Garry Winogradpie
A las
magníficas vacuidades de la arquitectura metafísica será posible, un cierto
día, oponerle unas arquitecturas turgentes de vida humana, unas arquitecturas
pletóricas de actos de habitar.
Mientras
tanto, podemos observar, aquí y allá, ciertos fugaces emergentes en aquellos
lugares en donde el habitar humano tiene éxito sobre los constreñimientos
acostumbrados. Podríamos entrever cierta esperanza, acaso, en los lugares en
donde la vida humana consigue prevalecer sobre el implacable disciplinamiento
del poder que se ensaña sobre los cuerpos. Hacia donde, de un modo preciso, los
cuerpos humanos encuentren su territorio de expansión libérrima, de cómodas
holguras, de celebrada felicidad, hacia allí deberemos dirigir nuestra
atención. Para aprender de los ejemplos.

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