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Nuevas centralidades urbanas


Polly Braden

La centralidad de un espacio supone que en él se haga tangible la condición heterogenética, escindida y contradictoria de la vida urbana, aunque también su capacidad integradora. Es lo que hace de ese espacio realmente el corazón de la ciudad, y lo es en doble valor metafórico que contiene la analogía orgánica: músculo que impulsa y recoge los flujos urbanos y lugar que acoge los sentimientos básicos de los habitantes de la ciudad. Ahí tiene que esta no el centro de la ciudad, sino de lo urbano como forma de vida
Delgado, 2020

Aquí se ha conjeturado por la emergencia de urbanógenos, designados así por su constitución seminal de nueva ciudad. Desde otros cursos de reflexión disciplinar, se piensa en corazones de nueva vida urbana. Todo hace sospechar en la provisión, en el ánimo reflexivo sobre la ciudad, de una esperanza generalizada en nuevos fenómenos urbanos, cuyo comportamiento y configuración formal no nos es dado precisar con suficiente claridad, pero que aparecen impelidos por un resanar de la vida urbana que nos es imperiosa, urgente y deseable.

Desafíos a la ciudad

 Matthieu Zellweger


Si se supiese siquiera someramente, ya se hubieran incendiado las praderas de la movilización social al respecto. Si bien las soluciones urgen, la conciencia social es aún incipiente y borrosa. Por lo pronto parece más razonable arropar con cuidado una esperanza confiada de cambio, la que dará forma, con el correr del tiempo, a formas definidas de deseo. Tal esperanza de cambio acaso pudiese aplicarse a la ciudad tal como la conocemos y podría adoptar, al menos hipotéticamente, un conjunto breve de desafíos.
El primer desafío a la ciudad actual consiste en la proposición de un renacimiento de la hospitalidad histórica de los fenómenos urbanos. Es de creer que, por razones que se averiguarán en detalle, la ciudad contemporánea ha perdido, en forma no irreparable, una condición de ser un ámbito abierto a los diferentes, a los diversos y a los complementarios.
Sentado esto, un segundo desafío es el imperativo para que la ciudad nueva resulte en una concertación social activa y programática de sus urbanitas. El actual escenario de las duras luchas competitivas debe, al menos, ser complementado por su antagonista dialéctico, con el fin de que la ciudad resulte efectivamente vivible bajo condiciones sustentables.
El último desafío es el concebir y desarrollar de modo consecuente una ciudad, en principio humana y luego inteligente. Esto implica, de suyo, reemplazar por completo la noción de ciudad como artefacto para adoptar, en toda su magnitud y compromiso, el concepto que entiende a una ciudad como una comunidad de asentamiento, antes de cualquier otra cosa.

Urbanógenos


Matthieu Zellweger

Si la acción urbana se librara de las inercias tecnoburocráticas y empresarias habituales, podría soñarse con la actuación sutil de emergentes poetas de la vida urbana. Serían poetas en el sentido griego clásico, esto es, hacedores, originarios, artesanos de un mundo por venir. Serían urdidores de vagas, aunque fértiles fabulaciones, de espejos oscuros sobre lo posible, de evanescentes señales de lo por venir. Serían sembradores de ilusiones de esas que no hechizan el entendimiento, aunque se empocen en las honduras del ánimo.
La ciudad, en ese entonces y por obra de tales hacedores, se sembraría de urbanógenos, esto es, de simientes de una futura ciudad de nuevo hospitalaria. Cómo germinarían no nos es dado especular aún. Menos aún, cómo se resolverían en el espacio y el tiempo que ya no es nuestro, pero en que habitará el futuro de la humanidad.

Mercados como urbanógenos

Paul Gustav Fischer (1860- 1934) Højbro Plads, København (1921)

No hay ciudad sin comercio, es la base de la cultura ciudadana. Por esta razón se puede definir la ciudad como espacio público, como mercado, como ágora. Los ciudadanos no nacen, se hacen en el ámbito del espacio público.
Jordi Borja

Allí donde hay alguien dispuesto a vender algo que se encuentra con otro congénere dispuesto a comprar está el germen histórico de toda ciudad: un emplazamiento en donde proliferan los intercambios, las alianzas y las competencias.
Por ello los mercados abiertos son urbanógenos al más justo título.
Una parte no menor de la salud urbana radica en la intensidad adecuada de flujos de intercambios que allí tienen lugar. Por ello, el confinamiento de la actividad en centros comerciales cerrados no es una buena cosa para la vida de las ciudades. Por ello, la extensión de las regiones pura y exclusivamente residenciales no es una buena cosa para la vida de las ciudades. Por ello, la sustitución de la circulación peatonal segura y distendida por el tránsito vehicular no es una buena cosa para la vida de las ciudades.

Puede que el urbanismo del futuro siembre y cultive mercados como urbanógenos.

Urbanógenos (X)

Paul Klee (1879- 1940) Casa nueva en los suburbios (1924)

La urbanización difusa avanza, inclemente, sobre la periferia: se deshilachan los bordes urbanos no sin violencia, no sin tristeza, no sin una irredimible fealdad.
Esta situación debería revertirse de un modo radical. Las fronteras urbanas deben constituir ámbitos ambientalmente cuidados dados su fragilidad, interés y especial configuración. Los bordes urbanos no pueden reducirse a la mera extenuación del esfuerzo invasivo del hecho urbano. Las interfaces  urbano-rurales deben ser especialmente tratadas en su constitución conectiva, en su valor ambiental y en la necesaria contención de la expansión urbana.
Las fronteras, bordes o interfaces urbano-rurales también pueden constituir urbanógenos.


Urbanógenos (IX)

La basura hunde a Montevideo y a los montevideanos

En la actualidad, habitamos sumidos en un basurero: entre los residuos que desechamos y los productos listos para el consumo que se convertirán, cada vez más rápido y más voluminosamente, en basura. Es un momento crítico y oportuno para replantearnos las cosas al respecto.
  • Minorar la cantidad de futuros residuos en la producción y comercialización de mercancías: es forzoso reconsiderar las operaciones de empacado y disposición de los productos.
  • Prolongar la vida útil de los productos consumidos
  • Favorecer el reciclado integral de los residuos
  • Optimizar la disposición final de toda la basura no reciclable
Cuidar la sostenibilidad sistémica de los ciclos de producción, distribución, comercialización, consumo y recirculación es también un ubanógeno.


Urbanógenos (VIII)

¿Y la ciudad?

En la ciudad contemporánea se impone la solución sustentable de los problemas implicados por el tránsito.
La opción por el automóvil privado debe ser sustituida por una mejora estructural del trasporte público, por una parte, y por la promoción de las relaciones urbanas de proximidad, por otra.
Es evidente la negativa sinergia entre la movilidad provista por el automóvil y la urbanización difusa, que extiende las locaciones por el territorio, distanciando la residencia del trabajo, de los centros de estudio, de los diferentes servicios urbanos que afectan decididamente la vida cotidiana.
Una solución sustentable del tránsito vehicular es un estratégico urbanógeno.


Urbanógenos (VII)

Plaza Gomensoro, Montevideo

Hay equipamientos urbanos que, convenientemente emplazados en lugares públicos y zonas verdes brindan la posibilidad de ser operados, usados e implementados en diversas finalidades por los urbanitas. Tales equipamientos y sus localizaciones resultan efectivos urbanógenos.
Para ello deben ser efectivamente accesibles, adecuados a la diversidad de usos y destinados a diferentes perfiles de habitantes, según sus peculiares condiciones y circunstancias de tiempo y estado del ambiente.

Los lugares públicos equipados para una habitación ciudadana adecuada, digna y decorosa son elementos de decidido valor positivo en la vida urbana: pueden llegar a ser verdaderas avanzadas civilizatorias.

Urbanógenos (V)


Plaza Zabala, Montevideo

Hay espacios verdes estructurantes de la vida urbana.
Se trata de plazas, parques u otros lugares de similar condición, en donde se articulan los tránsitos e interacciones generalizadas. Constituyen remansos, pausas en el ritmo de la actividad, a la vez que conforman lugares umbrales o pasajes propiciatorios.
Lugares así llenos de vida son también, a su manera, urbanógenos.


Urbanógenos (IV)

Patio del Barrio Reus al Sur, Montevideo

Seguimos diseñando y entendiendo las ciudades con la tendencia a compartimentar y segregar los espacios donde transcurre la vida urbana.  Zonificar en lo grande y en lo pequeño va de la mano del interés por privatizar y comercializar, controlar e individualizar los usos del espacio público.
La coexistencia de actividades y actores diversos son la clave para un espacio público de calidad. Henri Levebre lo explicó muy bien: “En tanto que forma, lo urbano lleva un nombre: es la simultaneidad”.
Muñoz Duyos, 2016

Nuestras ciudades son aquejadas por un proceso agudo de segregación socioespacial, en donde las personas se localizan según su pertenencia a grupos socioeconómicos en regiones urbanas signadas por muy precisas y homogéneas pertenencias a estos grupos.
A los barrios se les va cayendo la gente: los pobres van siendo expulsados hacia las periferias. Son llamativos los procesos de la llamada gentrificación, en donde en antiguos barrios populares la inversión inmobiliaria promueve el alza de los precios del suelo y las viviendas modestas son sustituidas por apartamentos destinados a sectores relativamente más solventes.
La diversidad socioeconómica de un barrio es un urbanógeno porque supone un factor equilibrante en las economías localizadas de la ciudad.

De esta manera, a la variedad morfológica y tipológica y a la rica heterogeneidad funcional se le suma la diversidad socioeconómica como virtuosas sinergias urbanógenas.

Urbanógenos (III)


Alfredo De Simone (1892-1950) La calle (1942)

Los extensos y monofuncionales “conjuntos habitacionales” están desangrando el tejido urbano.
Un barrio en una ciudad es algo mucho más complejo en su uso e implementación que un simple y pobre agregado de residencias. Es preciso sembrar, aquí y allá, urbanógenos de usos mixtos, implementaciones heterogéneas: trabajo, comercio, educación, cultura, intercambio generalizado de bienes y signos.

Tanto como la variedad morfológica y tipológica, importa la variedad y complementariedad funcional.

Urbanógenos (II)

Camille Pisarro (1830- 1903) Rouen, Calle de la Épicerie (1898)

A la ciudad la está hiriendo de muerte la simplificación de las operaciones inmobiliarias, la segregación socioespacial y el abuso del principio de un-lugar-para-cada-cosa.
La vida urbana demanda variedad. Esto significa una proliferación de diversas morfologías, pero también el contrapunto de diferentes tipos edificatorios. También significa complejidad en forma de hibridaciones, yuxtaposiciones, complementaciones y contrastes. También significa reunir y avecinar instalaciones residenciales con comercios, instituciones, plazas y parques.

La propuesta de variedad, heterogeneidad y pluralidad de usos es, en sí, un urbanógeno.

Urbanógenos (I)

Granada

Mucha razón le asiste a Alberto Vigil: en urbanismo debe pensarse en el barrio como unidad mínima de sentido, intervención y producción de la ciudad.
Un problema principalísimo es dar con el tamaño conforme, esto es, con la extensión e intensidad de la habitación del barrio. Es necesario reconocer que cada lugar tiene una contextura propia y la comunidad que allí se asienta debe conformar una densidad óptima. Por ello debe condenarse tanto los suburbios difusos tanto como las congestiones. Por ello debe tantearse, por aproximaciones sucesivas, a la densidad, compacidad y extensión conformes a la realidad social y geográfica del emplazamiento.

Por ello, en el territorio urbano deben cultivarse con cuidado los urbanógenos adecuados a los territorios y a las comunidades habitantes, hasta conseguir el hecho urbano palpitante de vida sana.

Sobre la naturaleza y manifestación de los urbanógenos (II)

Rambla de Montevideo

¿Cómo reconocer un urbanógeno allí donde se encuentra?
Nada más fácil. Allí donde se autoconvocan las personas a reunirse, a intercambiar bienes, valores y pareceres. Allí donde los jóvenes acechan a las jóvenes en flor. Allí donde nos sentimos todos razonablemente seguros, sin descuidar del todo bolsillos y carteras. Allí donde proliferan las alegrías esenciales del sol, el aire y el verde. Allí donde se experimentan hibridaciones, yuxtaposiciones y solapamientos de usos y goces. Allí donde bulle la vida.

No es difícil reconocer un urbanógeno, lo difícil es evitar que algún actor social, con iniciativa y poder lo termine matando, a veces con la proyección de sombra y volumen.

Sobre la naturaleza y manifestación de los urbanógenos (I)

Joaquín Turina y Areal (1847–1903) Postigo del Aceite en Sevilla (1907)

¿Qué es esto de los urbanógenos?
Así como se suceden fenómenos de emprendurismo inmobiliario, instancias especulativas y actos arquitectónicos que están mutilando, diluyendo o matando la ciudad viva y sana, puede pensarse que, en un terreno sociopolítico fértil podrá oponerse, como muestra de sensata resistencia y oposición ético-política una suerte de semillas de futura ciudad. Estas simientes son, entonces, hechos sociales, económicos y políticos que originan hechos urbanos sanos, vigorosos y sustentables.

Nuestra languideciente ciudad contemporánea precisa la siembra metódica y el cultivo esmerado de tales elementos, antes que sea demasiado tarde y nos encontremos habitando el puro infierno del cadáver maloliente de la no-ciudad.

Discutamos: ¿Recuperación de la ciudad compacta? (III)

Alvar Aalto (1898- 1976) Ayuntamiento de Saynatsalo (1949)

La recuperación de la ciudad compacta ha sido la respuesta contraria a la urbanización difusa, fragmentada físicamente, segregada socialmente y atomizada cultural y políticamente. Los factores que intervienen en esta recuperación son evidentes. Se ha ido generando un consenso (relativo) entre profesionales, responsables políticos y ciudadanos activos que la ciudad compacta es socialmente más integradora y más justa, políticamente más gobernable y participativa y ambientalmente más sostenible y menos despilfarradora.  
Jordi Borja

¿Y si se sembrara el territorio de elementos urbanógenos y se les cultivara con atención, respeto y cariño?
¿Qué es eso de urbanógeno? Este término intenta describir ante hoc aquellos elementos, iniciativas, proyectos, ocurrencias en el hábitat que dan origen al desarrollo de fenómenos urbanos. Algo así como simientes de ciudad. Algo así como codificaciones genéticas de hechos urbanos orgánicos. No se trata sólo de una metáfora, sino de recuperar una idea presente ya en la mente de arquitectos como Alvar Aalto, que creyó oportuno intentarlo allá en la fría Finlandia, en Saynatsalo y en las condiciones históricas propias del fin de la Segunda Guerra Mundial. Puede que allí no haya ocurrido lo que pretendía el autor.
Porque ya se sabe, no se trata sólo de arquitectura y urbanismo, sino, como bien recuerda Jordi Borja, de ética y política, en principio.


Discutamos: ¿Recuperación de la ciudad compacta? (II)

Alvar Aalto (1898- 1976) Ayuntamiento de Saynatsalo (1949)

La recuperación de la ciudad compacta ha sido la respuesta contraria a la urbanización difusa, fragmentada físicamente, segregada socialmente y atomizada cultural y políticamente. Los factores que intervienen en esta recuperación son evidentes. Se ha ido generando un consenso (relativo) entre profesionales, responsables políticos y ciudadanos activos que la ciudad compacta es socialmente más integradora y más justa, políticamente más gobernable y participativa y ambientalmente más sostenible y menos despilfarradora.  
Jordi Borja

La observación siempre aguda de Jordi Borja nos impulsa a imaginar algo diferente a esa recuperación de la ciudad compacta.
Puede pensarse, con fundadas esperanzas en el rescate humanista del impulso de desarrollo orgánico, sistémico y estructural de la ciudad histórica.
¿Y si se sembrara el territorio de elementos urbanógenos y se les cultivara con atención, respeto y cariño?