Denis Roche
(1937-2015)
Para
revelar ciertos detalles sintomáticos de la arquitectura del lugar, por otra
parte, es preciso cultivar y poblar una buena vida.
Aquí la
perspectiva propiciadora es ética y complementaria a la cognoscitiva de la que
antes se ha hecho mención. Una buena vida es –a estos efectos, al menos–
aquella que abre paso a una apacible felicidad, a una sencilla plenitud, a un
sereno goce de todo aquello que a la vida le es grato. No supone esto ningún
privilegio exclusivo, ninguna prerrogativa conseguida con la deprivación ajena,
ni menos una abusiva objetivación de cualquier otro sujeto. La buena vida no
explota recursos; los cultiva. La buena vida no extrae bienes; antes los
produce. La buena vida no aniquila contrariedades; forja herramientas de
trabajo.
Una
buena vida así concebida es una vida que podrá comprobar, de suyo, cómo su
propia proyección ética sobre las cosas logra iluminarlas con una emanación
perceptible que modela a estas precisamente como cosas buenas para vivir con
ellas. Porque la virtud de la arquitectura del lugar es la honra de la vida que
allí respira.

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