Vagabundos

Frederick Walker (1840- 1875) Los vagabundos (1868)


Los sedentarios los observamos con conmiseración y también con desconfianza. Habitan los caminos de un mundo que es tan ancho como ajeno.

Gente en su sitio

John Henry Twachtman (1853- 1902) Madre e hijo (s/f)


Es un gesto simple y a la vez grandioso. Sucederá algo verdaderamente importante el día en que el niño sepa que está delante de un espejo.

Otra historiografía de la arquitectura

La atención epistemológica hacia el habitar necesita otras formas de historiografía de la arquitectura.

La historia de la arquitectura podría constituir no ya la historia particular de un arte que descuella en las singularidades afortunadas, sino una forma  específica de historia de lo humano. Una historiografía que, como ciencia del tiempo, descubra y comprenda la historicidad intrínseca del avatar de la habitación de los lugares. No constituiría otra cosa, en definitiva, que una renovada investigación sobre la naturaleza propia del habitar espacios y tiempos.

Puertas y portadas

Vincenzo Cabianca (1827- 1902) Castiglion fiorentino (1892)


Precisamente porque puede abrirse y cerrarse, una puerta une y separa “proclamando” su condición. Articula los lugares en forma dinámica y ricamente significativa, a diferencia de la parquedad de la cerca, que clausura un recinto.

Otra arquitectura

Las arquitecturas sirven a toda clase de objetivos.
De todos ellos, hay uno que aparece luego de apuntar a la construcción de una vida alternativa y este objetivo sólo puede ser entrevisto luego de una profunda y crítica labor analítica. Se configura así una imperiosa necesidad hermenéutica, dirigida a la exploración de los sueños de una vida otra y a la revelación cara a cara de aquello que el habitar tiene de auténtico y genuino.
Debe haber una arquitectura con cabal vocación de servir a habitar el mundo de otra manera.

La ciudad y los mercados

Emile Claus (1849- 1924) El mercado del teatro en Amberes (s/f)


Es interesante el contrapunto entre el empaque del entorno construido y la proliferación de la vida plebeya en el mercado. Hay también un contrapunto en los modos en que estos dos órdenes ciudadanos se las arreglan con las vicisitudes del cielo.

Habitar y vivir

En el lenguaje corriente, suelen intercambiarse los significados de estos dos términos.
En principio, no hay demasiado problema en ello, siempre y cuando se asuma explícitamente las consecuencias que derivan de equiparar la habitación a la vida. No obstante, me parece necesario consignar que el término vivir tiene una extensión semántica que no tiene la palabra habitar. En mi opinión, el término habitar hace mención a una conducta propia de aquellos que viven, sí, pero que además existen. Somos nosotros, que sabemos que vamos a morir, los que habitamos y constituimos lugares. Se puede vivir simplemente haciendo irrupción en un ambiente dado y se puede habitar obligado a transformar el medio en lugares con diversos significados.

Encontrar un marco riguroso del significado del término habitar podrá perfeccionar nuestra referencia cognoscitiva a este obrar del hombre.

El lado de atrás del paisaje ciudadano

Jerome Myers (1867- 1940) Patio trasero (1887)


Un subproducto de la arquitectura de la ciudad: el reverso de la a veces esmerada concepción y realización del frente callejero.

La esperanza epistemológica

Una teoría del habitar es una esperanza epistemológica para la arquitectura, ya se ha dicho antes.
Supone esto un compromiso agudo: hay quienes esperan encontrar una ciencia en la propia construcción o en el diseño. Pero, a nuestro juicio, la teoría del habitar toma adecuada distancia de aquello que hacen los arquitectos, para observar e interpretar aquello que la gente hace en los lugares donde y cuando habita. En las primeras alternativas para la consecución de una ciencia en la arquitectura se puede advertir una cierta viciosa circularidad. Es posible, en cambio, urdir y desarrollar una teoría del habitar fuera  —pero no por cierto divorciada— del compromiso constructivo y de su anticipación ideal.

La teoría del habitar tiene vocación clara por constituir una ciencia social; una antropología, en otras palabras. Así, todo está por hacerse.

Ducharse o ducharse, ésta es la cuestión

Ernst Ludwig Kirchner (1880- 1938) El baño de los soldados (1915)


Hay circunstancias que hacen apremiantes las condiciones de higiene. Y una institución disciplinante por antonomasia encuentra el modo de conseguirlo con eficacia, eficiencia y economía. La idea del lavado del cuerpo por una ducha encontrará, con el tiempo, el camino hacia el interior de la casa.

La asunción estética del lugar

En principio, cabe suponer que la asunción estética corriente de la arquitectura es la configuración de una cierta contemplación de un artefacto. Sin embargo, hay que hacer notar que esta perspectiva es falaz —o ingenua— si se atiende a ciertas características. El modo cabal de interactuar con la arquitectura es habitarla, con lo que se ponen en juego no sólo una compleja estructura de percepciones, sino que también el habitante deviene en algo más comprometido con su objeto que un mero espectador. Por otra parte, el objeto arquitectónico no se reduce al artefacto material, sino que incluye, para constituir una cabal experiencia de habitación, la colaboración activa del sujeto habitante.

El objeto arquitectónico es, a la vista de su habitación, una estructura relacional sujeto-objeto.

Alcoba y sus pasiones

Henri Gervex (1852- 1929) Rolla (1878)


El término dormitorio encubre, con pudibundez, las imperiosas implementaciones apasionadas del lecho. El término alcoba es, como he insistido más de una vez, más expresivo: todas las cosas y todos los lugares tienen la dignidad del nombre propio.

Especificaciones significativas del habitar

Generalmente se toman como sinónimos del habitar el morar y el ocupar.
Sin embargo, el morar, que evoca la idea de mora, ‘tardanza’ sólo es una especificación parcial de habitar: se habitan las moradas, por cierto, pero también se habitan los ámbitos abiertos que no son ni moradas, ni aún refugios y también se habitan los caminos, si el transeúnte logra hacer efectivo de la senda su lugar. Por otra parte, es cierto que habitamos siempre, efectivamente y en acto, el lugar que ocupamos, pero no es menos cierto que habitamos nuestros ámbitos  —precisamente caracterizados como habituales— aunque no los ocupemos físicamente en ciertas circunstancias.

El morar y el ocupar son especificaciones particulares del habitar.

Ese trono infamante

Thomas Crapper (s/d)
El retrete del Museo Victor Horta (2007)


No deja de ser interesante esta austeridad funcional en una construcción desaforadamente Art Nouveau. En este caso, la forma sigue a la función, convenientemente confinada para no hacer trascender el ominoso halalí de la ignominia, tal como lo caracterizara don Julio Cortázar.

Reivindicación de la arquitectura corriente

Los arquitectos y, sobre todo, los estudiantes de arquitectura, suelen prestar principal atención a las ocurrencias excepcionales del arte de proyectar y construir, sobre todo cuando aparecen en las satinadas páginas de las revistas especializadas.
Ya es tiempo de reclamar alguna atención a las arquitecturas corrientes, estas que no aparecen publicadas, pero a las que ilumina la luz cotidiana. En estas arquitecturas podemos tener una cabal experiencia del habitar los lugares, en vez de la fantasmática y visual experiencia de la arquitectura publicada.

El desafío es aprender de la arquitectura cotidiana y real, de la vulgar y corriente, de aquella que podemos tener una efectiva experiencia una y otra vez.

Amparo amodal

Vincenzo Cabianca (1827- 1902)
El pórtico de San Zeno en Verona (1867)


El intercolumnio rematado por el arco constituye un amparo amodal: articula entre sí al pórtico con el patio. Este amparo es amodal porque su figura es resultado de las relaciones de los elementos entre sí y no una figura plena o modal, en términos gestálticos, como es el caso de un muro o una cubierta.

Plumas ajenas: Christian Norberg-Schulz

¿Qué es entonces, lo que tenemos que pedir al espacio arquitectónico para que el hombre pueda seguir llamándose “humano”? En primer lugar debemos pedir una estructura representable que ofrezca abundantes posibilidades para la identificación. El valor de las grandes obras de arte consiste en que permiten diferentes interpretaciones sin perder su identidad. En cambio, las diferentes interpretaciones ofrecidas por una “forma caótica” son únicamente proyecciones arbitrarias de una misma cosa y que se deshacen como pompas de jabón. En el ambiguo, complejo pero estructurado espacio arquitectónico vemos, por consiguiente, la alternativa de las inevitables de movilidad y desintegración. Esta “unidad en la pluralidad” no es ciertamente una idea nueva, pero recientemente ha encontrado nuevas interpretaciones. La tarea del arquitecto, por lo tanto, es ayudar al hombre a encontrar un sitio existencial donde sentar el pie concretizando sus imaginaciones y fantasías soñadas.

(Norberg-Schulz, 1975)

La producción social del hábitat y sus activistas

La producción del hábitat es una actividad social en cualquier caso.
Sin embargo, se suele denominar como producción social del hábitat a producciones alternativas a las usuales en el modo capitalista de producción.

En la actualidad y fruto de la movilización organizada de entidades sociales diversas, han emergido con fuerza las asociaciones de activistas sociales, quienes organizan y gestionan tanto los reclamos reivindicativos de vivienda y hábitat populares, así como conforman grupos cooperativos que demandan específicamente políticas y acciones públicas en torno a la concesión de recursos técnicos y económicos para la construcción de viviendas. La acción de estos agentes sociales no supone simplemente la alianza simple de comitentes-usuarios, sino que implica una paciente autoorganización dirigida a la constitución efectiva de demandas, la plena implicación en la gestión administrativa, la negociación con equipos técnicos profesionales, el trámite de créditos para la construcción y, aún, el aporte organizado de trabajo productivo.

Emigrantes

Bertha Worms (1868- 1937) Nostalgia de Nápoles (1865)


Aquí en el Río de la Plata, cuántos de nosotros somos nietos o biznietos de esas miradas llenas de asombro. Gente que no tuvo más remedio de buscar un lugar en el mundo lejos, muy lejos de su tierra originaria. Están condenados a siempre recordar aquella lejana tierra mía, aun cuando sólo cuentan con un duro banco en donde todo vuelve a comenzar.

Habitar como ethos

El habitar es una conducta que se configura como ethos, según una perspectiva.
Esta perspectiva implica reconocer en el habitar una conducta o estructura de comportamientos que se observan vinculados a valores de índole moral: la felicidad y la adecuación, formulados en términos muy generales. Por otra parte, es apreciable que todos los humanos habitamos, pero lo hacemos de diferentes modos, según pautas culturales y también idiosincrásicas. Es constatable que, dado un conjunto específico de circunstancias, optamos por vivir de uno u otro modo, según hayamos construido nuestras creencias, actitudes y valores.

En la medida en que nuestra conducta al habitar es resultado de una opción, en un marco de modos facultativos de hacerlo, la forma y modo de habitar no es el resultado necesario de un orden natural de cosas, sino propio de un ethos.