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Estancias


Pierre Jamet (1910-2000)

Donde hay estancias hay demoras, ensimismamientos y querencias.
El cuerpo opta, en ciertas circunstancias, por esperar, por detener su marcha, por arrimarse a un enclave propicio. El sosiego, entonces, inaugura la razón de ser de las estancias. Es entonces oportuno ahondar en una región serena. Son los muros de las habitaciones los que amparan la placidez de la demora del cuerpo del bullir del mundo. Y son estos muros también los que disponen la luz, el calor, el sonido y las fragancias del ensimismamiento. Bajo el imperio del cielo, la cubierta cobija la querencia y atravesando los suelos, las personas echan raíces de memoria, diseminan afecto y ofrendan volver, una y otra vez, a las cordiales rutinas de las estancias que siempre están allí, esperando.


Demoras


Berenice Abbott (1898-1991)

Mientras marchamos, la profundidad perspectiva aúna de modo difícilmente discernible el espacio y el tiempo. Pero nuestra marcha concreta tiene ritmos, cesuras, pausas. Precisamente allí en donde detenemos la marcha es ya factible fijar unas ciertas dimensiones espaciales mientras que en la espera sigue fluyendo, diferente, el tiempo.
Detener la marcha es bueno para recapitular, para reflexionar, para ejercer opciones o rumbos. Demorarse es habitar de un modo selectivo: aquí ya se refiere a una tasa de pasado y a otra de futuro, que comprenden un ahora al que se buscará, ilusoriamente, volver. Un aquí fijado relativamente en un fluir temporal que se enrolla sobre sí mismo en espiral, esto es, propiamente, una habitación, una estancia, una morada.
Así construimos eso que llamamos nuestra casa, con una confinación tan durable como permeable de un aquí, atravesada por un tiempo que se vivencia en ciclos. Con demoras que se suceden y sedimentan día tras día.

Tener lugar en una morada


Ann Deman, Madre Tierra II (s/d)

Disponer de una morada es muy diferente de poseer una vivienda o una casa, es desplegarse morosamente en un sistema jerarquizado de lugares.
La idea de morada proviene de ‘morari’, esto es, tardanza, detención y también puede asociarse a ‘mores’ (costumbre). La idea de querencia no anda lejos: estriba en un hábito que es una inclinación a demorarse en un sitio que se vuelve un emplazamiento al que se vuelve una y otra vez. Si uno se aleja de su morada o querencia, lo aqueja la nostalgia, el dolor provocado por el alejamiento. Una vez que podemos ser entidades errantes, nos complacemos en ir y volver, alejarnos y recaer, errar y asentarnos. Allí donde persistimos en volver, recaer y asentarnos, allí constituimos la morada.
Pero también la constituimos en nuestros tránsitos: habitamos siempre una distancia relativa del núcleo de nuestra morada. Una suerte de impulso gravitacional nos afecta en cada sitio por el que transcurrimos. Esa variable sutil pero siempre clara nos indica en qué situación espacial y temporal ocupamos en cada caso, en cada peripecia, en cada circunstancia.
Disponer de una morada es algo muy diferente de disponer de un cobijo, de un abrigo o simplemente de un techo. Disponer de una morada es experimentar con toda la clarividencia existencial disponible dónde tenemos lugar: en un campo de fuerzas de la vida.

Reescrituras (XXXII): Allí donde volvemos una y otra vez


Guido Marzulli (1943- ) Al N° 16 de la Plaza Mercantil de Bari (s/f)

La morada no es una cosa construida, como una casa o vivienda. Es un sistema de lugares que tiene un foco principal, allí donde volvemos una y otra vez.

* * *

Definir a la morada como un sistema abierto de lugares tiene la virtud de trascender la equívoca cosificación implícita en el significado del término vivienda.

Este sistema de lugares es tanto un abismo de esferas concéntricas —la casa, el vecindario, el barrio, la ciudad...— así como un nodo de laberínticas sendas recorridas por un grupo familiar uno y todos los días.

¿Qué es una “morada”?

Christian Krogh (1852- 1925) Cansancio (1885)

Nuestra morada es el centro de los mundos. Desde ella penetramos en el mundo, para luego regresar a ella. Desde nuestra morada desafiamos al mundo, y a ella volvemos cuando huimos del mundo. El mundo son los alrededores de nuestra morada. Ella es la que afianza el mundo. El tráfico entre morada y mundo es la vida.

Vilém Flusser

Por ‘morada’ se tiene a un lugar de asiento, de detención o residencia algo continuada en un lugar.
También significa el lugar donde se habita. Etimológicamente es afín con el término latino mora ‘tardanza’. La noción es clara y muy adecuada a nuestros fines: habitar constituye moradas en un sentido muy amplio: la casa o residencia, sí, pero también el lugar de trabajo o estudio, incluso un lugar público frecuentado con asiduidad. El término es amplio y general: se refiere a un lugar y no estrictamente a un edificio específico. Indica una relación habitual entre una persona y un sitio, cuando la primera tiene efectivo lugar.

Por ello, una locución tal como derecho a la vivienda muda de carácter cuando se la transforma en derecho a la morada. Y quizá esta última expresión aluda a un derecho humano formulado en una forma más adecuada que la consagrada por el uso y la legislación.

¿Qué es una “residencia”?

Jean-Eugène Buland (1852- 1926) La felicidad de los padres (1903)

Mientras que una ‘vivienda’ es una cosa útil con valor, una ‘residencia’ es una relación entre los sujetos y un lugar.
En efecto, una residencia constituye la acción y efecto de residir, a la vez que el lugar en que se reside, lo que significa, por su parte, estar establecido en un lugar. Esta noción de establecimiento evoca las ideas de apropiación, pertenencia, referencia y poblamiento de un sujeto con respecto a un sitio dado. Hacer uso de una vivienda es distinto a contar con una residencia. Esto es claro si se compara el derecho humano a la vivienda con el derecho subjetivo a la residencia.

Con mucho, el concepto de residencia es singularmente interesante para una metódica expolición de los sinónimos usuales de morada.

¿Qué es una “vivienda”? (VI)

Adolph Menzel (1816- 1905) Sala de estar con la hermana del artista (1847)

La discusión realizada […] permite entender el contexto y alcances de las equivalencias, según las cuales la vivienda es: objeto; valor social; satisfactor; proceso; sistema; y estilo o género de vida. Cada uno de estos puntos de vista resulta absolutamente válido: son 'significados' de 'vivienda' puesto que tienen 'sentido' -empezando por el que tiene para quienes, en cada caso, así lo plantean-.
Ana María Rugiero Pérez, 20001

Parece claro que, en el uso del término vivienda, han dominado las connotaciones de objeto, valor social y satisfactor.
En lo que hace a la connotación ‘estilo o género de vida’ parece que el vocablo más ajustado a esta significación es casa. De allí que se piense que la vivienda se reduce al artefacto satisfactor de un conjunto de requerimientos en donde se desarrolla un género de vida. Pero este último aspecto no aparece tan íntimamente implicado por el término vivienda como si fuese un aspecto correspondiente o recíproco.
Habida cuenta de estas consideraciones cabe preguntarse sobre la verdadera naturaleza del derecho humano a una vivienda. ¿No debería reformularse?

1 Véase el artículo completo en


¿Qué es una “vivienda”? (V)

Leopold Forstner (1878- 1936) Construcción con escaleras (1936)

La discusión realizada […] permite entender el contexto y alcances de las equivalencias, según las cuales la vivienda es: objeto; valor social; satisfactor; proceso; sistema; y estilo o género de vida. Cada uno de estos puntos de vista resulta absolutamente válido: son 'significados' de 'vivienda' puesto que tienen 'sentido' -empezando por el que tiene para quienes, en cada caso, así lo plantean-.
Ana María Rugiero Pérez, 20001


Afrontar el estudio de una vivienda como un sistema aporta importantes elementos a la reflexión.
En efecto, si este carácter de sistema se circunscribe a la consideración de un mero objeto, al menos se le reconoce una cierta complejidad constitutiva en donde, más allá del agregado de sus componentes físicos, existe en su funcionamiento efectivo una composición, concertación y complementación de acciones que permiten comprender de mejor manera el verdadero carácter de útil que la vivienda tiene.
Pero lo verdaderamente fértil proviene de comprender que allí donde el hombre habita constituye, en todo caso, un sistema abierto que desborda con su carácter los límites de la cosa construida para comprender, jerarquizados, al vecindario, el barrio, la ciudad y el territorio. De esta manera, la asunción sistémica rompe la compartimentación provista por la falaz cosificación de la vivienda en el edificio referente.
No obstante ello, parece que el término ‘vivienda’ ya resulta inadecuado para esta fértil asunción sistémica, por razones determinadas por el uso tanto lingüístico como político, económico y arquitectónico.

1 Véase el artículo completo en


¿Qué es una “vivienda”? (IV)

Jacques Tati fotograma del film Mon oncle (1958)

La discusión realizada […] permite entender el contexto y alcances de las equivalencias, según las cuales la vivienda es: objeto; valor social; satisfactor; proceso; sistema; y estilo o género de vida. Cada uno de estos puntos de vista resulta absolutamente válido: son 'significados' de 'vivienda' puesto que tienen 'sentido' -empezando por el que tiene para quienes, en cada caso, así lo plantean-.
Ana María Rugiero Pérez, 20001

La connotación de la vivienda como proceso tiene aspectos extremadamente seductores para la elaboración teórica
Por lo pronto, puede pensarse que este sentido proviene de una crítica antinomia entre cosa/proceso. Toda la crítica que puede realizarse sobre la cosificación del habitar humano en el término vivienda puede volcarse en la elaboración de la idea de ésta como proceso.
Esto es interesante.
Lo problemático es en dónde radica el carácter de este proceso:
·         ¿en el carácter genérico de lugar?
·         ¿en el carácter específico de producción o construcción?
·         ¿en el carácter específico de su destino, esto es, la habitación?
Aquí creo que el término ‘vivienda’ ya está, ineludiblemente gravado por su connotación de cosa y que la connotación de proceso debería aplicarse a un término distinto.
Por lo pronto, el propio habitar, aparte de constituir una emergencia de la propia condición humana, podría, con provecho, asumirse, discurrirse y estudiarse como proceso. Asunto similar —y acaso convergente— es considerar el lugar mismo como proceso.
Por otra parte, la más obvia asunción de la producción o la construcción como proceso deja de ser una instancia crítica de la antinomia cosa/proceso, para constituir una reelaboración conceptual del problema. Esta cuestión no es ajena a la concepción de diseño de soportes de Habraken, por ejemplo. También es el trasfondo de la producción de “viviendas evolutivas” o, simple y llanamente “cuasiviviendas” de emergencia, asuntos éstos bastante mezquinos.
1 Véase el artículo completo en


¿Qué es una “vivienda”? (III)


La discusión realizada […] permite entender el contexto y alcances de las equivalencias, según las cuales la vivienda es: objeto; valor social; satisfactor; proceso; sistema; y estilo o género de vida. Cada uno de estos puntos de vista resulta absolutamente válido: son 'significados' de 'vivienda' puesto que tienen 'sentido' -empezando por el que tiene para quienes, en cada caso, así lo plantean-.
Ana María Rugiero Pérez, 20001

La connotación del término ‘vivienda’ en su carácter de satisfactor tiende a cerrar un círculo de significado.
En efecto, toda mención a un satisfactor supone una mención recíproca a una ‘necesidad’ humana. De allí que el objeto y valor social ‘vivienda’ responda a la satisfacción del alojamiento humano considerado una necesidad básica tanto como la alimentación, el cuidado de la salud o la educación.
El problema anida en el tratamiento naturalista de lo que se consideran necesidades humanas. Por lo general se interpretan efectivas demandas sociales en términos racionalizados por parte de actores sociales (intelectuales, economistas, políticos, tecnoburócratas) que enajenan el sentido original tanto de los desequilibrios sociales y ambientales de la habitación humana, tanto como los requerimientos expresos de los activistas sociales implicados.
Así, la efectiva demanda social por mejores condiciones generales de vida es transformada por unas enumeraciones taxativas de presuntas necesidades reducidas a estándares mínimos. Estos estándares mínimos, se transforman poco a poco en las determinaciones normativas que versan sobre los objetos con valor social que sirven al alojamiento de los pobres.
Esto es lo que es una vivienda, según el sentido común extendido en las acciones sociales públicas y privadas: objetos satisfactores con valor social desarrollados con especificaciones reglamentarias mínimas y —presuntamente— accesibles a los sectores de menores ingresos.

1 Véase el artículo completo en


¿Qué es una “vivienda”? (II)

Anónimo Habitación obrera (s/f)

La discusión realizada […] permite entender el contexto y alcances de las equivalencias, según las cuales la vivienda es: objeto; valor social; satisfactor; proceso; sistema; y estilo o género de vida. Cada uno de estos puntos de vista resulta absolutamente válido: son 'significados' de 'vivienda' puesto que tienen 'sentido' -empezando por el que tiene para quienes, en cada caso, así lo plantean-.
Ana María Rugiero Pérez, 20001

Si la denotación del término ‘vivienda’ remite a su carácter de objeto, es singularmente interesante explorar su connotación como valor social.
Es de la asunción consecuente de la vivienda como objeto (artefacto cerrado y cubierto construido para ser habitado por personas) que se deriva con afectada naturalidad a la idea de bien, esto es, objeto-con-valor. Este valor, en principio es un valor de uso, derivado de su carácter de utensilio y luego, en el contexto de una economía mercantil, un valor de cambio.
Hay una mezquindad original en la caracterización objetual de la vivienda; en sí misma es portadora de una connotación de mínimo que hace que deba especificarse su carencia en el término infravivienda y su conformidad mínima con el consenso social en términos de vivienda adecuada.
No debe olvidarse que los debates sobre la vivienda tienen su origen en el “problema de la vivienda obrera” extendidos a la infravivienda de los pobres: el propio término ‘vivienda’ queda adscrito al puro alojamiento de los sectores sociales deprivados de la economía capitalista. Para el sentido común liberal clásico, la residencia de los sectores medios y acomodados es resuelta eficaz y eficientemente por el mercado inmobiliario y el desarrollo urbano promovido por sus agentes.
La preocupación por la justicia social y por la redistribución social de la riqueza ampara el ejercicio de políticas sociales de vivienda que son, en sustancia, políticas de reasignación de valor social.
Como valor social, entonces, es que la caracterización de una vivienda como objeto adquiere una especificación en términos de valor de uso y de cambio que contornean su caracterización como mercancía.

1 Véase el artículo completo en


Diseño crítico de la morada del hombre, según el profesor Doberti (IV)

Alvar Aalto (1898- 1976) Biblioteca de Viipuri (1927)

Frente al diseño de una vivienda un arquitecto debe dudar y reconstruir desde esa duda la noción misma de vivienda, la lógica de su disposición física, de sus efectos simbólicos, de las tecnologías que la concretan y de los principios de su relación con el medio. No importa si el resultado final es original o no, si ese proceso de reconstitución se refleja ostensiblemente en la obra, lo que importa es que la obra será auténtica no por original o novedosa sino por originada desde sus fundamentos.
Roberto Doberti

La última de las fases propuestas por el Roberto Doberti para el diseño crítico de la morada del hombre es en verdad el punto de origen de un diseño arquitectónico comprometido con la vida humana: una arquitectura originada desde sus fundamentos.
Y esos fundamentos radican en la vida humana, no en la especificación de la cosa diseñada y construida en sí misma, sino en el servicio prestado por ella.
El proceso de diseño, así, resulta de una síntesis de los vectores impulsores originarios: es la vida misma que empuja la mano que traza las líneas de la prefiguración. Es la vida misma la que impone su programa. Es la vida misma que se logra anticipar. Es la vida misma que se recrea, incesante.

Porque no se trata de cosas diseñadas y construidas, sino de la vida humana en relación con esas cosas.

¿Qué es una “vivienda”? (I)

Banco Hipotecario de la Vivienda Proyecto de vivienda de interés social

La discusión realizada […] permite entender el contexto y alcances de las equivalencias, según las cuales la vivienda es: objeto; valor social; satisfactor; proceso; sistema; y estilo o género de vida. Cada uno de estos puntos de vista resulta absolutamente válido: son 'significados' de 'vivienda' puesto que tienen 'sentido' -empezando por el que tiene para quienes, en cada caso, así lo plantean-.
Ana María Rugiero Pérez, 20001

Según el Diccionario de la Real Academia Española el término “vivienda” designa:
Lugar cerrado y cubierto construido para ser habitado por personas.
Esta definición identifica de modo genérico la vivienda con su carácter de lugar, lo que es merecedor de un detenido análisis que se pospondrá por ahora. Por el momento destinaremos cierta atención a las determinaciones específicas esto es, “…cerrado y cubierto construido para ser habitado por personas”.
Un lugar cerrado y cubierto construido parece constituir una caracterización de artefacto de naturaleza tectónica. La especificación …para ser habitado por personas señala un carácter de utensilio.
Todo indica que resulta relativamente expeditivo considerar —bajo estas caracterizaciones y soslayando ciertos problemas inherentes a la consideración de lugar— que una vivienda es, en principio, una cosa material.
Si la Real Academia hubiese optado por caracterizar sustancialmente a la vivienda como “artefacto” o “edificio”, la interpretación no ofrecería ninguna duda: una vivienda es un edificio cerrado y cubierto construido para ser habitado por personas.
En principio, entonces, la definición de una vivienda como un objeto no parece ofrecer mayores dudas. Pero hay que repasar otras connotaciones.

1 Véase el artículo completo en


Diseño crítico de la morada del hombre, según el profesor Doberti (III)

Carl Vilhelm Holsøe (1863-1935) Salón (s/f)

Frente al diseño de una vivienda un arquitecto debe dudar y reconstruir desde esa duda la noción misma de vivienda, la lógica de su disposición física, de sus efectos simbólicos, de las tecnologías que la concretan y de los principios de su relación con el medio. No importa si el resultado final es original o no, si ese proceso de reconstitución se refleja ostensiblemente en la obra, lo que importa es que la obra será auténtica no por original o novedosa sino por originada desde sus fundamentos.
Roberto Doberti

Una vez que se ha emprendido esa ruta o método que se origina en dudas y extrañamientos que llevan a ajustes necesarios de ideas, nociones y conceptos, se impone revelar la estructura profunda del lugar habitable, sea en términos de vivienda, morada o casa.
Por estructura profunda del lugar se entiende aquí la estructura primigenia y original que sustenta la arquitectura de tal lugar. Sustento que es —antes que físico— existencial, vital, humano. Hay que dar con la sustancia propia de la arquitectura —la sustancia propia de la vida humana— y permitir revelar su propia armazón sustentante, esto es, el modo que se manifiesta el contenido que busca su forma arquitectónica.

Apenas nos asomamos a inteligir, de un modo aún incipiente, ciertas revelaciones parciales de tal estructura.

Diseño crítico de la morada del hombre, según el profesor Doberti (II)

Residencia en Toledo, España

Frente al diseño de una vivienda un arquitecto debe dudar y reconstruir desde esa duda la noción misma de vivienda, la lógica de su disposición física, de sus efectos simbólicos, de las tecnologías que la concretan y de los principios de su relación con el medio. No importa si el resultado final es original o no, si ese proceso de reconstitución se refleja ostensiblemente en la obra, lo que importa es que la obra será auténtica no por original o novedosa sino por originada desde sus fundamentos.
Roberto Doberti

Tras la necesaria fase de duda y extrañamiento, es necesario un riguroso ajuste de ideas, nociones y conceptos.
Reconstruir la noción misma de “vivienda” implica señalar sus límites, insuficiencias o inconsistencias. Implica explorar las vecindades semánticas: residencia, morada, casa. Sólo cuando se depure el campo semántico y sólo cuando se recorran una a una las referencias será posible afrontar un desafío adecuadamente formulado. En efecto, no es lo mismo encarar el diseño profundo de una vivienda, una residencia, una morada o una casa. A cada cual le corresponde unas nociones, unas ideas, un concepto, una lógica de disposición física (una estructura profunda), una arquitectura de pormenores, unos determinados efectos denotativos y connotativos, unas diversas tecnologías apropiadas y ciertos y diferentes principio de relación con lo circundante, con el contexto y con el hábitat.

Habrá que averiguar los términos concretos de la demanda social y contribuir a clarificarlos, dejando crecer desde su raíz o pie el propio encargo.

Diseño crítico de la morada del hombre, según el profesor Doberti (I)

Vilhelm Hammershøi (1864–1916) Interior con espejo (1907)

Frente al diseño de una vivienda un arquitecto debe dudar y reconstruir desde esa duda la noción misma de vivienda, la lógica de su disposición física, de sus efectos simbólicos, de las tecnologías que la concretan y de los principios de su relación con el medio. No importa si el resultado final es original o no, si ese proceso de reconstitución se refleja ostensiblemente en la obra, lo que importa es que la obra será auténtica no por original o novedosa sino por originada desde sus fundamentos.
Roberto Doberti

En este breve párrafo, Roberto Doberti logra sintetizar  los principales rasgos de lo que podría constituir un diseño crítico de la morada del hombre.
Quizá todo provenga de un inicial estado de duda (metódica y cartesiana, cómo no) o de extrañamiento. Sólo cuando contemplemos una escena cotidiana, común y corriente, en donde habitan las personas y perdamos la equívoca transparencia de lo presuntamente obvio, empezaremos a percibir.
En efecto, hay en un virtuoso dudar un recurso crucial para preguntarse qué es lo que sabemos del habitar del hombre, esto que llevamos a cabo distraída y casi mecánicamente. Dudamos, entonces de nuestro afectado y falaz seudoconocimiento para prepararnos a ver la cuestión con la mirada despejada. Y esta mirada despejada es, en principio, una perplejidad, un extrañamiento metódico: cómo es que llegamos a este punto, qué es lo que deberá ser pensado desde un nuevo principio, hacia dónde nos llevará una renovada reflexión sobre aquellas materias de las más cotidianas de la vida.

Con ello, hemos empezado a movernos en una nueva dirección.

La clave del residir en la palma de la mano

Ottilie Roederstein (1859- 1937) Autorretrato con llaves (1936)

Una llave es una clave. Abre y cierra puertas. Convierte un espacio en un lugar de acogida o una cárcel. Una llave es necesaria para habitar. Las puertas que dan a la calle -y las que guardan secretos y tesoros- tienen un cerrojo. Las casas se entregan "llaves en mano". La llave es el signo de la posesión, para bien y para mal. Los guardas poseen siempre un manojo de llaves. La llave [es] el medio gracias al cual nos establecemos.

Pedro Azara, 2016
Mientras que los muros clausuran un recinto, las hojas de las puertas abren y cierran. Porque pueden abrirse, pueden también cerrarse con más contundencia aún que la nuda materialidad del paramento, ha observado ya Georg Simmel.

Tener en la palma de la mano una llave es tener un poder nimio, pero oportuno. Residir es, en apretado resumen, disponer del medio con el que abrir y cerrar un recinto en el que nos encontramos a título de amo y señor.

Habitar demorándose

Joseph DeCamp (1858- 1923) La costurera (1916)

Habitar una estancia supone hacer centro, esto es, concentrar las actividades en un punto, distribuir desde allí sus efectos, organizarse el cuerpo en el lugar según el designio fundamental de una actividad definida por su referencia aquí y ahora. El detener la marcha es darse la oportunidad de deliberar, de urdir, de operar.
La demora transforma una simple locación en una promesa u oportunidad de morada. Por ello, tomarse las cosas con calma es encontrar las circunstancias de espacio y tiempo para conseguir la apropiación de una estancia.

Habitar una estancia es una experiencia de plenitud. Por ello es que el habitar de los tránsitos aparece relativamente rarificado.

Allí donde volvemos una y otra vez

Guido Marzulli (1943- ) Al N° 16 de la Plaza Mercantil de Bari (s/f)


La morada no es una cosa construida, como una casa o vivienda. Es un sistema de lugares que tiene un foco principal, allí donde volvemos una y otra vez.

El sentido de la morada

¿Qué sería de la arquitectura si no pensamos en las relaciones espaciales que genera el ser humano al habitar?
Patricia Barroso Arias

Allí donde uno se demora habitualmente, es donde tiene su morada.
La morada no se define, entonces, como una simple cosa, sino que se entiende como una más o menos prolongada y reiterada vinculación entre un sujeto y un sitio, conformando un lugar. No se trata tampoco y simplemente de una porción determinada de espacio, sino que es, fundamentalmente, un tiempo que se prolonga configurando un lugar, una estructura espaciotemporal. Esa estructura espaciotemporal tiene un foco peculiarmente intenso de sentido en una región del campo y una gradación compleja de valores en función a los desplazamientos relativos a ese foco.

Disponer de una morada, por lo tanto, es muy diferente de poseer una vivienda o una casa, es desplegarse morosamente en un sistema jerarquizado de lugares.