Mostrando las entradas con la etiqueta calle. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta calle. Mostrar todas las entradas

Reescrituras (XIX): Aquellas calles


Antal Berkes (1874- 1938) La Plaza Vieja (1938)

Puede que se sienta, por efecto de la nostalgia, equívocamente idílico, pero al menos parece el lugar habitado por una comunidad articulada con modos razonables de civilización. Nuestras ciudades no tienen ni este semblante.

* * *

Hay ciertas visiones de las ciudades de antaño que recuperan una ciudad (y una sociedad) que se nos ha escapado. No se trata ya de míticas Arcadias, sino de lugares civilizados. Quizá se trate de modos de vida del que sólo nuestros abuelos podrían haber experimentado. Ya sólo nos quedan los ecos, las sombras y las supervivencias patrimoniales que aún pueblan nuestras atribuladas ciudades.
Algunos sueñan con su rescate; otros anhelamos que la vida en nuestro inmediato futuro no sea tan mezquina, amenazante y triste.


Los vehículos todavía no se adueñan en exclusiva de las calles

Edmond Grandjean (1844–1908) Paris, Place Clichy (1888)

Los parisinos de aquel entonces deberían haber advertido entonces el peligro del avasallamiento de los vehículos sobre los peatones.

Ahora ya es tarde.

El camino a la escuela

Imre Kinszki (1901- 1945) Niños en camino (s/f)

Así, un camino a la escuela en sentido amplio debería tener en cuenta, si verdaderamente queremos alcanzar los señalados objetivos de fomento de la autonomía y la sociabilidad infantil, aquellos principios estructurales que impiden a las niñas acceder, no solo a calles y plazas en igualdad de condiciones que los niños, sino también al más elemental derecho a una educación que les permita ampliar sus oportunidades.
Este camino escolar, por tanto, adquiere gran relevancia en el espacio urbano, por supuesto, pero debe comenzar por garantizar una educación de todos y todas en igualdad ya que, solo así, será posible conseguir una auténtica ciudad de y para los niños y las niñas
José Mansilla, 20161

Si reparamos en el modo en que el camino a la escuela se ha vuelto peligroso e invivible para nuestros niños, nos damos la oportunidad de observar críticamente la ciudad que habitamos.
En efecto: ¿cuántos factores de la realidad de nuestras ciudades y vecindarios atentan violentamente contra un adecuado, digno y decoroso camino a la escuela? El tránsito vehicular, la inseguridad ciudadana, la inadecuada inserción de la residencia en relación con el ámbito educativo son algunos factores que acechan los tránsitos infantiles y su habitación.
Y esto se agrava si uno también repara que, para los niños, todos los caminos son una escuela.


El modo decoroso de cerrar una perspectiva

Alexander Mikhaillovich Semionov (1922- 1984) Calle Malaya Sadovaya (1979)

Una ciudad ofrece a veces ciertos desafíos especialmente seductores a los arquitectos.
La oportunidad de cerrar una perspectiva es un buen ejemplo de estos retos. Hay que interpretar las tensiones que los elementos urbanos proponen al emplazamiento singular. El edificio deberá responder con decoro a esas tensiones y conseguir un equilibrio dinámico de fuerzas, de luces, de texturas.
En una calle tradicional, los edificios imponen uno a uno un ritmo, una cadencia particular, a la vez que se recortan con acordadas líneas rasantes con el cielo. La contextura particular de cada fachada contribuye a ofrecer una textura que progresa hacia la línea crítica en donde contornea el foco de la escena.

No es frecuente ocupar el foco de una perspectiva, de manera que hay que esmerarse: hay que ocupar esta plaza con elegancia, sí, pero también con complicidad.

Otras travesías, otros cielos

Giacomo Brogi (1822- 1881) La galería Vittorio Emanuele II en Milán (1881)

La calle burguesa se cierra sobre sí misma, se pone a cubierto con otro cielo1 y confina con elegancia a los antiguos paseantes devenidos en consumidores.


1 La locución es de Julio Cortázar, que solía entrar en el Pasaje Güemes, en Buenos Aires y salir por la Galería Vivienne, en París.

Grandes bulevares

Luigi Loir (1845- 1916) Los grandes bulevares (s/f)


La apertura de grandes bulevares tiene algo de gesto ampuloso y autoritario. El resultado muestra el logro del respetable decoro burgués.

¡Las calles para los peatones!

Maximilien Luce (1858- 1890) La calle Mouffetard (1890)


En las ciudades contemporáneas se libra una sorda lucha por apoderarse de las calles. Cada victoria de los peatones sobre los automóviles es una fiesta de la vida urbana.

Calles recuperadas para la gente que las camina

María de los Ángeles Martínez (1953) Peatonal Sarandí(s/f)


Hay que celebrar una pequeña victoria de los peatones sobre los automóviles. Que es el triunfo de la vida paseante sobre la mera circulación.

Para entendernos mejor, hoy: Senda

Definición
1. Vía construida para transitar. ║ 2. Patrón del habitar organizado sobre una línea que constituye un itinerario.

Aquellas calles

Telémaco Signorini (1835- 1901) La Calle del fuego (1881)


Hubo un tiempo (¿perdido?) en que una calle era un lugar intensamente habitado por las personas. Hoy las calles se han abandonado a los vehículos, a huidizos delincuentes y a extraños seres que solo van de un lado para otro.

Habladurías

Telemaco Signorini (1835- 1901) Conversaciones en Riomaggiore (1893)


Nominalmente, la calle es un lugar. Sin embargo, cada corrillo configura, a su modo un lugar distinto y propio, todos articulados con el continente mayor. Así la calle no se empobrece, contentándose con ser un mero artefacto para ir de un punto a otro. Concebir una calle como una vía de circulación es una racionalización sobresimplificadora, producto de tratar con mapas en vez de territorios habitados.

Calles

Eugène Galien-Laloue (1854- 1941)
Una escena callejera en París (1941)

¿Es posible que este emporio de jubilosa felicidad urbana sólo sea, en la actualidad del Siglo XXI, un relicto nostálgico del pasado? ¿Estamos irremisiblemente condenados a recordar aquellas avenidas llenas de vida y razonablemente seguras?