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Tedios

William McGregor Paxton (1869 – 1941) La figurilla (1921)

Quizá no haya tarea más humilde y sin embargo imprescindible
La lucha —perdida de antemano— contra el polvo, la suciedad, la mugre es, por cierto, tarea tediosa. Recomienza en cada jornada y no termina nunca a entera satisfacción. Por ello, suele afrontarse con resignación, con rutinas eficaces y con el pensamiento que vuela ligero y alejado. Por ello suele delegarse en los sujetos más injustamente sojuzgados. De momento, se paga escasamente.
Pero cuanto imperen el pleno empleo y queden abolidas ciertas asimetrías sociales, el problema de quién limpia se volverá crítico.

Me gustaría llegar a verlo.

Que todo reluzca con el fuego del hogar

Firs Segeyvich Zhuravlev (1836- 1901) La limpieza de la chimienea (1901)

Mantener el hogar limpio y reluciente es tarea que demanda una obsesionada propensión al trabajo maniático. A su alrededor siempre hay un gracioso dispuesto a complicar las cosas.


Hestia, la que cuida el fuego sagrado

Hestia, diosa griega del hogar —también de la construcción y la arquitectura— se destaca por su castidad, se preocupa de la pureza en general y, también hay que decirlo, se obsesiona con la limpieza.
Su castidad es el fundamento de la paz y orden sociales, así como de la felicidad y tranquilidad familiares. Su preocupación por la pureza garantiza la salud corporal y espiritual. Por su parte, la obsesión por la limpieza ampara las más recónditas fibras anímicas de algunas amas de casa.

Desde entonces, en el interior de cada casa acecha una presencia atenta a refregar la más pequeña de las manchas. El hogar reluce.

Orden y limpieza

Thomas Pollock Anschutz (1851- 1912) La faena (1900)


Las cosas del habitar tienen la tendencia irremediable al desorden y la suciedad. Recomponer orden y limpieza es una tarea humilde, fatigosa e irremplazable.