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Lo que queda del día (III)


Peter Merts (1950)

¿Qué les sucede a las grandiosas escaleras cuando nadie transita por ellas?
Porque una escalera es una persona que transita por ella. En su ausencia, la escalera es una cosa magnífica que conecta lo Bajo con lo Alto. Pero ¿qué ocurre cuando carece de interés y sentido ascender o descender? Los peldaños guardan memoria de los pasos, pero su sucesión ya ni eleva ni abate. Es una pura escultura en el espacio que se empeña en permanecer impávida en el tiempo que se va depositando con callada lentitud.
La escalera, con la pura vida gastada por sus transeúntes apenas es un relicto de lo que fue, ruina enhiesta que tardará en caer. Pero nada más que esto.

Profundidades


Luis Alonso (1969)

Cada vez que ascendemos por una escalera no sólo nos elevamos hacia las alturas, sino que, recíprocamente, emergemos de una profundidad.
Así es el tránsito a través de las escaleras: una marcha hacia adelante que se resuelve en una transformación del de estatuto vertical, el que puede ser asumido de modo ambivalente. Pero la marcha, en sí, siempre es adelante y esforzada.
Lo que puede diferir en su carácter es la transformación vertical. Porque sólo se conquista la altura si se emerge de una profundidad, así como se consigue una profundidad si se cede la eminencia. Mientras que marchar es habitar el mero espacio y tiempo, la práctica vertical de la escalera es una transformación existencial.
Así, la habitación de una escalera puede significar el más paradójico misterio o el más sumario de los expedientes. Todo depende del habitante de la escalera.

Instrucciones para habitar una escalera


Émile Savitry (1903-1967)

Toda vez que una escalera es un ámbito muy calificado en su habitación es necesaria una conducta condigna con su condición.
A efectos de habitar una escalera de un modo adecuado, digno y decoroso, es preciso considerar la disposición fundamental del ánimo para afrontarla. No es lo mismo, ciertamente, descender que ascender ya que el cuerpo necesita prepararse diversamente para la correcta práctica del ámbito. Un rápido pero concienzudo examen de las proporciones preparará el cuerpo para el esfuerzo, según su empinamiento, desarrollo o traza. Asimismo, es crucial la decisión acerca de la distancia horizontal entre el eje del cuerpo con el pasamanos. Un expeditivo examen del estado material de los escalones nos preanuncia una advertencia sobre la seguridad relativa del paso.
Una vez acometido el primer peldaño, es preciso guardar memoria en la zancada, porque (es de suponer) la escalera impondrá en su proporción entre la huella y la contrahuella una ley rítmica regular. Según esta pauta, dosificaremos la velocidad, a efectos de no agotarnos indignamente el aliento.
También según esta norma es que adoptaremos una etiqueta acorde con las circunstancias.
Sólo entonces, cuando nos sometamos de buen grado al andar apropiado, podremos comenzar la aventura de habitar verdadera y cabalmente el ámbito de la escalera y participar de su espíritu particular. Sólo entonces podremos comprender los pormenores existenciales de su secreto diseño. Porque una escalera es, siempre, una persona que transita una escalera.
Mientras que servirse de una escalera es asunto de aprendizaje conductista, habitarla es muy otra cosa.

Vida en las escaleras


Leo von Klenze (1784–1864) Plaza del Duomo en Amalfi (1859)

¿Qué decir de cuántas cosas valuamos al afrontar el tránsito por una escalera?
La habitación en tránsito de una escalera es toda una historia y geografía: ¿cuántas novelas detallan el ascenso social de los protagonistas, cuando no realizan la crónica de su caída, peldaño a peldaño? ¿cuántas dramas y óperas se desarrollan mediante los deslizamientos ya furtivos, ya majestuosos, por las escaleras que van a dar ya a la gloria, ya al cadalso? ¿cuántos lugares aparecen marcados en su sentido propio por su situación respecto a una escalinata?
Los habitantes de este mundo debaten sus peripecias subiendo y bajando por escaleras y cada destino individual parece consistir en cómo uno afronta el tránsito por la escala que le toca.

Dimensiones humanas de las escaleras (VIII) magnitudes alethotópica y tanatotópica

Paul Gustave Doré (1832-1883) Infierno

El tránsito por las escaleras supone la vivencia especial tanto del desocultamiento del ser y de la revelación del fenómeno, así como la caída en la rememoración de la vida dejada atrás.
Por lo general, se suele asociar el progreso con la adquisición cognoscitiva y al descendimiento con la memoria, pero también puede interpretarse a la inversa. Esto es especialmente significativo en los sueños, en el onirismo tanto de la escalera como de la propia traslación en ella.

Será cuestión de ver cómo nos acercamos hacia la luz o a las sombras. Y cuál es la cota de altura que procuramos. En el sueño tanto como en la vigilia.

Dimensiones humanas de las escaleras (VII) magnitud quirotópica

Victor Horta (1861- 1947) Escalera en la residencia Tassel (1893)

La vivencia de las escaleras no se reduce al puro juego de piernas.
Las escaleras se juzgan también con las manos. Hay un componente táctico y háptico que suele negligirse en la actualidad, cuando los pasamanos se reducen a indecorosos expedientes. Pero en épocas de furor diseñador, como en la del Art Noveau, este aspecto fue puesto de manifiesto con pasión.

Las escaleras también deben apreciarse en su magnitud quirotópica, esto es, cómo y cuánto resultan bienes a la mano.

Dimensiones humanas de las escaleras (VI) magnitudes erototópica, nomotópica y ergotópica

Gjon Mili (1904-1984) Desnudo descendiendo la escalera (1949)

Las escaleras efectivamente vividas son estructuras trémulas.
Se estremecen los peldaños con el esfuerzo de los pasos, se somete el cuerpo de buen grado a una imperiosa coreografía que teme la caída, transitar una escalera (¿por qué no?) resulta una actividad apasionada. Definitivamente, hay una vibración  muy especial en esta oscura región en donde se aúnan el esfuerzo físico, el imperio de la regla y una pasión singular en la marcha que muda de altura.

Sólo ahora empezamos a entrever algo a través de un espejo oscuro, mientras vamos y venimos por las escaleras.

Dimensiones humanas de las escaleras (V) magnitudes fototópica, fonotópica y osmotópica

James Anderson (1813-1877) Tívoli, Villa d’Este (s/f)

A las escaleras les favorece una clara iluminación, que comprende tanto a los peldaños, así como al arranque y la llegada. Es forzoso que, a la vista, luzcan en cada uno de sus pormenores. Las escaleras, entonces, claras, muy claras.
Por su parte, cada una de ellas tiene una música particular. Hay de las que rechinan, las que retumban, y también las sordas. Pero todas tienen que redundar en señales acústicas de los pasos, cada una a su modo.
Quizá el aspecto más sutil es el que atañe a los aromas. Como todos los lugares umbrales, pueden preanunciar el tono osmótico de los lugares que conectan, tanto como detentar una fragancia propia y a veces entrañable.

Hay dimensiones humanas en las escaleras que no por desatendidas deben ignorarse. Es cuestión de aguzar los sentidos y la sensibilidad.

Dimensiones humanas de las escaleras (IV) magnitud histerotópica

Francisco Albuquerque Casa de vidrio de Lina Bo Bardi (1950)

La implicación de los pasos en los peldaños es una medida posible para apreciar la hondura interior de una escalera.
Pero sólo en algunos muy especiales rellanos se da con un magnífico calado propio de las escaleras sabias. Este ejemplo, de Lina Bo Bardi, lo muestra con virtuosa claridad didáctica.
No todos los peldaños deben contentarse con la sucesión monótona, no todas las escaleras se deben agotarse en la victoria sobre una altura, no todos los pasos deben constreñirse a unir el punto de arranque con un único de llegada.

Hay escaleras que se permiten a sí mismas constituir paseos en su hondura. Son quizá las mejores.

Dimensiones humanas de las escaleras (III) amplitud

Eero Saarinen (1910- 1961) Escalera en centro tecnológico de General Motors (1956)

La amplitud de una escalera es la magnitud relativa a la alegría, la calma y el consuelo.
Mientras que una estrecha y empinada escalera es la imagen patente de la angustia, la anchura bien proporcionada es una recompensa al esfuerzo tanto de subirla como en la de dejarse caer rítmicamente. Una vez que otras proporciones garantizan el confort y la confianza, la calma enseñorea los tránsitos. Es que la amplitud relativa de una escalera es la medida propia y diferencial de una airosidad asociada a la dignidad del viandante.

La amplitud de las escaleras es el signo de distinción de los lugares y una medida posible para la magnitud del decoro.

Dimensiones humanas de las escaleras (II) altura

Gloria Swanson en Sunset Boulevard (Billy Wilder, 1950)

Lo que precede a una escalera es un desnivel que no se contenta con ser puramente físico.
En efecto, la dimensión de la altura separa y segrega en lo elevado, lo eminente, lo superior jerárquico de lo terrenal, lo corriente y lo subordinado. Así, se celebra física y moralmente el ascenso hacia el conocimiento, el poder y la revelación trascendente, mientras las aflicciones del alma son vividas como caídas o descensos.

De allí que suela resultar siempre eficaz desde el punto de vista dramático el descenso de una bella dama por una escalera. Su contorno se ve favorecido mientras deja de ser una deidad sublime para volverse una mujer, objeto de deseo ávido. De allí que quede impregnada en la memoria el avatar de la esforzada lucha entre la altura y las personas, porque todo el ardor vital se agota en bajar y subir cada uno las escaleras que le tocan en suerte. De allí que las éstas, vividas en la práctica de su altura, cambien fatigas con enseñanzas.

Dimensiones humanas de las escaleras (I) profundidad perspectiva

Alvar Aalto (1898- 1976) Escalera en villa Mairea (1937)

En toda escalera se ansía ganar altura a costa de un cierto recorrido horizontal.
Hay una proporción muy precisa entre esta profundidad perspectiva y la altura a someter. Si la pendiente es empinada, la escalera resulta ardua y peligrosa, mientras que si progresa con lentitud, resulta cansadora. Por ello ha quedado codificada una relación entre la altura y la profundidad del peldaño, la que se sucede como un módulo regular propuesto a la marcha calma y confiada.
En torno a la reputada regla de Blondel (2 contrahuellas + huella = 64 cm) se construye el signo del paso usual en nuestras escaleras. Así, la medida específicamente humana de la profundidad perspectiva de una escalera corriente está dictada por el desnivel a salvar y la máxima sucesión lineal de peldaños que nos pueda desafiar de un modo razonable y según las circunstancias.

Las medidas humanas de una escalera se aprecian en principio con el aliento rítmico de la respiración. Inspiramos hondo antes de acometerlas.

Escaleras singulares (II)

Carlo Scarpa (1906-1978) Escalera en Castelvecchio, Verona

Una lección arquitectónica de un verdadero maestro de la arquitectura: un problema singular merece una completa reelaboración en el diseño.
La restricción, en este caso, proviene de disponer de un escaso desarrollo horizontal para ganar una gran  altura. Esto supone un desafío a la consabida ley de Blondel, que reina sobre las escaleras. La solución consiste en reelaborar el diseño de la propia marcha, que en vez de consistir en un recto, único y regular acontecer, se reinterpreta en clave de alternancias de saltos y vueltas regulares, que hacen pendular el cuerpo en torno a su plano horizontal.
El artificio resulta más cómodo para subir que para bajar, es cierto, pero consigue ser memorable: todo está por inventar, si uno se toma las cosas muy en serio. Y las escaleras son cuestiones para abordarlas muy en serio.


Escaleras singulares (I)

Carlo Scarpa (1906-1978) Escalera en Negozio Olivetti (1958)

Es más que una escalera. Es una enseñanza sobre qué es una escalera.
El confort y la seguridad solicitan una secuencia regular de huellas y contrahuellas, sometidas a las demandas de la marcha. Pero esto no quiere decir que todos los peldaños deban resignarse a la pura sumisión monótona a las reglas de la serie.
El primer peldaño es singular en su papel umbral, mientras que no lo es menos el último, protagonista de la irrupción en el plano alto. Y cosas parecidas pueden repararse en cada uno de los escalones: cada altura ganada y poblada por el viandante tiene su especial valor y el arquitecto sabio es el que reconoce y pone de manifiesto tal diferencia.

Y todo esto sin mengua alguna de la secuencia regular de la marcha, en especial de las elegantes que transcurren por ella con una olímpica distracción

Sueño de escaleras

Bernardo Bellotto (1721- 1780) Capricho (1762)

¿Qué es lo que hacen las escaleras?
Unen y separan. Así como permiten ascensos y descensos, tienen la virtud de oponer todo aquello que mora ya en su arranque, ya en su remate.
De modo que articulan dos regiones moralmente oponibles: quiere la bipedestación que en lo eminente radique lo bueno, lo noble, lo importante, mientras que allá abajo queda lo vil, lo común, lo cotidiano.

Soñadas, las escaleras siempre suponen que al esfuerzo de ascender por ellas le corresponderá un logro, una revelación, un vértigo. Soñadas, siempre resulta algo inquietante descenderlas. Soñadas, siempre implican una suerte de desafío al acontecer. Soñadas, siempre muestran un horizonte tras el cual algo sucederá.

Reescrituras (V): Una escalera para un filósofo en actividad

Rembrandt (1606- 1669) Filósofo meditando (1632)

Si uno tuviera el raro privilegio de proyectar un espacio para la meditación de un filósofo, seguramente fuera una feliz idea construir una escalera como ésta. Porque una escalera así no se contenta con comunicar un nivel físico con otro, sino que sobre todo estimula el pensamiento y la especulación.
* * *

¿Cómo no embelesarse con la geometría excelsa de su desarrollo?
¿Cómo no detenerse en la intriga de su sustentación?

¿Cómo no contemplar el modo en que la escalera sólo es tal en la circunstancia en que marchamos a su través?

Escaleras (IV)

Gerhard Richter (1923- ) Ema (1966)

¿Realismo, hiperrealismo?
El resultado artístico parece distinto al buscado por los hiperrealistas norteamericanos. A mí se me hace que aquí se trata de un realismo de naturaleza existencial.
Por una parte, es indisimulable el apoyo en una imagen fotográfica. Pero el exceso de definición, la proliferación innecesaria de pormenores y la redundancia propias de la fotografía como recurso se combaten pictóricamente. Y creo que el artista acierta.

Hay más que lo que se deja ver; este más es tarea del espectador develarlo

Escaleras (III)

Gerhard Richter (1923- ) Ema (1966)

La modelo desciende hacia nosotros desplegando todo su encanto que proviene, con ella, de una sagrada altitud. Nos concede sus encantos, a punto de llegar a nuestro humilde y mundano rellano, pero aún tan elevada que su pubis (Venusberg) resulte virtuosa y precisamente ubicado en el centro geométrico del cuadro, de la composición y de la mirada.
Está especialmente lograda la tensión por la conservación del equilibrio y en ensimismamiento resultante. También cuando oímos los prodigios vocales de una cantante lírica nos suspendemos de un equilibrio inestable semejante.

Pero es algo más que una módica muestra de ejercicio cotidiano: viene hacia nosotros, no cesa de venir y de interpelarnos silenciosamente.

Escaleras (II)

Gerhard Richter (1923- ) Ema (1966)

Aparte de las razones más aparentemente obvias, esta pintura resulta fascinante precisamente porque sitúa a su bella modelo en una escalera.
Una escalera es un lugar umbral especial: articula dos regiones del lugar en una dimensión especialmente señalada de nuestra condición humana: la dimensión vertical.
Así, una escalera une y separa a la vez un Arriba y un Abajo. Si atendemos a Bachelard, reparamos en la carga moral propia de la verticalización, correspondiente al hábito de la bipedestación humana. Arriba es la región de lo eminente, de la superioridad, de lo divino, por oposición a lo profano, lo supeditado, al lugar hollado.
Bernhard Schlink afirma que este cuadro es una contestación artística al famoso Desnudo descendiendo por una escalera de Duchamp. Acierta.



Marcel Duchamp (1887- 1968) Desnudo bajando una escalera (1912)

Mientras que el modernísimo Duchamp se concentra en el mecanismo, Richter va más allá: hay una escalera en el mundo que es Ema-bajando-la-escalera.
Todas las escaleras son unos seres humanos que bajan y suben.

Escaleras

Gerhard Richter (1923- ) Ema (1966)

He comprobado, con alegría, que al famoso escritor Bernhard Schlink le ha fascinado también este cuadro de Richter, tanto como para escribir una novela en su torno.
Puede pensarse que este cuadro es singularmente encantador por razones que lucen transparentes y en primerísimo plano.
Sin embargo, cabe preguntarse:
1.       ¿Por qué la escena se sitúa en una escalera?
2.       ¿Por qué la modelo desciende por la escalera?
3.       ¿Por qué el artista ha optado por un cierto efecto de niebla o desenfoque?


Tiene tiempo para pensarlo.