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Todos los arcos son arcos de triunfo

avid Roberts (1796- 1864) El arco triunfal que lleva a Petra (1839)

Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
--¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente? -- pregunta Kublai Kan.
--El puente no está sostenido por esta piedra o por aquélla -- responde Marco--, sino por la línea del arco que ellas forman.
Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade:
--¿Por qué me hablas de las piedras? Es sólo el arco lo que me importa.
Polo responde:
--Sin piedras no hay arco.
Ítalo Calvino, 1978

Todo arco de piedra es una victoria tectónica sobre la gravedad. Por eso el arco es una solución airosa para un problema arduo. El secreto bien guardado en el interior de las dovelas es la línea de presiones que solidariza el esfuerzo del conjunto. Hay también una tensión física y simbólica, a la vez, que tiende a separar horizontalmente sus apoyos. De donde un arco es un sistema activo de tensiones que se denotan en la geometría efectivamente percibida.

De allí que trasponer un arco sea también un gran honor. Todos los arcos son arcos de triunfo. Por eso la arquitectura banalizada los omite con prudencia.

Arquitectura y tectónica

Para muchos, por arquitectura debemos entender el arte —o la técnica— de construir.
Esta no es una operación apropiada, ya que subsume una práctica social compleja apenas en un aspecto de sus manifestaciones. En efecto, la arquitectura, en sí misma, ampara y promueve la construcción como instrumento materializador de una práctica social que también incluye los aspectos proyectuales e implementadores en el habitar. Así, la arquitectura, como práctica productiva social no se restringe a producir cosas construidas sino también ideas, conceptos, discursos y teorías que buscan ratificarse en la vida social.

La arquitectura, en resumen, es el ámbito que confiere sentido social completo a la tectónica, la que concebida aislada de su marco, se reduce a una mera práctica eficaz. Y la tectónica es mucho más que una mera práctica eficaz.

El expolio ilustrado y esteticista

El salón Elgin en el Museo Británico (1937)

Hubo un personaje fascinado por el valor estético de los componentes de la arquitectura clásica griega. Dado que su visión era tan cosificadora, como ilustrada y esteticista, no tuvo mejor idea de extraerlos —vaya uno a saber con qué métodos y procedimientos— y exportarlos a su patria natal.

Hoy es una demostración flagrante de barbarie cultural, arquitectónica y estética.

Cultura tectónica y sustentabilidad ambiental

La cultura tectónica es una de las manifestaciones del habitar la comunidad su lugar.
Esto tiene, por lo menos dos condiciones si atendemos al carácter concreto del lugar: su naturaleza espacial y temporal. En lo espacial, la cultura tectónica es la propia, la adecuada y la pertinente a un sitio, a una localización física-ambiental que provee de condiciones efectivas para su desarrollo. Así, la cultura tectónica de un sitio es precisamente la propia, adecuada y pertinente con respecto a las condiciones de su sitio, sus posibilidades y sus restricciones. En lo que toca al tiempo, la cultura tectónica tiene una historia propia, un presente propio y, sobre todo, un futuro deseable. La cultura tectónica abreva en las experiencias históricas, en su revisión crítica y en el proyecto social de la comunidad en donde se desarrolla.

En este último aspecto, todo parece señalar que la cultura tectónica de nuestro inmediato futuro tendrá que considerar, con toda seriedad, su sustentabilidad ambiental.

Construyendo techos

Manual de Landauer (1537)


La construcción alcanza, en esta tarea, dimensiones épicas de verdadera hazaña: cubrir el lugar, interponer un amparo modal entre el cielo y el lugar a habitar.

Cultura tectónica

Una cultura tectónica determinada se desarrolla en la plenitud de la interacción entre una comunidad y las concretas circunstancias de tiempo y lugar.
De este modo, las producciones efectivas son expresión superior tanto de la identidad de quienes habitan tanto como de las condiciones ambientales que se verifican en su sitio. Si bien son siempre manifestaciones contingentes, asumen un específico valor histórico vinculando sus condiciones de origen con las proyecciones al futuro: por ello, las producciones más destacadas se distinguen tanto de las inercias de la tradición así como de la innovación antojadiza. En este nivel de valores, los productos de la cultura tectónica trascienden los mecanismos del consumo, volcándose hacia una genuina consumación en la vida de las culturas que las originan.