Bruno Barbey
(1941)
En
cada ocasión en que tenemos lugar emerge una experiencia estética específica de
tal situación.
Podríamos ignorar con contundencia
universal cualquier forma de arte, pero no podemos privarnos de la experiencia
estética de visitar, un día sí y otro también, el siempre abierto y
hospitalario museo del arte del habitar. No hacemos, a lo largo de toda nuestra
existencia, más que sumergirnos dóciles en el lugar y así inundarnos de las más
variadas sensaciones. Mientras marchamos absortos por los corredores de la
vida, se nos hace carne esta inmersión crónica y tópica.
Es acaso tan omnipresente esta
experiencia estética que nos damos el lujo de pasar distraídos por ella,
olvidados de nuestra constitucional condición de seres situados.

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