Newsha
Tavakolian (1981)
La
arquitectura centrada en el objeto construido como fin en sí mismo constituye
un corsé para la vida que en ella habita.
Tal
arquitectura resulta de la imposición del poder sobre el cuerpo sometido del
habitante, cuerpo de un sujeto paciente, cuerpo de un puro consumidor. El
cuerpo del habitante está constreñido por un diseño que lo soslaya, por un
proyecto social que lo olvida, por una estructura productiva que se aplica
apenas a maximizar beneficios y tiempos de recuperación del capital invertido.
El cuerpo del habitante está angostado en máquinas deficientes de alojar,
precarias en su constitución formal y material y carentes de contenido
simbólico, como no sea su inconmovible desesperanza. La vida languidece allí,
respira con dificultad y se proyecta como una sombra abandonada sobre los
tabiques demasiado próximos que amparan su soledad esencial.

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