Ad Van Denderen
(1943)
Es preciso reconocerlo: así como somos
memoria de lo vivido, también nos vivifica el hálito ligero de los sueños. Para
reponer fuerzas de la dura refriega cotidiana con la realidad, nos damos la
oportunidad de descansar en el regazo del deseo que nos conforta elevándonos. A
la sombra del sueño habitamos quizá mejor, afrontando nuestra condición
desnuda, inermes, puros gozadores de existir. Habitando el sueño encontramos
las claves perdidas por la vida en la vigilia, cruzamos enteros los umbrales
que de día se nos presentan penosamente cerrados y poblamos los más recónditos
pasillos de nuestros propios laberintos,
Una vez que nos agota el arduo esfuerzo
onírico, nos despertamos con ánimo renovado para afrontar un nuevo desvelo.

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