Consumaciones (XIV)


Ruth Bernhard (1905-2006)

Es ahora factible apostar a las virtudes arquitectónicas del propio cuerpo.
Es posible vislumbrar un método de diseño que deje hacer al cuerpo su labor estructurante sobre las cosas, los lugares, las disposiciones y las composiciones de lugares y acontecimientos. Es preciso dejar danzar al cuerpo, y, al hacerlo, advertir cómo es que éste conquista con propiedad los puntos críticos del lugar, sus zonas fundamentales, sus rincones decisivos.
Es necesario atender a sus precisas respuestas, a los estremecimientos de agrado e inquietud, a las situaciones muelles, a las alternancias de tibieza y frescura.
Si confiáramos al cuerpo realizar su labor propia, podríamos acaso contar con el concurso del mejor arquitecto.

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