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Una saludable humildad metodológica

Jorge Jáuregui Villa 31 - Retiro, Buenos Aires Proyecto de Estructuración Socio-Espacial

El urbanismo moderno partía de un tabula rasa en la consideración de lo existente y de la idea de que lo físico (el proyecto) sería la causa de nuevas relaciones sociales armoniosas (Brasilia Chandigahrd, New Towns). El proyecto era “causa”.
Hoy, invirtiendo el proceso, empezamos desde la lectura de la estructura de cada lugar considerado en sus aspectos tanto físicos (contexto) como sociales (usos establecidos) y de la escucha de las demandas, y de ahí derivamos las premisas proyectuales. Ahora el proyecto es consecuencia.  
Jorge Jáuregui

La forma arquitectónica es consecuencia de su contenido social.
Por mucho tiempo, arquitectos y urbanistas han creído —tanto de buena fe como de la otra— que la forma precedía al contenido social. Y más aún: la forma era, según Jáuregui, causa de la situación social.
Hoy comenzamos a revisar seriamente tal actitud. Es una saludable humildad metodológica que nos redistribuye los compromisos: como ciudadanos activos bregaremos por el cambio progresivo de las condiciones sociales a la vez que elaboraremos, como arquitectos y urbanistas, las formas que correspondan a tal cambio, las que serán validadas sólo cuando los procesos de cambio social se hayan hecho efectivos.
Mientras tanto, debemos observar cómo se perfilan efectivamente los contextos y las demandas sociales en la dirección de los cambios. Pero siempre teniendo a las formas arquitectónicas como consecuentes

Hacia una teoría del confort (VII)

Charles Eames en su Lounge Chair diseñada conjuntamente con su esposa, Ray

Hay una dimensión no ambiental en el concepto de confort.
Proviene del tratamiento heurístico de la relación hombre-máquina y, en la actualidad, se extiende comprehensivamente a toda relación entre el cuerpo humano y una cosa cualquiera. De su origen en el mundo del trabajo deriva su nombre: confort ergonómico (del griego ergon, esfuerzo o trabajo).
Trata este importante factor del confort de la fatiga muscular y articular, así como también factores conexos de naturaleza psicológica.
A grandes rasgos puede especificarse en tal confort ergonómico:
  • Seguridad en la implementación, uso, operación o finalidad. La persona debe servirse de una cosa o utensilio en forma que no afecte su integridad física, su salud y su bienestar
  • Comodidad en la implementación. Debe minimizarse la fatiga y otros aspectos aflictivos en la relación con las cosas de las que uno se sirve.
  • Eficiencia en la implementación. La relación entre el uso, operación o implementación del sujeto de la cosa debe resultar no sólo eficaz (la cosa debe ser capaz de auxiliar la acción de modo efectivo), sino además eficiente (debe maximizarse el beneficio de la acción)

Hacia una teoría del confort (VI)

John William Waterhouse (1849-1917) Día de lavado (1885)

Aparte de los factores holísticos de naturaleza psicológica, en el confort efectivo también operan ciertas condiciones propias del contexto social.
Unas condiciones físicoambientales determinadas pueden resultar en una situación confortable en cierto contexto de actividad o interacción social, mientras que pueden no serlo en otras.
Unas condiciones ambientales propicias al trabajo intenso se vuelven inaceptables en la intimidad doméstica, mientras que en una animada reunión social imperan ciertas condiciones por completo diferentes a las de una consulta médica.

En la valoración sistémica del confort no sólo hay que atender, en consecuencia, a los factores ambientales, sino que deben ser ponderados complementariamente ciertos aspectos holísticos psicológicos y sociales.

Hacia una poética arquitectónica humanista (V)

Anton Laupheimer (1848–1927) Niño en la ventana (1927)

En la actualidad, la preocupación de los arquitectos se centra en el diseño arquitectónica de artefactos edificados. Pero cabe esperar en el futuro que algunos empiecen a prestar atención y dedicación a la promoción de situaciones humanas en los lugares.
En el horizonte de la práctica arquitectónica está empezando a dejar de desear el efecto concreto de unos edificios concebidos, desarrollados, diseñados, proyectados, construidos y hasta implementados como bellas vacuidades. Edificios que significan poco más que narcisismos y solipsismos personales, más o menos sórdidas operaciones inmobiliarias y una extendida indiferencia ante la ciudad y la vida de la gente.

Una poética arquitectónica humanista parte de entender que nada puede hacerse sin el concierto con la vida humana y nada puede ser más elevado y noble que apostar a ella y tenerla como aliada.

Hacia una heurística de las demandas sociales (V)

Johannes Engel Masurel (1826-1915) Interior rural (s/f)

Por lo general, la motivación por indagar algo puede fundarse sobre la intención de dominar ese algo. También es frecuente que del saber se desprenda, como consecuencia eficaz, un incremento de poder sobre el objeto de conocimiento o la materia tratada.
Casi cualquiera puede celebrar el incremento del poder de un médico sobre la enfermedad que investiga y combate. Pero las cosas cambian cuando el objeto de conocimiento son las personas. Conocer a fondo el trabajo, sus operaciones, pormenores y eficiencias relativas no suele beneficiar tanto el confort del trabajador, como redundar en una más aprovechada explotación por parte del empresario. Por ello debe uno preguntarse ¿en beneficio de quiénes operaría una heurística de las demandas sociales del habitar?

El desarrollo ético de la Teoría del Habitar no puede desentenderse de una orientación política proclive a la liberación del habitante en su propio beneficio. Y esto sólo se consigue mediante un empoderamiento consciente y deliberado de todos los habitantes, peculiarmente de aquellos activistas sociales que luchan por la mejora continua y estructural de sus condiciones de vida.

Hacia una teoría del confort (V)

Santiago Rusiñol (1861-1931) Estudio de figura (1890)

La naturaleza trabaja con enorme derroche: sólo en el cerebro humano hay seiscientos mil millones de células. ¿Qué importa, pues, una sensación oculta, una emoción inconsciente? A veces me parece que no importa mucho. Y otras pienso que todo depende de eso.
Sándor Márai

El confort tiene claros aspectos holísticos propios del ambiente psicológico.
No se trata de asignar ingenuamente factores emocionales a los lugares en sí y a priori, sino de reconocer que los lugares son escenarios propiciatorios de eventos con consecuencias afectivas sobre las personas. Por efecto de los mecanismos de identificación, memoria y referencia, los lugares se ven caracterizados, más allá de las variables puramente físicas concretas, por valoraciones afectivas de adhesión, rechazo o aún fobia, en función a los efectos emocionales de las experiencias vitales cuando tienen efectivo lugar.
¿El carácter agradable de una alcoba no es función, acaso, de las experiencias amorosas que allí han tenido lugar, más allá de las condiciones físicas efectivas? ¿La más elegante y pulcra sala velatoria puede quizá desentenderse de su vinculación con la aflicción por la muerte?

La consideración de variables psicológicas del confort vuelve considerablemente complejo su tratamiento conceptual.

Hacia una poética arquitectónica humanista (IV)

Assilah, Marruecos

Enséñame a vivir de la manera que tú lo haces para poder ver el mundo a través de tu entendimiento.
Juan Downey

En el semblante de la arquitectura uno puede verse a sí mismo y reconocerse como participante pleno de un espacio y un tiempo concretos, ya que, en el fondo, la condición humana es la causa final de toda empresa arquitectónica sana, auténtica y lograda.
Pero, naturalmente, la ideología suele impedirnos tal visión especular. De esta manera, las fisonomías de los artífices profesionales y los modismos de las clases privilegiadas suelen dominar en una subcultura arquitectónica aún hegemónica.

Sólo cuando nos liberemos de ciertas antiparras engañosas y sólo cuando sepamos instruir a nuestros arquitectos nos podremos ver reflejados, sin distorsión, en nuestras auténticas formas arquitectónicas.

Hacia una heurística de las demandas sociales (IV)

Utopía

El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas.
Jean Jacques Rousseau
Una arquitectura al servicio de la vida debe ser promovida, estimulada y conducida activamente por los deseos, las esperanzas y los sueños de habitar.
Este es el objetivo final de una heurística de las demandas sociales: empoderar al sujeto habitante. Y empoderar al sujeto habitante resulta de una liberación de las constricciones sociales, económicas y culturales que someten indebidamente la conciencia de las personas.

Pero tal liberación se conseguirá necesariamente en un marco general de emancipación social, económica y cultural. En mis tiempos mozos, a esto se le llamaba revolución, pero resulta un término algo pasado de moda, así que habrá que buscar uno nuevo o resignificar adecuadamente el viejo.

Hacia una teoría del confort (IV)

William McGregor Paxton (1869- 1941) Muchacha barriendo (1912)

Pero en esta casa lo que prima no es mi criterio, sino que se vive una rígida estructura determinada por la limpieza, la que pasa a ser un valor que se ubica por encima de la gente y de la vida.
Mario Levrero

Aparte de los factores que podríamos denominar microclimáticos asignados al confort, puede pensarse que hay que agregar a ellos otros aspectos más complejos en su constitución.
Se trata de factores de conformación holística: efectos del ambiente físico global, aspectos del ambiente psicológico y otras condiciones propias del contexto social.
Como efectos del ambiente físico global podemos mencionar, en principio, a factores tales como la limpieza. Es claro que un lugar sucio no constituye, de suyo un ambiente confortable, si bien los umbrales relativos de conformidad son muy variables. Con todo, constituye un factor holístico, ya que no depende de una variable clara y distinta, sino de la constitución de un estado general de aseo.

Es preciso indagar y reconocer más aspectos análogos, a la vez que ensanchar comprehensivamente el sentido del término confort.

Hacia una poética arquitectónica humanista (III)

Paul Signac (1863- 1935) Tiempos de armonía (1896)

Hoy se vuelve imperioso superar el falaz fetichismo denotado por el talento creativo de ciertos profesionales, tenidos por felices e infrecuentes excepciones.
La arquitectura, tanto en su carácter de empresa social como de su realidad cultural involucra de suyo a toda la sociedad y cultura de un espacio y tiempo específicos. La mejor arquitectura no es una rara ocurrencia, sino la expresión corriente de la cultura de toda una sociedad en su devenir histórico. Si nuestra arquitectura corriente es banal, comercializada y mezquina, es porque nuestra sociedad y cultura se desarrolla en forma adecuada a esos valores.

Por ello, una necesaria y acuciante necesidad de una sociedad y cultura mejores y superiores deberá alumbrar una poética arquitectónica humanista.

Hacia una heurística de las demandas sociales (III)

Alessandro Milesi (1856- 1945) Ensueño (1945)

Hay que distinguir entre los requerimientos sociales y las demandas.
Los requerimientos son las expresiones públicas y racionalizadas del deseo. Son apenas un emergente equívoco de una realidad que no se revela de modo inmediato. Es extremadamente dificultoso que las personas formulemos, en cada caso, qué es lo que deseamos, ya que nuestra conciencia se encuentra afectada por ideologías y otras formas de falsa conciencia. Nuestros requerimientos no suelen adoptar una forma auténtica, toda vez que nuestra conciencia no puede hacer emerger la demanda auténtica y profunda.
Por su parte, nuestras demandas son tensiones activas entre nuestras necesidades reales y los satisfactores que nuestro contexto social, económico y cultural puede efectivamente brindarnos.
Esto nos sitúa ante una contradicción no insalvable: no podemos contentarnos con suponer ingenuamente las demandas, pero no podemos seguir, en sus propios términos, los requerimientos espontáneamente expresados.

Por ello es que es necesario una heurística, un método riguroso de investigación en los aspectos no emergentes de las demandas sociales

Hacia una poética arquitectónica humanista (II)

Georg Schrimpf (1889- 1938) Dos muchachas en la ventana (1930)

Tiene que sernos posible otra arquitectura.
Una arquitectura que no concluya en meras cosas construidas, sino en hechos de vida auténticos, gozosos y productivos en lugares cultivados al efecto. Una arquitectura viva, porque a lo que confiere forma es al modo en que la condición humana tiene su lugar. Una arquitectura con vocación de vida porque no cristaliza en la materialidad construida, sino que origina, propicia e inaugura historias.

Una poética arquitectónica humanista es la denominación bajo la cual esta otra arquitectura podrá ver la luz.

Hacia una teoría del confort (III)

Sergey Ivanovich Svetoslavsky (1857-1931) En el jardín (1900)

Lo que codiciaba era la fragancia de ciertas personas: aquellas, extremadamente raras, que inspiran amor.
Patrick Süskind

Los factores microclimáticos de confort tenidos en cuenta en la literatura arquitectónica sobre el tema omiten considerar algunos aspectos tales como el confort olfativo o confort osmótico.
Esto quizá se deba a que pueda considerarse que un arquitecto poco o nada puede hacer en este aspecto: las características olfativas del lugar parecería que son responsabilidad del habitante. Y se sabe, para el sentido común de los arquitectos, la arquitectura es aquello de lo que se ocupan en exclusividad los arquitectos profesionales.
En realidad, una buena práctica arquitectónica no soslaya sino pone en primer lugar aquello que hace el propio habitante por su lugar. Por otra parte, hay ocasiones en donde el propio arquitecto cuida de aspectos como el que nos ocupa en un cuidadoso acondicionamiento específico de jardines y patios.
La experiencia de visitar los jardines de la Alhambra y no sólo solazarse con los colores y texturas, sino también disfrutar con la inspiración, es singularmente atrayente.

Pero la mención a este aspecto debe hacernos reflexionar que, a efectos del confort debemos hacer centro en el ser humano como entidad sensible y valuadora de todos los aspectos del lugar que habita. En este sentido, aspectos como el aroma de un lugar son, indudablemente, aspectos insoslayables del confort. Y seguramente habrá otros.

Hacia una heurística de las demandas sociales (II)

El Dr. Sigmund Freud y su diván

Hoy más que nunca es forzoso construir una disciplina dirigida hacia la identificación y respuesta a las efectivas demandas del sujeto habitante.
Ya no es posible descansar en la mullida y falaz convicción de conocer necesidades de un sujeto que no ha sido inquirido a fondo. Lo que necesita el sujeto lo sabe éste mismo cuando consigue liberar su conciencia. Afectar conocer las “necesidades” humanas no es otra cosa que un ejercicio de un paternalismo abusivo o una falsa naturalización. Es imperioso bucear debajo del requerimiento expreso y racionalizado para dar con el deseo, la demanda, la solicitación oscura. Se impone dar oídos al soñador.

Hay que indagar en las profundidades del sujeto deseante y demandante: dejar hablar la voz íntima de su interior y… saber oír.

Hacia una teoría del confort (II)

Mary Cassatt (1844-1926) La lámpara (1891)

En principio, en torno a la idea del confort, se atiende a ciertos factores microclimáticos: higrotérmicos, acústicos y lumínicos.
Así se consideran asociadas variables tales como la humedad, temperatura y velocidad del aire en correlación con los períodos estacionales, el tipo de vestimenta y las modalidades de actividad corporal. El acondicionamiento higrotérmico pasivo y la climatización artificial suelen ser los recursos principales para asegurar un marco de condiciones higrotérmicas satisfactorias.
En lo que toca al confort acústico se suele tener en cuenta las intensidades de los sonidos, tanto los eventuales como los niveles de fondo. Se apela al acondicionamiento específico por el control de fuentes, las variables de absorción y reflexión, y a la aislación por cerramientos.
Por su parte, el confort lumínico atiende a la intensidad, distribución espaciotemporal y modulación de la luz, así como la luminancia diferencial de los elementos. Los recursos técnicos disponibles son el acondicionamiento pasivo de la iluminación natural y el diseño de sistemas artificiales específicos.

Todos estos factores de naturaleza microclimática se tienen como fundamentales en tanto afectan críticamente algunos sentidos. Sin embargo, no son los únicos que afectan el confort efectivo.

Hacia una poética arquitectónica humanista (I)

Ilan Molcho Casa bereber, 2007

La arquitectura, vista como una disciplina social y humanista, ha sido desde el irrumpimiento de la modernidad víctima de un lento pero seguro desprendimiento de sus dimensiones espirituales y filosóficas. En su lugar, se ha dado paso a una actividad que obedece a los principios y razonamientos del mercado, regido éste por el capitalismo salvaje que caracteriza a nuestra época. Por lo anterior, esta gran disciplina ha terminado por ser disminuida a poco más que mercancía inmobiliaria, con un valor comercial y monetario fijo, pero sin fundamentos filosóficos convincentes que apoyen su existencia ni, por tanto, la labor creativa de los arquitectos.
Juan Luis Burke, 2011

¿Qué es esto de una poética arquitectónica humanista?
Se trata, en primer lugar, de la producción social de una arquitectura con vocación de vida1, esto es, una arquitectura que no se materializa en puras cosas construidas sino que se objetiva superiormente en las mejores relaciones posibles entre las personas y esas cosas construidas.
Asimismo, una poética tal, concebida como producción social, no se reduce a las formas excepcionales del talento creativo de ciertos profesionales, sino que es una expresión corriente de la cultura de toda una sociedad que contribuye orgánica y sistemáticamente a la consecución de su propia arquitectura.
Una poética tal, en síntesis, en la que no quepa la menor duda que es la condición humana la causa final de toda empresa arquitectónica.

1 La locución original es de Norberto Chávez

Hacia una heurística de las demandas sociales (I)

Infravivienda en Zaragoza, España1

How many roads must a man walk down
Before you call him a man?
Bob Dylan

¿Por qué una heurística de las demandas sociales respecto al habitar?
Hay, por lo menos tres buenas razones:
·         Primero, porque ya es hora de inquirir en los sujetos de derecho a habitar, dejando de lado la interpretación política tradicional, la oferta empresarial y la propia del aparato tecnoburocrático del Estado. Hay que ir directamente a los sujetos habitantes, a sus deseos y necesidades auténticas.
·         Segundo, es necesario reparar que un simple procedimiento de encuesta pública puede arrojar resultados engañosos. No debe confundirse los requerimientos sociales, que son racionalizaciones alienadas, con las demandas, que obedecen a auténticas y entrañables pulsiones del deseo.
·         Tercero, porque las necesidades, los deseos, las esperanzas, los sueños de habitar deben ser los efectivos elementos motores del obrar arquitectónico, toda vez que se ponga a la arquitectura al servicio de la vida.


Hacia una teoría del confort (I)

Henry Caro-Delvaille (1876- 1928) Retrato de Madame Simone (1908)


¿Qué es el confort? ¿Cómo definirlo en términos operativos? ¿A qué nos referimos cuando citamos el vocablo?
Se entiende al confort como el conjunto de condiciones materiales que aseguran bienestar y comodidad. Por su parte, al bienestar se le reconocen aspectos físicos, psicológicos, emocionales y sociales. Mientras tanto, la comodidad es expresión de utilidad y adecuación en la relación entre las personas y las cosas de que éstas se sirven.
A efectos de definir el término de un modo operativo, esto es, forjar un significado adecuado y fértil para desarrollar una teoría específica, debemos formular ciertas precisiones:

  •         Primero, el confort es un valor, esto es, una relación entre un conjunto de condiciones objetivas y un estado subjetivo de relativa satisfacción o conformidad, expresión de una forma específica de bienestar.
  •          Segundo, el confort es una variable ambiental, lo que implica que el sentido de la locución se dirige a la relación del ser vivo con el conjunto de condiciones que hacen posible y efectiva una modalidad específica de vida.
  •          Tercero, en tanto se considere el confort humano, éste constituye un estado de un mundo relacionado con un existente, en donde este último forja e interviene activamente en una relación específica con aquello que hace posible y efectiva su existencia.
  •          Cuarto, que toda forma de confort es un constructo histórico social, esto es, una elaboración contingente y revisable, originada en concretas condiciones históricas y sujetas a procesos de revisión crítica.

La tercera de las cuestiones radica en qué entidad referente es el confort. Por el momento, sólo es posible asegurar que se trata de una idea fuerza y una racionalización de un deseo profundo y estructural de la condición humana.

Tres formas de esperanza

René Magritte (1898- 1967) Los misterios del horizonte (1955)

La esperanza prospera aún bajo las condiciones más inadecuadas.
Alejandro Dolina

Pueden entreverse en el horizonte perspectivas futuras para el desarrollo de la Teoría del Habitar:
1.       Un desarrollo teórico cognoscitivo del confort humano
2.       Una heurística sofisticada de las demandas sociales referidas al hábitat
3.       Una poética humanista comprometida y honda

No nos sentemos a esperar. Trabajemos