Émile Savitry
(1903-1967)
Existe en el cuidadoso ajuste del guante
una virtud superior que consigue que la mano habite en su seno sin desmedro
alguno de la operación, sin mengua alguna de la consideración social del sujeto
portador, pero, sobre todo, existe un aspecto de elegancia suprema que culmina
por todo lo alto el compromiso de hacer lugar. Un guante bello, en verdad, es
aquel que protege la mano sin ceñirle el movimiento a la vez libérrimo y
logrado. Una arquitectura que ajuste a la existencia de sus moradores con tales
condiciones es una arquitectura a la que tenemos todos derecho, por nuestra irrenunciable
condición de humanos, merecedores esforzados de la más amplia y plena libertad.

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