Ad Van Denderen (1943)
Porque en verdad lo maravilloso de
nuestra existencia en el mundo es que todo el torbellino de sensaciones que uno
tiene al habitar se encauce calmado en el simple y conclusivo acto de apreciar
cómo nos hacemos lugar. Sólo cuando uno es capaz de poner en cuestión su
plácido hábito del mundo es que nota el prodigio que se oculta en la
transparencia tenue de estar allí. Luego de tal operación, es que uno comprueba
por sí mismo que está en condiciones proclives a inaugurar una nueva estética
al respecto

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