Pero es, por el momento, más accesible
imaginar ciertas condiciones teóricas que satisfará. A no dudarlo, será una
arquitectura que se merecerá mañana, cuando las personas y sus vidas acaben por
prevalecer. Cuando se agoten los modelos alienados provistos por el mercado.
Cuando se constituyan las condiciones sociales y económicas proclives a la
provisión generalizada de lugares para habitar, a disposición de las más
amplias mayorías sociales.
Será una arquitectura que merecerá
mañana una humanidad capaz de reconocer a fondo su esencial condición y actuar
en consecuencia. Allí se encontrarán arquitectos bien dispuestos, formados
rigurosamente para ello

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