Naturaleza del espacio, tema de discusión

Jon Buck (¿?) Escultura en Bristol


¿Topos o jora? ¿Cómo se deja concebir el espacio de mejor manera?

Topos y jora

Piénsese en el estadio de Olimpia: allí se celebraban carreras.
Si se considera la carrera  como una entidad, esta tenía una extensión de un stadion. Como propiedad de la carrera, su lugar (topos) era una cosa llena y plena. Con el correr del tiempo, del griego stadion se pasaría a latino spatium, que designaba, en principio, al lugar de la carrera.
Ahora bien, si se piensa en la distancia que media entre la losa de la partida y la losa de la meta, entonces consideramos un continente vacío que sólo se llena en ocasión de la carrera, pero que subsiste como disponibilidad, entre una y otra. Esa entidad continente era denominada, por los antiguos griegos, como jora. Y este continente persistía vacío, sólo para ser recorrido por la ocurrencia de la carrera.

De ahí que los filósofos discutieran acaloradamente sobre la plenitud llena o el vacío del espacio.

Utopías

Wenzel Hablik (1881- 1934) Grandes edificios utópicos coloridos (1922)


Hay que aplicarse a explorar las arquitecturas y las ciudades que pueblan nuestros sueños.

Sueños y recuerdos de la casa

En el fondo de los vericuetos de la psique anidan tanto los sueños como los recuerdos de la casa.
Debe suceder algo análogo con la Arcadia, el locus amoenus que quizá hayamos visitado allá en la infancia. Así, en algún lugar de la mente se alojarían no muy distantes entre sí los recuerdos de la casa en que hemos sido felices y los deseos de un lugar para hallarnos en el mundo. Llegar a esta región de la mente debe ser peliagudo —he consultado a un psicoanalista y me contestó con evasivas—, pero más complicado debe ser separar sueños de recuerdos.

Qué no daría para ingresar, como onironauta, a esas arquitecturas fantasmagóricas.

Escribiente

Albert Anker (1831- 1910) El secretario municipal (1874)

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

Salvador Elizondo, El grafógrafo, 1972

Hallarse

Hallarse es una dimensión comprensiva del habitar.
Es encontrarse, tener lugar efectivo en una situación y acontecimiento. Uno se ve localizado, esto es, ubicado; puede señalar consigo mismo un dónde. Recíprocamente, hallarse allí es lo que permite a los demás contar con uno. Hallarse manifiesta la presencia, la disponibilidad del ser del hombre.

Con todo, hallarse no es del todo una expresión sinónima de habitar.

Improntas y fantasmas

Augusto de Luca (1955- ) Roma (1996)


Un lugar con historia es un lugar donde son perceptibles las improntas de la vida de antaño y sus fantasmas.

Oposiciones

Roberto Doberti afirma, con razón, que una teoría se desarrolla tanto proponiendo nuevas visiones como presentándose en oposición a otras alternativas. De esta forma, una teoría es, a la vez, una propuesta y una revisión crítica de algunas cuestiones ya difundidas en el corpus cognoscitivo.
Aquí se entiende que la teoría del habitar revisa críticamente
  • el funcionalismo mecanicista en arquitectura
  • la arquitectura como cuestión subsumida en el obrar del arquitecto profesional
  • la consideración del proyecto y construcción arquitectónicos como fines en sí mismos
  • el entender al producto arquitectónico como puro artefacto edificado
  • la consideración del habitar humano como la consecuencia del proyectar y construir arquitectónico

Cuestiones de apertura (25)

Ocuparse del habitar supone un compromiso específico del arquitecto.
Pero el habitar puede no ser una única finalidad necesaria para la arquitectura.

¿Con qué se compromete una arquitectura más allá —o fuera— del habitar?

Tránsitos subrepticios

Carl Leopold Voss (1856- 1921) Interiores en Rothenburg (1916)


Los tránsitos por los corredores de una posada suelen ser furtivos. Como se configuran por oposición a las estancias, todo lo que se puede habitarlos con decoro es pasar por ellos expeditiva y discretamente.

Corredores

Cuando resultó inaceptable para el decoro que las distintas habitaciones de una casa se conectaran entre sí y en sucesión, fue necesario disponer los tránsitos en ámbitos ad hoc.
Como resultado, los corredores son habitados furtivamente. Detenerse en un corredor siempre es anómalo. Quienes permanecen en ellos están, en principio, excluidos de las estancias y por ello, en posición vulnerada.

Mientras que en los palacios los ámbitos de circulación están especialmente tratados, con lo que promueven el tránsito ceremonioso, en los apartamentos modernos son apenas estrechos pasillos concebidos meramente para desplazarse de un punto a otro.

Una augusta ausencia de vida

Leonardo Coccorante (1680- 1750) Interior de un edifício (1720)


Hay quienes gustan de la arquitectura de esta manera: grandiosa, noble, equilibrada. Por aquí echamos de menos algo de vida.

Valores arquitectónicos

Los valores arquitectónicos son varios y cambiantes según los talantes de los fruidores.
Hay una especial sensibilidad tectónica que aprecia las nobles piezas bien ensambladas de la carpintería tradicional japonesa. Por otra parte, se desarrolla en ciertos ánimos una acuidad especial en torno a colores y texturas bien compuestos en el espacio. No falta quien aprecie con agrado las equilibradas proporciones de los órdenes clásicos. En general, son sensibilidades, acuidades y juicios que se refieren a los artefactos en sí.

Pero debería prestarse alguna atención a cómo las arquitecturas son iluminadas por la vida: allí también hay valores propiamente arquitectónicos.

Puertas adentro

Laurits Tuxen (1853- 1927) Sirviendo el café de la mañana (1906)


Milenios de memoria civilizatoria en el trasfondo de cada gesto. Una especie de paz que no tiene precio.

Plumas ajenas: Immanuel Kant

La casa, el domicilio, es el único bastión frente al horror de la nada, la noche y los oscuros orígenes; encierra entre sus muros todo lo que la humanidad ha ido acumulando pacientemente por los siglos de los siglos.

Decoro burgués

Johan Krouthén (1858- 1932) El bibliotecario Segersteen en su casa (1885)


Algunos interiores burgueses hacen de la maniática acumulación una estética con sus propias reglas y encanto.

Acumulación

Quizá el gesto más primitivo —reptiliano, quizá— en las conductas al habitar estribe en la acumulación de objetos.
No se trata sólo de la acumulación de bienes —objetos con valor— o de insumos —alimentos, medicamentos, productos de limpieza, vestimenta y otros— o de utensilios. Se trata, en general, de diversos trastos cuya principal implementación es la memoria y referencia. Cualquiera puede, con cierta paciencia y método, remedar a Georges Perec y aplicarse a una fatigosa enumeración de todo aquello que pulula en el fondo de un cajón o aún prolifera en una mesa de trabajo.

Y llegará a la melancólica conclusión que la mayoría de las cosas son meros cachivaches puros evocadores de la vida que ha pasado.

Cuestiones de apertura (24)

Diseñar es darle forma al futuro del mundo en que vivimos. Sin embargo, por muchos motivos, esto parece una empresa desesperanzadora fundada en los fracasos de nuestros predecesores, afirma Tim Ingold.

¿Es verdad que diseñar es darle forma al futuro del mundo en que vivimos?

El juego es cosa seria

Albert Chevalier Tayler (1862- 1925) Kent vs. Lancashire (1906)


Una de las cosas que hay que agradecer a los ingleses es la seriedad y empeño que reservan para los juegos.

Plumas ajenas: Johann Huizinga

El juego es una acción u ocupación libre, que se desarrolla dentro de unos límites temporales y espaciales determinados, según reglas absolutamente obligatorias, aunque libremente aceptadas, acción que tiene fin en sí misma y va acompañada de un sentimiento de tensión y alegría y de la conciencia de ser de otro modo que en la vida corriente.

(Huizinga 1938)