El sentido del gusto por la habitación


Ad Van Denderen (1943)

 

Es pertrechado por una consciente sensación unitaria específica que los sujetos habitantes pueden desarrollar a sus anchas y en profundidad entrañable el sentido del gusto por la habitación.

Se trata de una alegría esencial por el constituir una situación, por el acto mismo de emplazarse, por el gesto primordial de sentar sus reales en el paisaje elegido. Una alegría esencial, porque aquello que nos hace humanos es, precisamente, lo que nos permite gozar con delectación única y propia de nuestra condición. Es una alegría esencial, toda vez que el acto de habitar se replica sensiblemente en su vivencia estética inmediata.

Es a este gesto sensible a la vez humilde y magnífico que la poética arquitectónica humanista debe su mejor honra y compromiso. ¿Estaremos alguna vez los arquitectos profesionales a la altura de tal homenaje?

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