La experiencia del habitar (IV)


Ad Van Denderen (1943)

 

Hay también una cuarta y de momento última característica importante en la experiencia del habitar: se trata de la dimensión soñada del tiempo habitado.

Es preciso reconocerlo: así como somos memoria de lo vivido, también nos vivifica el hálito ligero de los sueños. Para reponer fuerzas de la dura refriega cotidiana con la realidad, nos damos la oportunidad de descansar en el regazo del deseo que nos conforta elevándonos. A la sombra del sueño habitamos quizá mejor, afrontando nuestra condición desnuda, inermes, puros gozadores de existir. Habitando el sueño encontramos las claves perdidas por la vida en la vigilia, cruzamos enteros los umbrales que de día se nos presentan penosamente cerrados y poblamos los más recónditos pasillos de nuestros propios laberintos,

Una vez que nos agota el arduo esfuerzo onírico, nos despertamos con ánimo renovado para afrontar un nuevo desvelo.

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