Plumas ajenas: Emmanuel Lizcano


Hay maneras muy diferentes de pensar tanto la evolución histórica como los actuales modos de estar. Una de las posibles, que aquí desarrollaremos, atiende a la manera de entender el espacio y a los modos de vincularse esos diferentes espacios con las también variadas formas de saber y de poder. En el extremo, y sin duda simplificando en exceso, podrían reducirse a dos tipos ideales, en el sentido weberiano: los lugares y el espacio. Como veremos, no es casual que los primeros se digan en plural y el segundo en singular. Ejemplos de lugares pueden ser la aldea campesina y su entorno (o la tópica polis griega), el lugar habitual de reunión de la pandilla de amigos o un sitio donde se chatea en internet. Como modos de espacio, aquí nos centraremos en los tres mencionados en el título: el aula escolar, el laboratorio científico y el despacho del burócrata. Veamos algunos de los rasgos diferenciales entre los unos y el otro.
En los lugares todo se entrelaza íntimamente; son ellos los que constituyen y dan significado a lo que en ellos se aloja, de modo que algo o alguien, trasladado a otro lugar, ya no es eso mismo sino otra cosa: la cosa o persona no está en el lugar, es del lugar. El lugar y los lugareños se hacen entre sí. Los lugares son heterogéneos y se mantienen notablemente inconexos los unos de los otros. Cada uno se caracteriza por cualidades y significados que le son propios, y que le hacen fundamentalmente diferente de otros lugares. Entre lugares, trasladarse es un poco deshacerse; traducirse, perder significado.
En el otro extremo tenemos el espacio propiamente dicho, cuyo paradigma puede ser el espacio coordenado cartesiano. Espacio homogéneo, constituido por puntos indiscernibles entre sí salvo por la posición que ocupan respecto a los ejes de coordenadas. Espacio dotado de las mismas propiedades en cualesquiera de sus regiones. Espacio isótropo, en el que las cosas y personas pueden situarse o desplazarse sin ver en nada alterados su constitución ni su significado. En el espacio, el lugar es insignificante: ni importa ni está dotado de significado. La facilidad de traslación o deslizamiento es también facilidad de traducción o deslizamiento de significados. En resumen, el lugar es in-tenso, alberga la tensión y complejidad propias de la vida; el espacio es ex-tenso, expulsa la tensión y la complejidad, arrasa las singularidades: plano, el espacio, todo lo aplana, nada cabe en él que no esté plan-ificado.
Emmanuel Lizcano, 2006

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