Elio Ciol (1929)
Añoramos la ciudad compacta, ahora que
la estamos perdiendo, quizá de modo irreversible. Añoramos la buena vida
simple, ahora que la tenemos desagradable y complicada. Añoramos aquellos
lugares que nos amparaban en nuestra condición constitucional de habitantes. De
un modo oscuro, intuimos que no podremos desandar el sentido del tiempo. Pero
nada nos priva de la esperanza de acometer un sendero de sensatez que nos
suturen las heridas que hemos infligido a la ciudad en que nos hemos criado.

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