un mero sitio: es un lugar umbral entre la vigilia y el abandono a la hondura de sí.

Por ello las alcobas son profundas en una dimensión existencial de particular contextura: toda la magia y el misterio del interior se abisma

Reescrituras (XII): El lugar del deseo

Paul Paede (1868- 1929) Muchacha desnuda en la ventana (1913)

Las alcobas son aquellos lugares en donde apenas se filtra la luz tras las ventanas y donde las plantas desnudas gustan hollar las alfombras. En la penumbra abrigada es donde palpita el deseo.

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La racionalización moderna del término (y del ámbito) “dormitorio” encubre —y reprime— los contenidos humanos de los ámbitos hogareños.
El cometido principal de la Teoría del Habitar es recuperar en toda su intensidad palpitante de esos contenidos, para conseguir vivificar la arquitectura. Porque ésta no puede reducirse a metros cuadrados construidos e intercambiados a título de simple mercancía.

Hay que percibir la arquitectura con los estremecimientos propios de la vida en los lugares.

Soñar una alcoba

Joseph Mallord William Turner (1775 – 1851) Alcoba (s/f)

Puede ser difícil dar con las dimensiones ideales de una alcoba. Sin embargo, es tentadoramente hacedero soñar con un aposento adecuado, digno y decoroso, por más que se desdibujen ciertos detalles del atrezo.
A los efectos sólo hay que evocar las circunstancias propicias para el amor y el sueño: un efectivo equilibrio entre la holgura y la intimidad, un acuerdo entre el abrigo y la frescura de la ventilación, una penumbra propicia, una atmósfera a salvo de intromisiones, una discreta sordera que propicia el murmullo. Imposible resistir la tentación de ansiar con fervor un lugar en donde sea tan propicio el soñar, así como una gloria cotidiana el despertar.

El Existenzminimum moderno constriñe las dimensiones soñadas de la alcoba en el reducido dormitorio, ámbito de las rutinas,  las pesadillas y los azares de la sobrellevada vida conyugal.

Inmensas profundidades interiores

Pieter de Hooch (1629- 1684) Madre entrelazando su corpiño al lado de una cuna (1660)


Hay que adentrarse morosamente en el interior de la casa, en el del ámbito maternal, en el de la alcoba; la dimensión histerotópica de los lugares demanda un estudio peculiarmente aplicado.

Más sobre la profundidad interior de las alcobas

En lo que toca a la habitación de la profundidad perspectiva, esta se habita según se marcha a su través, pero en lo que hace a la profundidad interior, la cuestión de su habitación es diferente.
En efecto, la habitación de un interior, en tanto tal —y conviene reparar en la especificación— supone no tanto una simple marcha, sino una práctica de invasión o intrusión: un adentramiento cabal. Aquí se propone investigar las colpoprácticas, esto es, las conductas y prácticas que vuelven vívidos y propios los interiores habitados. Se presume que se trata de prospecciones y no ya de exámenes perspectivos clásicos.

El análisis concienzudo de la habitación de las alcobas, con sus experiencias más entrañables arrojará luz sobre algo que tenemos ante los ojos, pero aún no podemos ver.

La alcoba como signo

Ignatius Josephus van Regemorter (1785- 1873) La criada en la limpeza de la casa (1873)

El modo de habitar, como contenido, se manifiesta en la forma de la alcoba. Los modos del sueño y el deseo tienen un lugar informado


La profundidad de las alcobas

Si se considera la dimensión histerotópica (Sloterdijk. 2004: 279s) de la casa, en el interior más recóndito se encuentra la alcoba.
Esta dimensión mide no sólo la distancia y el tiempo que intermedia entre la entrada de la casa y la alcoba, sino que considera las articulaciones de diversos umbrales que deben traspasarse para llegar allí. En las casas de más de un nivel incluso se interpone una escalera. Las alcobas no sólo se miden según su ancho, largo y altura, sino también en su propia hondura.
Y allí donde es más honda la alcoba, aguarda, oscuro, el espejo

Para entendernos mejor. Hoy: Alcoba

1. Habitación destinada al descanso, al retiro y a la interacción sexual.║ 2. Aposento equipado para el desarrollo cómodo  y reservado de estas funciones.

El ámbito íntimo

Henri Cain (1857- 1937) La tiradora de cartas (1832)


En la penumbra de la alcoba se abre un espacio suficientemente íntimo para convocar y confiar en la reveladora del destino.

Alcobas

Hermann Sondermann (1832- 1901) Alcoba en una casa de campo (1886)


Cuando el clima es riguroso y el acondicionamiento de la morada deja que desear, el sueño se arropa con todo lo que se puede.

El lugar del deseo

Paul Paede (1868- 1929) Muchacha desnuda en la ventana (1913)


Las alcobas son aquellos lugares en donde apenas se filtra la luz tras las ventanas y donde las plantas desnudas gustan hollar las alfombras. En la penumbra abrigada es donde palpita el deseo.

Alcoba y sus pasiones

Henri Gervex (1852- 1929) Rolla (1878)


El término dormitorio encubre, con pudibundez, las imperiosas implementaciones apasionadas del lecho. El término alcoba es, como he insistido más de una vez, más expresivo: todas las cosas y todos los lugares tienen la dignidad del nombre propio.

La salud de los enfermos

Emmery Rondhal (1858-1914) Las órdenes del doctor (1882)


El término dormitorio es una sobresimplificación del sentido de la cámara o alcoba. Se trata también del lugar de reposo, a fin de recuperar la salud. Se trata en todo caso de un recinto íntimo con múltiples significados. Los ámbitos habitados tienen derecho al nombre propio.

El dormitorio de la sirvienta

Nicolas Bernard Lépiciè (1735- 1784) El despertar de Fanchon (1773)


He aquí un verdadero dormitorio: el lugar de descanso de la sirvienta es el cobijo reducido a lo estrictamente necesario. Con el tiempo, muchos de nosotros descansamos en modernos dormitorios que también han sido reducidos a lo esencialmente necesario, inspirados en tal modelo, pero que  pueden ser relativamente aún más pequeños.

El lugar de los sueños

Pieter de Hooch (1629-1684) El dormitorio (1660)
Ha sido un largo proceso histórico que llevó de la arquitectura de la cámara o la alcoba a la del moderno dormitorio. El lugar del sueño sigue teniendo un cariz particular, pero hay que meditar en qué palabras usamos, qué significado tienen y con qué referentes locativos nos las habemos