Lotte Jacobi
Aquello que sufrimos es una pasión.
Pero, por otro lado, lo que nos impulsa apetitivamente a algo, lo que mueve
nuestro ánimo para hacer las más diversas cosas, también es una pasión. Porque
el doble significado refiere al hilvanado interno de la propia vida, la que
puede ser tanto entendida como el resultado esforzado de un impulso vital, así
como puede verse, retrospectivamente, como la hechura fatal del destino. Así es
que se ve la pasión, así es que se ve la vida
Hablar de la pasión, en este contexto,
es mentar la combustión interna de la vida y, al hacerlo, tener la oportunidad
de observar cómo la vida humana del habitante se involucra en forma total con
la arquitectura. Mucho más allá de lo que lo hacen los propios arquitectos, que
apenas animan un conjunto limitado de aspectos.

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