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La lucha por habitar


Bieke Depoorter (1986)

Pero, en definitiva, ¿No es allí donde se aloja la almendra del deseo que nos mueve? ¿Dónde si no reside la esperanza madre que nos indica el camino de la movilización? ¿Qué nos dice su voz cavernosa? ¿Cómo prestarle oídos y comprensión, para reconsiderar ahora sí, todo el curso de nuestra acción?
De momento, no logramos ver aquello que nos convendría saber, aquello que acecha en el fondo oscuro de los espejos, a cuyas superficies nos asomamos con estupor y desconcierto.

La lucha por la ciudad


Bieke Depoorter (1986)


Harvey, 2012

La principal y más clara esperanza es que cada ciudad aparece como un horizonte de oportunidades. Vivir en tal horizonte es abrirse a todo un amplio panorama de encrucijadas de vida: habitarlo es poblar la disyuntiva. Es una tierra que ofrece un suelo fértil para todo tipo de explotaciones. Vivir en una ciudad concede trabajo como disponibilidad general de producción y consumo, en forma intensa y variada. También situarse bajo el amparo del cielo de una ciudad es hacerlo bajo un dispositivo dadivoso, donde mucho puede pasar. La lucha por la ciudad es la lucha por un panorama conformado según las esperanzas y deseos de los urbanitas a su imagen y semejanza, no tanto como retrato colectivo, sino como pintura de paisaje.

La lucha por el techo


Bieke Depoorter (1986)

La más clara y acuciante es la esperanza que busca amparar un presente de intimidad protegida. Es una apetencia profunda por recortar del mundo una porción a la que volver propia y reservada.
También hay, por cierto, un anhelo hondo de una ventana a través de la cual divisar lo que vendrá. Es esta una pulsión por disponer de un otero que permita avizorar el futuro.
Pero, asimismo se anida la confección morosa de un rincón poblado de trastos de recuerdos. Un interior penumbroso de un pasado ya vivido.
Mientras que el deseo se muestra en su humilde condición sinecdótica —el techo como epítome de la morada—, la esperanza es honda, oscura y compleja. Es que así son las esperanzas de vida.

La lucha por el suelo


Bieke Depoorter (1986)

Uno de tales trasfondos es la esperanza de hincar raíces, que implica disponer de un lugar relativamente quieto en el frenesí de la vida signada por idas y vueltas. Se trata aquí de disponer de un componente sésil en la danza recurrente de la vida.
Otra forma de esperanza que propulsa la consecución de un emplazamiento en el suelo lo constituye el anhelo de fundar una estructura estable y durable, tanto material como simbólica. Habitar, en cierto sentido constituye la excavación que busca el sustrato resistente, la consolidación de la existencia, la edificación material y moral de la vida.
Por último, y no por ello menos importante, fijar un punto propio en el suelo supone establecer un origen de coordenadas particular para el mundo de lugares habitados. A partir de tal punto de referencia se distribuirá metódicamente el orden de vecindades y lejanías, de solidaridades y distanciamientos, de familiaridades y extrañezas.

Las formas de la esperanza


Bieke Depoorter (1986)

Afirma Ernst Bloch que el deseo es siempre un deseo de algo, lo que implica que el deseo adquiere características de figura o prefiguración de lo que vendrá. Mientras tanto, la esperanza constituye un escenario general. El punto tiene un interés particular en torno a los modos en que se constituyen las demandas sociales del habitar.
Porque si fuésemos capaces de mirar a través y más allá de las figuras del deseo, llegaríamos a acceder a las formas de la esperanza, que es a lo que debemos responder con la actividad social de producción que es la arquitectura

Los límites de las políticas de vivienda


Jules Aarons (1921-2008)

Así, el derecho constitucional a la vivienda es apenas un derecho programático que se contenta con fijar un cometido político a título de horizonte, sin que se precise mayormente qué exigibilidad, tanto política como jurídica, pueda tener. Por otra parte, el sujeto efectivo de la acción política siempre aparece, en el texto, como “todo habitante”, mas en la implementación práctica y administrativa, los sujetos directamente alcanzables por la acción pública resultan ser ciertos sectores sociales. El sustrato ideológico es que la producción empresario inmobiliaria capitalista y el mercado generalizado ofrecen adecuada y oportuna “solución” a los sectores sociales solventes, mientras que sólo a algunos de los sectores relativamente no solventes los alcanzará, en el mejor de los casos, la acción pública. El objeto del derecho es también restringido de un genérico y constitucional lugar para habitar, de múltiples y concurrentes escalas, conducido restrictivamente a un artefacto racionalizado satisfactor de alojamiento. En estas cuestiones, cada una de las constricciones de sentido implican una lesión severa en la constitución profunda del derecho humano afectado.

La política del bienestar y las políticas sociales (II)

Jules Aarons (1921-2008)

Si se asume la perspectiva de afrontar a cada integrante de la sociedad, cara a cara y de a uno, resulta éticamente difícil de sostener la posición que lo abandone a las puras fuerzas de la oferta y la demanda. En tal asunción, el compromiso ético y político general con el bienestar social deja de ser una opción facultativa, para constituir un imperativo primero ético y luego y, en consecuencia, político. Tal compromiso ético y político con el bienestar colectivo proviene, en este caso, del cruce hondo de miradas mutuas que protagonizan los sujetos sociales entre sí.
El paso siguiente implica preguntarse si las llamadas políticas sociales son la consecuencia necesaria y suficiente de las políticas aplicadas al bienestar social. En este sentido, puede suponerse que la conciencia política se desarrolla histórica y concretamente en forma reactiva, en donde las desigualdades sociales se traducen en problemas identificados para los cuales debe proveerse solución. 

La política del bienestar y las políticas sociales (I)


Jules Aarons (1921-2008)

En el fondo, parece que habría un plano de reflexión política en donde se opondrían aquellos que abogan por el compromiso público y estatal con el bienestar social generalizado, siquiera como horizonte discursivo y práctico, por una parte, y, por otra aquellos que optan por el entendido de que la economía de mercado pone las cosas en el lugar correspondiente, sin que sea pertinente que el gobierno o el Estado se inmiscuyan en todo asunto de pública felicidad ni del destino particular de los privados.
Para los primeros, las políticas sociales pueden ser entendidas, en forma positiva, como instrumentos de acción pública que desarrollen, en forma puntual y específica, unos intentos de solución a identificados problemas sociales que las sociedades donde impera el modo capitalista de producción y consumo. Por su parte, para los segundos, si apareciesen acaso, las políticas sociales apenas tendrían el papel de mitigadores caritativos de los conflictos motivados por la diferenciación social.
Para tomar partido sobre estas cuestiones, quizá sea pertinente abandonar por un instante la elucubración teorética al respecto y atreverse a afrontar el semblante de los integrantes de la sociedad, cara a cara y de a uno.

Prácticas sociales y patologías del habitar


Karin Rosenthal (1945)

En efecto, es significativo que de los sueños de los sujetos apenas si se consigan unas consecuciones traidoras y desiguales, estafas sociales, defraudaciones que nos pueblan las vigilias. Así nos situamos, postrados, incapaces de erguirnos sobre nuestros pies y de hacernos cargo de la construcción histórica de nuestra condición de habitantes del mundo que poblamos.
¿O será que toda práctica social estribe en un soterramiento relativo del deseo en oposición pertinaz con una consecución material y efectiva?

De qué hablamos cuando hablamos de actividad social de producción


Beaumont Newhall

Hablamos, en todo caso, de pasiones socialmente concertadas, de vidas estremecidas por el padecimiento de habitar como exiliados del Paraíso, de existencias que siempre buscan una ventana para contemplar lo que se recorta en el horizonte y lo que de este parece emerger. Hablamos de lenguajes sobreentendidos, de deseos sólo a medias formulados, de conatos de acción. Hablamos de sueños, sí, pero de realidades otras que un día serán a su turno negadas. Hablamos de proyectos, de diseño minucioso de utopías y también de heridas en lo real por obra de golpes de signos de lo que vendrá. Hablamos de construcciones demoledoras y constructos fértiles. Hablamos de la vida reflejada en las sombras del lugar. Hablamos de este condenado mundo nuestro, del que nos tenemos que hacer cargo.

Pasiones de la implementación


Lewis Hine (1874-1940)

Desde ya, es forzoso considerar que la implementación habitable implica una pasión de vida que es mucho más profunda, amplia y entrañable que la pura operación de una máquina de habitar. También forzoso es considerar que la implementación habitable es mucho más compleja y rica que un mero servirse de un artefacto útil. Es forzoso considerar, entonces, que la pasión habitable consuma el lugar, porque proyecta sobre éste toda su carga de identidad y referencia con la que la vida cobra sentido precisamente allí y en ese entonces. La pasión habitable hace del tener ésta su lugar una implementación radical, constituyente y absoluta.

Prácticas sociales de construcción del habitar


Esther Bubley (1921-1998)

Mientras que los constructores de edificios combinan piedra, ladrillos, cementos, hierro y madera, los habitantes construyen su habitar con alianzas y alejamientos, con compartimentaciones y aperturas, con gestos y palabras.
Ambas labores son singularmente esforzadas y confluyen, desde perspectivas tan diferentes como concurrentes, en lo que damos en llamar la arquitectura del lugar. Ambas labores no pueden concebirse y desarrollarse en forma mutuamente ignorante. Ambas labores deben aprender a concertarse estratégicamente.
A estos efectos es que aquí se contribuye al desarrollo de una Teoría del Habitar, que es cada vez más acuciante para el ejercicio profesional de la arquitectura.

Prácticas sociales de proyecto del habitar


Magdalena Berny (1976)

Un proyecto se elabora con sueños y con elementos que uno va encontrando en el camino.
El proyecto implica, entonces, ponerse a caminar, con empeño y entereza. A dónde se llegará no es posible determinarlo con exactitud cuando recién se emprende la marcha. Pero es seguro que, allí donde lleguemos, ahí está el lugar y la situación que conseguimos concebir y realizar como proyecto. Por esto, el proyecto no es meramente una efusión subjetiva de deseos y aspiraciones, sino una forja de circunstancias, que se realiza en forma de suyo metódica, paso a paso, siempre dirigidas a su meta. Aunque no necesariamente según una traza rectilínea.
Cabe preguntarse, sin embargo, a partir de cuándo es que se elaboran las ideas primigenias de tal proyecto. Al respecto, ahora cabe preguntarle al niño que hemos sido.

Examen de las prácticas sociales del habitar (III)


Antoni Arissa (1900-1980)

Santiago de Molina ha señalado[1], con su lucidez habitual, que la arquitectura proviene de una tensión entre la estrategia del proyecto y la táctica de la habitación. Hay en la realidad efectiva de aquello que llega a ser arquitectura viva algo de batalla, en donde, creo, la vida termina decidiendo la suerte de la lid. Porque cada lugar destinado a ciertas cosas, termina siendo implementado con las pasiones amorosas de los habitantes, que crecen y se reproducen, la más de las veces, en los intervalos impensados por todo plan. Y es una suerte para la vida, así como un silencioso desconcierto de la arquitectura de los lugares.
Por esto es de sabios proyectar una arquitectura de pliegues, de hondos intervalos, de umbrales, donde la vida subvertirá incluso tal estrategia.


[1] https://www.santiagodemolina.com/2019/05/multiples-tacticas-de-arquitectura.html


Examen de las prácticas sociales del habitar (II)


Antoni Arissa (1900-1980)

Porque los habitantes marchan es que señalan el método. Después de todo, met-odo (allá en el camino) es la traza de todo asedio heurístico, práctico o productivo. Allí donde se dirija el habitante, allí debemos seguirlo, reparando en la cadencia de los pasos, la dirección de su ruta y el sentido de su marcha.
Los habitantes siempre están marchando y no podemos quedarnos a la vera de su camino.
Debemos convertirnos —heurísticamente— en la sombra que acecha, a pocos pasos de distancia

Examen de las prácticas sociales del habitar (I)


Antoni Arissa (1900-1980)

La heurística de las prácticas sociales del habitar se centra en sujetos que tienen la habitación de umbrales como principalísima condición.
Porque las prácticas sociales participan tanto de una región histórica de experiencias y memorias hondamente arraigadas, así como de deseo de cambio y transformación. Por esta razón, las prácticas sociales propias de los habitantes no son simples estados que puedan observarse con los métodos que tiene el botánico ante hojas y flores. Las prácticas sociales no son, sino que devienen, por medio del sujeto, entre las circunstancias efectivamente experimentadas en el espacio tanto como en el tiempo, así como en estados futuros apenas entrevistos por la imaginación.
Aquello que podemos efectivamente concebir, demandar, requerir, proyectar, diseñar, construir e implementar es siempre un tránsito entre dos ámbitos entre los cuales nos encontramos: con la espalda tan bien cubierta y cargada de pasado como con la mirada perdida en el horizonte.

Hacia una indagación en las prácticas sociales de concepción del habitar


Gabriel Dante Rossetti (1828 –1882) Ensueño (1880)

La realidad de las prácticas sociales de concepción del habitar puede que quede siempre oculta en una suerte de hermética transparencia.
Sin embargo, podría acaso indagarse en los valores del habitar, entendidos como símbolos. Así, cuestiones como la adecuación, el confort, la dignidad o el decoro exigibles a la morada humana podrían ser objeto de un asedio hermenéutico en donde cada término empleado por el sujeto habitante fuese interpretado en su sentido profundo y oculto. Es preciso entonces en armarse uno como un verdadero maestro de la sospecha. Un torvo intérprete de los entresijos del discurso vigil del habitar.
Porque también es preciso indagar en las formas imaginarias de concepción del habitar. Para ello habrá que interpretar los sueños, interrogar a los cuerpos ensimismados, rescatar los girones de las revelaciones de lo onírico. Esto, para confrontar cómo es que la conciencia opera tanto en las resignaciones habituales de la vida cotidiana, así como cuando se desamarra hacia las tentaciones oscuras de lo posible.

Hacia una historia social del proyecto del habitar


Le Corbusier (1887- 1965) Plan Voisin para París (1925)

No olvides que lo que llamamos hoy realidad fue imaginación ayer…
José Saramago, 2002

La Teoría del Habitar, adecuadamente madurada, tiene en la historia social del proyecto del hábitat un importante capítulo de indagación y esclarecimiento. Porque la ciudad y la arquitectura que efectivamente habitamos es la resultante concreta del proyecto social de hábitat que nuestra comunidad es capaz de urdir.
Pero no debe creerse que lo imaginado ayer es fruto de una mente preclara y visionaria, situada heroicamente por encima de las miserias propias del presente mundo real. Lo imaginado ayer es más bien un monstruo producto de variadas entrevisiones antiheroricas, prosaicas y defensoras, en el fondo, del status quo. No imagina quien quiere sino quien puede imponer sus anticipaciones hacia el cuerpo social, ejerciendo el poder efectivo y simbólico, forjando futuro a partir de los gérmenes de un presente dado.
En realidad, la invocación de José Saramago es proclive a estimular otras formas de imaginación alternativas a las dominantes al efecto. Eso que en lejanos tiempos pasados solía llamarse pensamiento revolucionario.


Examen de las prácticas sociales de concepción del habitar (III) Significados


Richard Emil Miller (1875 – 1943) Ensueño (1910)

De la confrontación de los deseos subjetivos con los valores éticos emerge, a título de síntesis, los significados del habitar.
Porque es la cuestión crucial en nuestras prácticas sociales de concepción: ¿Qué significa, tanto en la vida real como en la vida soñada, habitar? Es preciso asociar virtuosamente ambos aspectos mediante un imperioso ejercicio de síntesis superior. Parte no menor del propio significado de nuestro vivir es lo que atribuimos al estatuto de nuestro habitar los lugares. Por ello es que debemos soñar con método, examinar con la imaginación y aunar con rigor significantes y significados de nuestras estancias y tránsitos en los lugares que efectivamente habitamos.
El reconocer y a la vez forjar significados en el habitar es la tarea imperiosa de hurtar nuestra vida cotidiana de la inanidad en que suele sumirse, por imperdonable descuido de nuestra propia condición humana.

Examen de las prácticas sociales de concepción del habitar (II) Valores


Frieseke, Frederick Carl (1874 - 1939) Tarde en el salón amarillo (1910)

¿Cuáles son los valores efectivamente puestos en juego por las formas profundas y genuinas del deseo?
El mero afloramiento de las formas del deseo de habitar no basta, si bien es una instancia ineludible. Es forzoso discutir a fondo los valores éticos implicados por los impulsores del deseo subjetivo. Cuando se discurre sobre valores éticos es cuando los deseos adquieren efectiva contextura social y no ya meramente individual.
Llegados a este punto debemos interrogarnos sobre las posibilidades materiales y sociales que aseguren a todos los actores sociales una cuota justa y equitativa de satisfacción relativa de tales deseos. No se trata de mínimos racionalizados en una sociedad y una economía inequitativas, sino de suficientes y adecuados consensuados en una organización social de iguales, de libres y de fraternos.
Sólo con el cultivo sociopolítico de valores éticos en el habitar se conseguirá que cada cual consiga, en la medida socialmente alcanzable, vivir como desea.