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Casi nada entre aquí y allá


Ruven Afanador (1959)

La amplia disponibilidad de esbeltas estructuras metálicas y amplias láminas de vidrio han vuelto posible vivir esa tenue nada entre el aquí y el allá. No obstante, tal articulación aquí/allá siempre la hemos portado en la estructura fundamental del cuerpo habitante. Lo que siempre hemos tenido por una realidad patente, aunque vaga en su situación (¿a partir de dónde o cuándo un aquí se transforma en un allá?), ahora encuentra su figura y su materialización: los seis u ocho milímetros de cristal marcan y ocupan el lugar que los separa. A la vez que nos permite participar de su presencia. Esta constitución, aparentemente contradictoria en sus términos, es esencial para su constitución. Una lámina opaca nos divorcia totalmente del allá, mientras que la casi nada del cristal nos une y, a la vez, nos separa, esto es, articula nuestro lugar.

Viejas cuestiones (XXXI): El lugar originario

Swinside

Por lo general, cuando se comienza a pensar en habitar, se considera como el lugar habitable por excelencia, la casa. ¿Qué otro ámbito puede sustituir a la casa como paradigma primero del habitar?

A la concreción de la casa le precede la consecución del abrigo, del amparo.
Puede decirse que, en términos estructurales, a todo amparo debe preceder, necesariamente, la idea de articulación, de un señalamiento de Uno y Otro Lados. Puede pensarse que hay un gesto arquitectónico primordial en cerrar un círculo sobre la tierra para obtener un enigmático Primer Producto. Supone un pequeño, modesto y decisivo paso atribuir distinto valor al recinto y a todo aquello que le rodea. Puede que se entierren a los muertos en una región y se habite en otra. Puede que desde el interior del círculo se observe el cielo y el mundo. Puede que se atribuya un carácter sagrado al interior del recinto. Lo verdaderamente importante es que haya Uno y Otro Lados.

Mucho antes que la consecución de un abrigo a salvo de las inclemencias de la naturaleza, hay en el puro amparo de la forma una potencia originaria de toda arquitectura, tal como aún hoy podemos concebirla.

Veladuras

Édouard Boubat (1923 - 1999) s/d

Tamices, membranas, celosías: es preciso reparar en las articulaciones tenues de la arquitectura laxa de los lugares.
Con tal tenuidad proliferan no solo matices sino también gradaciones de valor, rearticulaciones, difusos efectos de límite. Con tal sutileza la contundencia tectónica cede lugar a los estremecimientos de la vida. Con tal delicadeza, la arquitectura del lugar se abraza amorosamente a la piel del morador.
Una ventana gana, cuando se desdibuja tras una cortina, calidades de luminaria mientras que la alcoba respira quedamente con su apenas contoneo.
Los hondos interiores cuentan con sabias veladuras para mejor arropar a sus singulares pobladores.


Emoción del grado cero de la arquitectura

Carl Gustav Carus (1789–1869) Circulo de piedras en Rügen (1820)

En el círculo se confunden el principio y el fin.
Heráclito de Éfeso

Contornear un aquí: operación arquitectónica fundamental.
En principio fue el signo: articular aquí con allá, luego propio con ajeno, también ahora con el tiempo. Todo lo demás se da por añadidura: la sofisticación constructiva, funcional y estética comienzan allí y no tendrán consumación más que contingente y revisable.

Pero en principio y en el fin, siempre hay un círculo marcado en el territorio de los hombres.

Paredes de distancia y tejados de solidaridad

Kenyon Cox (1856- 1919) Una égloga (1890)

Partimos de la tesis que la arquitectura constituye una reproducción tardía de configuraciones espontáneas de espacio en el cuerpo grupal. Aunque el hecho humano se base en un efecto invernadero, los invernaderos primarios antrópicos no poseen, en principio, paredes y tejados físicos, sino, si se pudiera decir así, sólo paredes de distancia y tejados de solidaridad.
(Sloterdijk, 2004: 277s)

Este texto citado es clarividente para revelar que la construcción material es una consecuencia de una arquitectura, por una parte, y que, como afirmaba Plotino, luego de la ruina, lo que puede subsistir es, precisamente, esa arquitectura.
Ahora bien, se me ocurre sospechar que no se trata de configuraciones espontáneas, sino de designios constitutivos, esto es, estructuras que anidan en el fondo de la conciencia humana. Y allí la idea arquitectónica por excelencia, el designio constitutivo, la estructura fundamental es la articulación.
Mediante una articulación, a la vez se une y separa. Una pared constituye, ante todo, una articulación que supone una ruptura o distancia en un lugar. Porque espacio-y-tiempo pueden ser discontinuos, pueden reunirse a la vez que escindirse.

Unir-y-separar es la estructura nodriza de todo razonamiento arquitectónico y precede y propicia las fatigas de la ulterior construcción.

Un problema de dimensiones

Caspar David Friedrich (1774- 1840) Umbral en Meissen (1827)

La historia de la arquitectura es un problema de distancia.
Santiago de Molina, 2016

Nuestro autor citado parece tener razón en lo fundamental: la arquitectura puede contener un problema crítico. Si así fuera, quizá también le asista la razón en su proposición: el problema de distancia es ese problema crítico.
Esto quiere decir, si uno lo analiza con alguna profundidad, que la arquitectura opera de modo recurrente disponiendo cualquier tipo de elemento con el fin de constituir una distancia. En efecto, una cosa es, en principio, extensa y el lugar de la que es titular  denota, mediante su contorno, su constituyente extensión. Por obra del contorno, se interpone un aspecto de la entidad que pone distancia, mínima, pero necesaria, con todo aquello que deja de ser esa entidad.
Así discurre un arquitecto: poniendo su atención en la articulación que constituye a cada cosa en su lugar.
Por mi parte, me pregunto si el problema de distancia es apenas un problema espacial —en el sentido euclidiano-newtoniano del término— o si es omnipresente en todas las dimensiones físicas y existenciales del sitio habitado. En estas páginas se ha hablado de otras dimensiones: la primera de estas y fundamental es el tiempo. Luego vienen todas aquellas propuestas en su momento por Peter Sloterdijk. Pero de estas y de sus arquitectónicas articulaciones deberá indagarse más en profundidad.

Aquí se agregaría, a la proposición citada: La historia de la arquitectura es un problema de distancia, esto es, de las articulaciones interpuestas en todas las dimensiones del lugar.

Puerta tímida

Artstudiosk El estudio artístico de Sergey Konstantinov (2011)


Las puertas nacen, orgullosas y categóricas, horadando el muro y diferenciándose de éste. Pero hay puertas discretas o tímidas, como en este caso, que sólo a los propios o a los muy observadores les revelan su existencia.

Para entendernos mejor, hoy: Articulación

Definición
1. Cualquier elemento o condición que oponga y a la vez vincule dos lados o regiones en un lugar. ║ 2. Región espacio temporal en donde se diferencian significativamente dos o más ámbitos habitados.

Hito

David Roberts (1796- 1864) La columna de Pompeyo en Egipto (1838)


Los largos itinerarios se enriquecen con hitos que segmentan el camino. No siempre se cuenta con hitos tan elaborados como éste, pero siempre son necesarios para orientar y alentar al viajero.

Lugar y contexto

Robert Völker (1854- 1924) Hermosa vista (1924)


Todo lugar se emplaza a su vez en otro lugar. Hay veces en que la arquitectura del lugar de referencia articula con el lugar continente. Así, entonces, tenemos un texto en un contexto. El balcón habla en su fachada.

Fronteras lábiles

Frederick George Cotman (1850- 1920) Uno de la familia (1880)


A diferencia del hábitat urbano moderno, hubo un habitar que desdibujaba las fronteras de los ámbitos: en este caso, humanos y animales coexisten aún sentados a la mesa.

Tenues amparos

Evert Jan Boks (1838- 1914) La propuesta de matrimonio (1882)


Basta un delgado biombo para delimitar dos esferas sociales. El oído atento de la muchacha y el inoportuno perrito atraviesan esos tenues, sutiles amparos del decoro.

Un amparo elemental



Camille Pissarro (1830- 1903) Conversación (1881)

La imagen de este cuadro es fundamental para observar e interpretar el que quizá sea el más elemental gesto arquitectónico. El lugar se articula con una humilde cerca que oficia de puro amparo: opone lo Mío y lo Tuyo, Aquí y Allá. Todavía no es un filtro ambiental, como una tapia o una cubierta, pero es ya un elemento que une y separa a la vez Uno y Otro Lado.

Ámbitos y amparos



Todo territorio habitado se articula fundamentalmente en torno a la constitución diferencial de ámbitos y amparos.
Los ámbitos son lugares abiertos a la acción y el tránsito humano, mientras que los amparos se manifiestan como figuras gestálticas cerradas que alojan las estancias del hombre. Los estatutos de ámbito y amparo están dialécticamente engarzados: una calle constituye un ámbito por su carácter abierto al desplazamiento, pero, a la vez, constituye un amparo con el acondicionamiento de sus pavimentos y con las figuras de las fachadas que cierran su configuración vivida. Por otra parte, una sala se constituye obviamente como amparo en la configuración de sus cerramientos que articulan un dentro con un afuera con respecto al cielo, a la tierra y al horizonte; a la vez, avían espacio para la acción y para la disposición de las cosas del vivir habitando también un ámbito.
La síntesis de la forma de ámbitos y amparos es la materia primordial de una arquitectura que tenga al habitar como finalidad.

Articulaciones

Nuestro mundo habitado es, en lo que toca a su forma, diversamente articulado.
Así, mediante ciertos elementos articuladores, oponemos aquí y allá, dentro y fuera, allende y aquende. La forma de los lugares que habitamos tiene en sus articulaciones sus principales elementos condicionantes. Podría casi decirse que la propia forma de nuestro hábitat se denota principalmente a través de las articulaciones del lugar.

Por eso hay que prestar peculiar atención a los umbrales, zonas tenidas por erógenas por Charles Jencks.