John Gutmann
(1905-1988)
Cuántos de nuestros más remotos
recuerdos consisten en sensaciones entrañables de una cierta felicidad en
momentos totalmente corrientes, en donde sólo la sensibilidad a flor de piel
del niño que fuimos nos ha revelado aquellas experiencias remotas de lo bello.
Cierto que recordamos instancias señaladas, pero también lo es el hecho en que
a la memoria le acechan lejanas escenas cotidianas que adquirieron, con el
tiempo, una leve pátina de primera maravilla.
Es de creer que tales añorados momentos
no son otra cosa que la experiencia tan profunda como primigenia del habitar lo
estético en una circunstancia por demás ordinaria. Quién pudiera recuperar del
niño que ha sido esta virtuosa capacidad para asistir inauguralmente a la
revelación de lo bello en el patio de sus juegos.

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