Danzas de la vida



Sam Abell (1945)

Es preciso abrir el lugar señalado para las danzas de la vida.
Que no es de modo alguno hacer un sitio; es mucho más complejo que eso. Porque hacer un sitio es negar a algo su lugar para aviar un espacio. Pero abrir el lugar para las danzas de la vida es descubrir, aquí y allá, los puntos sensibles del campo habitado por donde discurrirá la vida cuando tenga lugar allí. Es ser capaz de percibir los derroteros, las derivas, la trama de senderos que se abren a las marchas de los viandantes. Es ser sensible para dar cuenta de las moradas del cuerpo, allí donde se detendrán, cada tanto y a su aire, los ligeros habitantes. Es ser cuidadoso en la tutela decorosa de los umbrales que los cuerpos gustarán trasponer, estremecidos de existencia vivida. Para que la vida celebre su ocurrencia plena, gozosa y libre, para eso es preciso abrir el lugar señalado para las danzas de la vida.

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