Inscripciones laboriosas


Annemarieke van Drimmelen (1978)

A pesar de la omnipresencia hegemónica del consumo en la actualidad, el mundo habitado siempre ha contado con marcas claras y distintas del trabajo animoso por habitar los lugares.
Todavía pueden verse, aquí y allá, los pormenores de una faena porfiada de la vida que se prodiga en sobreproducciones, toda vez que a todo trabajo se le agrega un plus simbólico que denota esmero, aplicación y satisfacción con las cosas bien hechas. Y es que estas cosas bien hechas lo son no sólo cuando se consuman en su implementación en el puro uso, sino que lo hacen en el plano superior de la realización, como símbolo de consumación poética del propio homo faber.

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