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Los urbanitas y el agua


Claudia Wycisk (1985- )

Por donde anda la vida, circula el agua.
Los urbanitas no tratamos este elemento como se merece. Explotamos con rapacidad las fuentes, desperdiciamos su suministro, insignificamos su valor material y simbólico, y la vertemos, sucia, a los mismos lugares desde donde la extraemos, que es este planeta que nos va quedando cada vez más chico. Los urbanitas no deberíamos olvidar que se trata de un recurso a veces limitado, que algún día constituirá un delito ambiental penado su mal uso y quizá sólo la justipreciemos cuando escasee de modo crítico. Los urbanitas deberíamos volver a homenajearla en fuentes públicas que enseñen a los niños de mañana de qué se trata este elemento.
No deberíamos condenar el agua siempre a las ocultas cañerías: deberíamos, en cambio, formar con estanques unos espejos para podernos reconocernos allí.

Acerca del origen cartesiano de las dimensiones del habitar


René Descartes. Ilustración en el Tratado del Hombre, 1664

¿Dónde poner ese punto donde se intersectan las coordenadas dimensionales de nuestro habitar? En otras palabras ¿dónde es posible situar un punto cero de la constitución de todo lugar posible?
Pudiera tener lugar concreto en el punto del fuego, allí donde el calor conforta y se cuece, morosa, la pitanza. De un allí concreto podría devenir un punto simbólico; atrás de todos los lugares aguardaría aquella hoguera originaria.
Pudiera encontrarse un punto originario en la región más transparente de la atmósfera buena para respirar a nuestras anchas. Así, el punto de marras pudiera situarse en el aire y de aire se constituirían, en consecuencia, todas las arquitecturas posibles.
Pudiera situarse allí donde se señale un emplazamiento en la tierra. El punto originario tendría, por así decirlo, raíces en lo ctónico. De tal suerte, toda arquitectura tendría un único lugar en la tierra y allí deberíamos situar la intersección cero de todas las coordenadas.
En fin, también pudiera situarse en el espejo quedo del agua, allí donde tenemos la evidencia de constituir un aquí en un paisaje. Tras el reflejo originario, todo lugar tendría su plena constitución con un aquí relativo: allí donde emerge la evidencia de la situación.
¿O pudiera situarse, en definitiva, en el cuerpo del habitante? De tal suerte, cada persona sería portadora una arquitectura tan fundamental como íntima, propia y apropiada. Una arquitectura tan primordial que todas las otras serían apenas emergencias contingentes en su forma, aunque forzosas en su sustancia.

El lugar al que volvemos

Fuente en Castelvecchio, Verona


Es bueno saber que un rincón memorable del mundo el agua fluye fresca y limpia, midiendo el paso del tiempo.

Habitaciones elementales (III): Agua

Edgard Degas (1834- 1917) Mujer en una bañera (1883)

Creemos que es posible fijar, en el reino de la imaginación, una ley de los cuatro elementos que clasifique las diversas imaginaciones materiales según se vinculen al fuego, al aire, al agua o a la tierra.
Gaston Bachelard, 1942

El agua y la vida no suelen proliferar mucho una lejos de la otra.
Pero es el trato íntimo y simbólico de las personas con el agua lo que signa de un modo especial los lugares habitados. Concomitante con la ablución ritual está la entrevisión propia en el reflejo de la superficie: Narciso se reconoce a sí mismo en la circunstancia del lugar y quizá esta instancia es el Conocimiento fundamental que nos hace tener efectivo lugar. Pero cabe considerar antes la vivencia profunda del contacto de la piel con el agua, percepción precursora de toda otra experiencia cognoscitiva  del cuerpo en el lugar. Hay que recordar toda esa ancestral experiencia de flotar al amparo de la matriz, que nos instruye nuestro prolongado desarrollo prenatal. Nuestra piel ha conocido antes el agua que las agradables brisas de la atmósfera.
Quizá sea todo esto algo que ver con que al agua, cuando volvemos, siempre lo hacemos de un modo primitivamente placentero.

Por ello, acaso no haya refinamiento más consumado que flotar, plácidos, aligerados de peso y confiados en un agua a la que podemos siempre considerar, a justo título, sagrada.

El paisaje conmovedoramente elemental

Lago de Como


Hay una virtud esencial en la yuxtaposición dramática de los elementos: aire, agua, tierra y fuego. ¿Qué dónde  está el fuego? Atrás de la mirada que otorga sentido al paisaje.

Historia universal del cuerpo y el agua

Jean-Léon Gérôme (1824- 1904) Bañistas en el río (s/f)

Antaño, el baño era dominantemente festivo, colectivo y reparador. Para llegar a la actual condición de requisito cotidiano, higiénico e íntimo, ha corrido mucha agua, por cierto.
Es que antes sucedía con menor asiduidad relativa. La frecuentación del agua mejora ciertamente la higiene del cuerpo, pero percude el valor ritual y ceremonioso. Asimismo, el agua apta para el baño escaseaba junto con las circunstancias propicias a su uso. La domesticación plena y eficaz de grandes cantidades de agua potabilizada y acondicionada térmicamente vuelve lo raro en común así como lo sagrado en profano. Por otra parte, el largo proceso histórico que va desde el baño público y colectivo hacia el reducto privado e íntimo, transforma una fiesta grupal en un ritual ensimismado.

Precisamente ahora que nos las habemos íntimos con el agua, el Sagrado Mercado nos atormenta con su prolífica oferta de jabones, geles, cremas, champúes, perfumes y demás cómplices del aliño bienoliente. Por lo que se puede ver en la televisión, es terreno arduamente disputado.

El cuerpo, la estructura del lugar y las poéticas arquitectónicas primordiales (VII)

Andrew Wyeth (1917- 2009) Baleen (1982)

Allí donde se establezca el hombre, no puede estar muy lejos el agua.
Es que la vida humana tiene sustento en las condiciones generales de vida que la hacen posible, factible y preferible. El agua es el sustrato general de tales condiciones.
Así, no sólo el aplacamiento de la sed es tan acuciante como la disponibilidad de la ablución purificadora, o la disposición de los más lejanos e implacables horizontes.

Sólo la administración prudente y el respeto elemental de las potencias del agua hacen posible que el habitar humano suceda en un vital estremecerse en mutua presencia.

Arquitecturas míticas: 2: Agua

Alhambra, Granada

La vida no puede andar muy lejos del agua.
Por ello, el agua es bienvenida con prudencia en la casa del hombre: no es fácil de domesticar, pero siempre es un homenaje a la vida poder verse reflejado en su superficie. En el espejo del estanque advertimos, siquiera oscuramente, que tenemos efectivo lugar entre las cosas del mundo. Así se nos ahondan, insondables, los patios y el alma.
Pocos lujos hay más refinados que contar con un patio bienoliente en donde rumorea fresca una fuente que no cesa.


Reescrituras (XXIV): ¿Cuál de los elementos?

Jean Béraud (1849- 1935) Un día ventoso en el Pont des Arts (1881)

¿Cuál de los cuatro elementos es el propio del habitar? ¿El aire que se deja ocupar, respirar y que agita a los paseantes? ¿El agua que corre y separa la ciudad y que justifica el puente? ¿La tierra por la que transitan intensamente las personas? ¿El fuego, que aguarda el regreso de los ateridos?

* * *

Pensar en los mitos elementales supone intentar dar un paso atrás reflexivo en busca de un pensamiento que aún no se somete a la disciplina de la razón convencional.
Ese paso atrás no es otra cosa que una artimaña del pensamiento: explorando los territorios del mito pueden encontrarse entrevisiones, sospechas e intuiciones que nuestra manera actual de pensar reprime, con buenas pero no suficientes razones. La poética sustituye así el discurrir corriente.

Lo que no puede la razón diurna lo podrá el ensueño poético y crepuscular del pensar mítico.

Reescrituras (XXV): Agua clara y purificadora

Lilian Genth (1876- 1953) En lo profundo del bosque (1910)

Oigamos a alguien especialmente lúcido: El agua evoca en primer lugar la desnudez natural, la desnudez que puede guardar una inocencia (Bachelard, 1942)

* * *

Hay un profundo sentido originario en la pureza propia del agua límpida.
Es el elemento propicio a la purificación ritual, a la ablución redentora, al sagrado gesto de refrescar el ánimo. Es el espejo primordial que nos indicará nuestra originaria situación entre las cosas. Es también el medio inquietante de las misteriosas entidades que pueblan lo fluido. Es, asimismo, eso que mana sin cesar, rindiendo su imagen a la intuición superior del tiempo.

El agua, clara y purificadora, es un elemento peculiarmente noble para habitar en su necesaria y gozosa proximidad.

Un sueño de una sala de baño

Edgard Degas (1834- 1917) La bañera (1889)

Una sala de baño se deja soñar con las alegrías sagradas del agua.
En la actualidad se cuida con especial esmero el arreglo de nuestras estrechas salas de baño. Quizá este esmero radique en el ajuste del ámbito al retiro narcisista. Así, superficies tersas, rotundas y limpias rodean de cerca el cuerpo y los rituales cotidianos de su cuidado.

Pero debe cuidarse de asegurar un lugar significativo al lenguaje del agua, elemento purificador en más de un sentido.

Reescrituras (IV): En busca del agua

John Henry Twachtman (1853- 1902) Lago encantado (s/f)

En principio, es forzoso ir a buscar el agua allí donde se encuentra, en precisas condiciones de espacio y tiempo. La limpieza del cuerpo es entonces un ritual moroso y tiene algo de aventura.
* * *
No debe creerse que la búsqueda ancestral del agua obedezca a una pura motivación higiénica.

En realidad, se trata de un ritual de un profundo significado existencial: buscar el reflejo propio en la superficie quieta, allí donde se revela que la persona tiene efectivo lugar. Luego de ello, la inmersión en ese elemento primordial capaz de esta crucial revelación.

Reescrituras (III) El largo viaje del agua hacia el interior de la casa

Alfred Stevens (1823- 1906) El baño

Ha sido necesario un prolongado proceso histórico y técnico el que conduce eficazmente el agua hacia el interior de la casa. El cuerpo, agradecido. No obstante, para los arquitectos no deja de ser un intruso incómodo y peligroso de humedades. Ya lo dijo Le Corbusier: Pour Viollet c’est facile: pas de tubes!
* * *

El puro aseo y la alimentación sana no son motivaciones suficientes para justificar tamaño proceso histórico. Es la purificación por la ablución ritual la que mueve las fuerzas históricas. Es la búsqueda del elemento mítico esencial para la construcción del ritual y ámbito íntimo. Es la recuperación simbólica de la Primera Sustancia del habitar, de las que todos guardamos confusa pero clara nostalgia.


El signo del reflejo en el agua

Hermann Corrodi (1844–1905) A la vera del río (s/f)

Yo que sentí el horror de los espejos
no sólo ante el cristal impenetrable
donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejos

sino ante el agua especular que imita
el otro azul en su profundo cielo
que a veces raya el ilusorio vuelo
del ave inversa o que un temblor agita

Jorge Luis Borges
Hay un suceso capital en el devenir de la historia humana del habitar: advertir la propia presencia en el reflejo que nos devuelve la evidencia que constituimos un lugar.
Nos identificamos a la vez que conocemos nuestro lugar. Narciso sucumbió ante este encantamiento, mientras que a Jorge Luis Borges le infligió un horror del que no se libraría ni con el exorcismo de la poesía. En todo caso, hay en el mundo ciertas mágicas entidades a través de las cuales irrumpe la revelación que estamos de un lado del mundo.

Quizá haya sido precisamente el lugar en donde experimentamos tal epifanía es el lugar originario desde donde parten, raudas e incesantes todas las dimensiones del espacio y el tiempo.

El agua en el patio

Patio de los Arrayanes, Alhambra

Agua, te lo suplico. Por este soñoliento
Nudo de numerosas palabras que te digo,
Acuérdate de Borges, tu nadador, tu amigo.
No faltes a mis labios en el postrer momento.
Jorge Luis Borges, Poema del cuarto elemento

No es sólo cuando escasea cuando debemos reconocer el valor del agua.
Es un elemento fundamental, difícil de dominar y, por completo, fascinante. Es fundamental para asociar la vida a su disponibilidad. Por su parte, resulta indómito como materia, sujeto a inflexibles ciclos naturales que hacen de su forma,  presencia y comportamiento una dura experiencia no sólo técnica. No obstante, el dominio respetuoso del agua devuelve al alarife avisado una fascinante experiencia de todos los sentidos.

Y los habitantes del patio, agradecidos por ello.

La fascinación de los bordes

Assilah, Marruecos

¿qué es por ventura el mar?
¿por qué fascina el mar? ¿qué significa
ese enigma que queda
más acá y más allá del horizonte?
Mario Benedetti

La habitación de los bordes tiene, por lo general, un aspecto fascinante.
Puede deberse que, mientras se habita en una cierta forma o modalidad, se participa de la percepción recíproca de otra región que implica otros modos de existir. Esa otredad presente y patente hace estimulante la presencia allí. De este modo, las costas conforman sitios de expectación: la yuxtaposición de la tierra y el agua obra, por lo general de manera virtuosa sobre el encantamiento del habitante.

Y allí nos gusta quedar, cautivos de la impecable línea del horizonte y hechizados por esa entidad que no hace más que comenzar y recomenzar.

Abluciones, lavados, eliminaciones

Standard Sanitary Manufacturing Company Muestra comercial (1912)

La denominada sala de baño es un ámbito de inserción tardía en el interior de la casa. Concurren varios procesos históricos en esta irrupción.
Por una parte, se ha desarrollado una ardua ingeniería que toma el agua del ambiente, la vuelve potable, la distribuye en la ciudad, se inmiscuye en las entrañas de la casa y es devuelta al ambiente como agua altamente contaminada. Un ciclo antrópico domesticador del agua ha sido costosamente desarrollado, no sin pérdidas.
Por otra parte, el antiguo rito purificador de la ablución y la inmersión ha cedido lugar a la yuxtaposición de usos cotidianos que sólo tienen en común el uso intensivo de agua limpia: abluciones, lavados, eliminaciones. A lo excepcional de la purificación episódica le sucede la banalización cotidiana. Así, profanamos el agua depurada con todo tipo de sevicias, arrojando lejos asquerosidades malolientes y malsanas.
También concurre una renovada preocupación por la intimidad, el aseo y el arreglo personal. En lo hondo de la sala de baño aguarda siempre un espejo implacable.
Las antiguas maravillas del agua límpida y surgente se sustituyen ahora por la infamante domesticación de ésta en ocultas cañerías: ahora los falsos ídolos del fariseísmo contemporáneo son los aparatos de grifería y los sanitarios.

El agua, por su parte, suele vengarse de esta injusticia en forma de humedad por pérdidas.

Valores del baño

Palma Vecchio (1480- 1528) Diana y Callisto (1528

Antaño, el baño era dominantemente festivo, colectivo y reparador. Para llegar a la actual condición de requisito cotidiano, higiénico e íntimo, ha corrido mucha agua, por cierto.


H.C. White Co Publishers Mujer en el baño (1902)


Lo importante es cómo ha devenido el significado del baño y del cuidado personal. Más allá de la pura disponibilidad técnica de ámbitos domésticos e instalaciones, es crucial cómo han devenido los valores en juego.
¿Cómo devendrán los baños del futuro ante las ahora incipientes inquietudes ambientales con referencia al agua, la energía y los modos sustentables de habitar?

Purificación

Veniamin Borisov (1935- 2014) Bañista (1993)

El agua es el elemento que purifica con su frescura y limpidez ejemplar.
Para Bachelard, “la imaginación material encuentra en el agua la materia pura por excelencia”. Existe una temprana asociación entre el agua y la vida a través de la experiencia de la fertilidad de la tierra regada, pero sobre todo con la vivencia honda de la frescura en la piel.
Así, podemos experimentar la vitalidad del agua con la experiencia de la sed, pero será con una fresca ablución reparadora que nos purificaremos según un ritual traído desde lo hondo de los tiempos.


Honor al agua en las fuentes

Julius Jacob el Joven (1842- 1929) Kemperplatz (1889)

Un elemento con las virtudes del agua merece un homenaje singular en los lugares que habitamos.
Ha sido y es un elemento difícil de manejar, por lo que toda fuente significa una conquista de la física aplicada. En las fuentes, el agua surge, danza, murmura, refresca, empapa y prolifera en complejas percepciones de la riqueza de una buena vida. Estas calidades del elemento adquieren desde mucho tiempo atrás complejos significados de purificación, limpieza y aliento vital.
Para los antiguos árabes, las fuentes eran un triunfo sobre los padecimientos del desierto. En sus patios, desde entonces, ha reinado calmo el rumor refrescante del agua limpia y abundante. En el Renacimiento europeo dieron lugar a ejercicios de virtuosismo técnico y escultórico.
Antes del desarrollo de la ingeniería de la distribución por tuberías casa por casa, las fuentes no sólo fueron lugares imprescindibles para la vida cotidiana; también constituyeron lugar de reunión e intercambio social. Desde entonces, las fuentes siempre están, de un modo u otro, en un cruce de caminos.

En la actualidad perdura apenas la sombra de la magia, pero es un vestigio que no debemos dejar desvanecer.