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Investigar con la imaginación (III)


Edward Hooper (1887-1967) Oficina en una pequeña ciudad (1953)

En las circunstancias epistemológicas plenamente consolidadas, el saber avanza moroso y seguro, paso a paso por terreno firme y despejado.
Es en las situaciones de umbral o frontera epistemológica que las condiciones sólo son propicias para saltos arriesgados hacia adelante. Creo que, en lo que toca a la teoría arquitectónica, estamos históricamente situados en una frontera que hay que traspasar. De aquello que creemos conocer a lo que aún no sabemos a ciencia cierta. Debemos munirnos de nuevos conocimientos mediante la forja de renovadas y arriesgadas hipótesis.
Para esto se necesita la imaginación; para tomar energías para acometer el atravesamiento raudo de tales umbrales.

Investigar con la imaginación (II)


Lisboa

Día a día nos deslizamos por las sendas de las rutinas de un hábito a otro.
Sólo por obra de la imaginación podemos encontrar caminos alternativos, situaciones nuevas, puntos de vista recién inaugurados. Sólo por obra de la imaginación podemos alcanzar la perspectiva de aquello que hubiésemos debido pensar, condición del descubrimiento, del desvelamiento cognoscitivo. Sólo por obra de la imaginación podemos reordenar los términos de un problema de modo tal de encontrar la buscada solución.
Porque es la imaginación el recurso siempre salvador cada vez que nos aqueja una perplejidad. Es por imaginar y por prefigurar es que se comienza a conocer.

Investigar con la imaginación (I)


Fernando Pessoa

Investigo con la imaginación.
Fernando Pessoa.

Aquello que se investiga comienza con una primordial perplejidad.
Y con la perplejidad, que proviene de un no-saber, lo único que tenemos a mano es, precisamente, la imaginación. Ésta puede arriesgarse sin medida ni tasa a las más atrevidas especulaciones y transformaciones de la conciencia, con diversas mutaciones de puntos de vista. La imaginación es el vehículo con el que navegamos en la incertidumbre. Por ello es que quizá ninguna investigación que merezca ese nombre puede operar sin esa cuota de riesgo.
Lo demás es trabajo humilde, aplicado y artesano con las ideas, las nociones, los conceptos y con la palabra.

Investigar sobre lo imaginario


Salvador Dalí (1904- 1989) Jirafa en llamas (1936)

Investigo con la imaginación, afirma el poeta Fernando Pessoa.
¿Y por qué no? Puede uno preguntarse.
Después de todo ¿no es la imaginación el sustrato necesario de aquello que deberíamos pensar para sustituir nuestra actual situación de insuficiencia cognoscitiva? ¿No es la imaginación aquello que nos permite mutar virtuosamente nuestros puntos de vista rutinarios? ¿No es la imaginación la esperanza de innovación en las ideas, nociones y conceptos?


La casa bajo la especie de la imaginación metafórica (III)



La casa no es un objeto, es un proceso
Rodolfo Livingston

Tanto se ha insistido en que la arquitectura es un arte del acondicionamiento del espacio, tan rotundo ha sido el soslayo de la dimensión temporal en arquitectura, que la virtuosa opción por la imaginación del proceso es un acto de salud mental profesional.
En efecto, la palmaria insuficiencia en la ideología que preconiza a la casa como un objeto hic et nunc, mueve a la mente lúcida a entender la relevancia del factor tiempo en la constitución efectiva del lugar. El arquitecto argentino ha transformado esta imaginación ¿metafórica? en un método de trabajo: acompaña con su obrar el pulso histórico de la vida.
Sin embargo, para la aplastante mayoría de todos nosotros, todavía no es otra cosa que un sugestivo caso de imaginación metafórica. Sólo cuando se la incorpore al sentido común profesional habremos aprendido realmente algo interesante.

La casa bajo la especie de la imaginación metafórica (II)


Sala de baño en Villa Mairea

Hemos de construir casas que crezcan; la casa que crece ha de sustituir a la máquina para habitar.
Alvar Aalto

Esto de la casa que crece es una metáfora de muy hondo contenido poético
Quizá sea precisamente por ello que resulta difícil que su asunción sea plena y pacífica. Es que antes que considerar que la casa pueda ser algo que crezca debe buscarse una buena razón para que a la casa se le niegue el carácter de cosa inanimada. Por supuesto que dotar de ánima  o vida a una simple cosa es asunto pueril o carente de cordura corriente. El sentido común no se detiene a pensar que una casa, para ser tal, debe considerarse junto al grupo microsocial que la puebla. Y esto es lo que crece: la vida humana que allí tiene lugar.
Como es de esperarse, la recepción sociocultural de tal metáfora no pasa, las más de las veces, como si de una prevención reactiva contra el mecanicismo moderno. Una pura reacción sentimental, una erupción conservadora de la textura amable de toda arquitectura tenida como doméstica.
Pero es hora de asumir el verdadero sentido epistemológico de la idea que aún se está por descubrir. Por ahora, nos queda apenas el sentido surreal de la metáfora: ‘la casa que crece’ es una alborada de una nueva significación.

La casa bajo la especie de la imaginación metafórica (I)


Sala de baño de Ville Savoye

Une maison est une machine à habiter
Le Corbusier

Que la casa se imagine como una máquina es un ejemplo de un exitoso caso de metáfora imaginativa.
Cierto, una vez que uno piensa, por lo general, que una casa es una cosa o artefacto, entonces es fácil deslizarse sobre el tobogán del pensamiento algo perezoso. En una época tildada por Siegfred Giedion como aquella en que la mecanización toma el mando, es hacedero sentir el empuje que nos incorpore en la imaginación de la casa como una máquina de habitar.
Es así que fue favorablemente recibida. No sin dificultades, es cierto. Pero tuvo resonancias entre los arquitectos modernos, los estudiantes de arquitectura... y los empresarios y promotores inmobiliarios.
Es que la idea es seductora para una cultura que, pródiga en ingenios mecánicos, se desliza muellemente a creer que la habitación es un puro uso del chisme útil, que es un servicio el que liga la arquitectura con quienes la habitan, en definitiva, que la arquitectura es algo que uno, como usuario, se remite a operarla.
Sólo cuando el espejo empañado por la duda nos arroja tan inquietante imagen de nosotros mismos, sólo entonces empezamos a dudar de la eficacia de tal metáfora. Sólo que ahora es un poco tarde, quizá.