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Azoteas

Adolphe d’Hastrel (1805- 1875) Azoteas de Montevideo (1840)

Cruzaron el Atlántico desde el soleado y seco Mediterráneo al inhóspito Montevideo del siglo XVIII. Los primeros pobladores de aquella perdida esquina del continente se asomaban a ellas para contemplar la llegada de los barcos a la bahía.
Entonces eran lugares singularmente importantes. No sólo constituían los cuidados remates de las arquitecturas más decorosas de entonces, eran lugares habitables con la expectativa del advenimiento de personas, noticias, mercaderías. Eran suelos elevados para asomarse a lo más allá, a lo que llega de más allá del océano. Y por encima, todo el cielo del Sur.

Hoy se abandonan a las palomas, a los desastrados tanques de agua, a las claraboyas y a los gatos.

Azoteas en el Mediterráneo

Guillermo Pérez Villalta (1948- ) Azoteas (s/f)


Las riberas del Mediterráneo son los lugares apropiados para disponer de escalonadas azoteas expuestas al sol y la brisa, y propicias a prolongadas conversaciones.

Azoteas

De prosapia mediterránea, propia de climas secos, las azoteas rematan a su manera ciertos edificios.
Estas superficies horizontales suelen recibir con agrado a gentes que buscan sol, aire o vistas. A veces les inferimos las ofensas del olvido o, peor aún, de las antenas. Puede contemplarse en Valparaíso el gozoso flamear de las ropas tendidas.

Como remates habitables, las azoteas deberían, a justo título, demandar una importante atención.

El decoro en el cabello

John French Sloan (1871- 1951) Domingo, mujeres secándose el pelo (1912)


Mucho antes que se inventaran los secadores de cabello, las coquetas empezaron a dedicar mucha higiene y, sobre todo, embellecimiento a sus cabezas. La ocasión de secárselas al sol la aprovechaban, como es habitual en ellas, con animadas reuniones de conversación. Hoy, el ruido de los secadores entorpece la comunicación, pero ellas siguen hablándose.

Azoteas

John Sloan (1871- 1951) Sol y viento en la azotea (1915)

Humildes pendones de la vida urbana flamean allí en lo alto, desde donde no pueden verse ya las estrellas.