Emily Schiffer
(1980)
Hay una
sabia, correcta y magnífica manera de distribuir, concertadas, las luces, las
penumbras y las sombras.
Que la luz justa destaque lo necesario.
Se dice fácil, pero no se consigue sino con un gran esfuerzo de balances,
composiciones y conformaciones de la dimensión más mágica de la arquitectura
del lugar. El relieve, los pliegues y los escondrijos se confabulan no tanto
para lucir en lustrosas imágenes fotográficas, sino para ser respiradas y surcadas por las personas.
Porque
en la poética de los lugares, la luz bien administrada nos guía por la
profundidad entrañable de los lugares habitados. Y para ello se necesita el
concurso tanto de la luz, así como de las penumbras acogedoras y las propias
sombras de las regiones de reserva y silencio.
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