John Gutmann
(1905-1988)
Tanto nos hemos acostumbrado a buscar lo
bello e interesante del mundo allí donde emergen eventos destacados, escasos y
llamativos, que nos hemos cegado a la posibilidad de resonar con las poéticas
del lenguaje ordinario, usual o, precisamente, habitual. Esto parece
justificarse con la costumbre de la reserva del arte en los museos, de la
literatura en las oscuras bibliotecas y en el disfrute de las élites. Mientras
tanto, en la calle queda el estrépito, la fealdad irredimible de lo frecuente y
el paisaje carente que es escenario de las vidas de las gentes del común.
Desde ya no se trata de volver
pintoresco lo banal, ni de lustrar las mezquinas superficies gastadas por la
vida y el uso. No, se trata de prestar oídos a las voces del fondo del
lenguaje, de respirar las armonías de la vida urbana allí donde se produzcan.
Se trata de poner en su valor el día a día tal cual aparece.

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