Ricardo Canino
Así, cada sujeto aparece a la vera de un
abismo, tan real como simbólico, en donde el miedo fundamental es caer desde
una cierta posición socioeconómica hacia las simas de la deprivación. Así, cada
sujeto se emplaza en el reducto urbano que sus ingresos pueden permitirle,
tomando distancia del infierno tan temido. Así, cada urbanita busca la
empobrecida coexistencia con aquellos que tiene por iguales, abominando los
roces con los diversos, sobre todo con los pobladores de las profundidades de
la riqueza relativa y el consumo.
El mecanismo es eficaz, implacable y
sustancialmente perverso. Cada día las diferencias se ahondan y la segmentación
socioespacial se perfecciona, sin que aparezca un culpable particular al que
culpar. Así son las cosas.

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