Matthieu Zellweger
Si se supiese siquiera someramente, ya
se hubieran incendiado las praderas de la movilización social al respecto. Si
bien las soluciones urgen, la conciencia social es aún incipiente y borrosa.
Por lo pronto parece más razonable arropar con cuidado una esperanza confiada
de cambio, la que dará forma, con el correr del tiempo, a formas definidas de
deseo. Tal esperanza de cambio acaso pudiese aplicarse a la ciudad tal como la conocemos
y podría adoptar, al menos hipotéticamente, un conjunto breve de desafíos.
El primer desafío a la ciudad actual
consiste en la proposición de un renacimiento de la hospitalidad histórica de
los fenómenos urbanos. Es de creer que, por razones que se averiguarán en
detalle, la ciudad contemporánea ha perdido, en forma no irreparable, una
condición de ser un ámbito abierto a los diferentes, a los diversos y a los
complementarios.
Sentado esto, un segundo desafío es el
imperativo para que la ciudad nueva resulte en una concertación social activa y
programática de sus urbanitas. El actual escenario de las duras luchas
competitivas debe, al menos, ser complementado por su antagonista dialéctico, con
el fin de que la ciudad resulte efectivamente vivible bajo condiciones
sustentables.
El último desafío es el concebir y
desarrollar de modo consecuente una ciudad, en principio humana y luego
inteligente. Esto implica, de suyo, reemplazar por completo la noción de ciudad
como artefacto para adoptar, en toda su magnitud y compromiso, el concepto que
entiende a una ciudad como una comunidad de asentamiento, antes de cualquier
otra cosa.

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