Antanas Sutkus
(1939)
Tal gesto obedece a la percepción de la
esencial fragilidad de la habitación humana. Es fácil menoscabarla y es difícil
albergarla con sabiduría, cariño y maestría. Es tal su tenuidad que es fácil
ignorarla y es difícil revelarla en su propio esplendor. Tan leve es su
constitución, que no resiste la más mínima mezquindad y es difícil, muy difícil,
honrarla en su magnitud conforme.
Es necesario tratar con la mayor de las
delicadezas esta sustancia endeble, suelta y escurridiza. Por ello es preciso
moderar al extremo el gesto, templar la prudencia y darse la oportunidad del
apego.
El primordial gesto afectuoso de amparo
preludia un tratamiento sensible y respetuoso de la vida humana, allí donde es
más que necesario. Es la vida humana la que lo merece.

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