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Espacio y tiempo abiertos a la disposición de lugares


Margarethe Michaelis (1902-1985)

Nuestra condición de seres situados nos abre posibilidades y nos responsabiliza.
El campo habitado, esto es, el espacio y tiempo abierto a nuestra disposición de lugares nos hace posibles de un modo hospitalario absoluto. Todo allí está por conquistar y es un tema de acciones corporales más que de poder, al menos en principio. Pero precisamente lo que nos abre posibilidades nos responsabiliza desde el punto ético. Allí donde tengamos posibilidad, tendremos obligada —no necesariamente— que adoptar una actitud pobladora activa, consciente y aplicada.
Por ello el habitar es una empresa tanto cognoscitiva como ética y estética.

Marca de existencia en el lugar


Emily Schiffer (1980)

La presencia humana hinca en el lugar una marca de existencia.
De un modo tan frágil como poderoso, tan sutil como contundente, tan leve como radical, el cuerpo vivo constituye un aquí. Hacemos sombra y reflejo. Perturbamos la atmósfera tranquila del sitio. Estremecemos el lugar. Inquietamos las circunstancias. Por interposición del cuerpo, tenemos lugar del que un aquí es el origen en el espacio y el tiempo. Tal la marca indeleble de existencia en el lugar.

Presencia y población en la estructura fundamental del lugar


Emily Schiffer (1980)

La presencia y la población efectivas del habitante constituyen las acciones necesarias y complementarias mediante las cuales el cuerpo consigue imprimir en el lugar esto que denominamos aquí estructura fundamental del lugar.Será interesante constatarlo y reflexionarlo, con el fin de entrever esta estructura, elemento clave en el acceso cognoscitivo a la contextura íntima del lugar habitado. A estos efectos, será oportuno pasar a observar e interpretar las inscripciones provocadas sobre el semblante del lugar.

Presencia y población en el paisaje


Emily Schiffer (1980)

En lo que toca al paisaje, es preciso determinar que ésta condición sobreimpuesta al ambiente habitado es efecto de presencia y población.
En efecto, el escenario ofrecido a la consideración del habitante es mérito y hechura de la constitución de este agente en el lugar mediante las dos operaciones complementarias que ya hemos visto. Es la presencia lo que transforma un reducto ambiental en un paisaje. Es la presencia enhiesta y anhelante del sujeto la que confiere sentido de estructura a la concurrencia de la tierra, el cielo y el horizonte. Y es la población del habitante la responsable de la hechura de la figura efectivamente percibida del enclave ambiental. Es la proyección del cuerpo en la habitación del lugar la que distribuye significantes y significados. Es la irradiación de la estructura del cuerpo la que obra configurando el paisaje en tanto tal.

Presencia como habla y población como escritura


Emily Schiffer (1980)

Podemos, sin incurrir necesariamente en metáforas expresivas, equiparar la presencia con el habla y a la población con la escritura
Después de todo, la presencia es un decirse el sujeto de su propia condición de tal. Y también es forzoso reconocer el carácter durativo de los gestos asentados por el cuerpo habitante en el lugar, toda vez que su situación y acontecimiento mueve las cosas a los emplazamientos debidos y tiende a mantenerlos, no sin esfuerzo, en el emplazamiento con el auxilio del cual, el mismo cuerpo puede realizar su acción concreta y acomodada de tener lugar allí. Así es que se despliega la operación compleja y recurrente de habitar: mediante de una instauración poética que dice a la vez que escribe en el palimpsesto del lugar todo y nada más que lo que tiene que decir y registrar al respecto.


Presencia


Emily Schiffer (1980)

Si le creemos al Diccionario, presencia es la circunstancia de existir alguien o algo en determinado lugar. También puede decirse que, mientras que, en ausencia, el ser de alguien es siempre una conjetura que debe probarse, en presencia es que se verifica cabalmente ese su ser. Con la presencia, el ser se muestra y se demuestra, esto es, uno puede, a la vez, presentarse y representarse probadamente. Es por imperio de la presencia habitante de un sujeto que un sitio adquiere, en parte y de modo necesario, su estatuto de lugar. La presencia de un habitante, entonces es, a la vez y recíprocamente, perfeccionamiento y manifestación perceptible de su existencia y prueba contundente y necesaria que tiene lugar allí y entonces.