Ética de la conducta habitable


Karin Rosenthal (1945)

Henos aquí. Una ética de la conducta habitable puede adoptar la forma operativa de una ética de la vida cotidiana. Una ética ésta que se aplica a los desvelos corrientes del día a día. Una ética al alcance de la mano, una ética en pantuflas, estratégicamente distanciada de las grandes y graves decisiones existenciales y próxima a las operaciones, usos e implementaciones recurrentes del lugar y situación habitados.
Puede pensarse en una ética de circunstancias, una ética de los exámenes de las situaciones concretas. Pero estas situaciones, en su variopinta constitución, no por ello dejarán de interrogar a una conciencia reflexiva, la misma que pertrecha a la vida de ideales y valores superiores. De este modo, el discurrir moral podría acaso construirse o reconstituirse desde abajo.
En todo caso, puede intuirse que se desarrollaría así una ética de la sostenibilidad (social, cultural, económica). Porque el lugar ocupado por cada uno de nosotros puede ser ocupado por cualquiera de nosotros y serán las mismas circunstancias las que nos interpelarán, aunque diversas sean los modos concretos en que se construya, en cada uno de nosotros, la peculiar contextura moral que nos hace únicos.

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